Curiosidades sobre los huevos de gallina desde la puesta hasta la eclosión de los pollitos
La hembra joven en su primer año de vida se conoce como pollita, o hasta el momento en que empieza a poner. En la mayoría de las razas, el primer huevo aparece aproximadamente hacia la semana veinte de edad, aunque puede variar según la genética y las condiciones de cría. Algunas gallinas son capaces de poner casi a diario, otras día por medio y otras quizá solo una o dos veces por semana.
A veces ocurre que un ejemplar concreto nunca pone con regularidad, por ejemplo por desviaciones físicas. Incluso en buenas ponedoras, el ritmo habitual puede romperse de forma temporal. Las causas más frecuentes son la muda, los días cortos de invierno, el exceso de calor o las heladas, una enfermedad, la falta de una alimentación de calidad, el estrés o poca agua fresca. En cuanto el problema desaparece o se corrige, la puesta suele volver a la normalidad.
La producción más alta suele darse aproximadamente durante los dos primeros años; después la puesta va bajando poco a poco, aunque algunas ponedoras pueden seguir poniendo durante más tiempo. También es importante saber que la gallina pondrá aunque no haya gallo. El gallo hace falta solo cuando quieres huevos fecundados destinados a incubación.
Cómo se forma el huevo dentro de la gallina
La hembra nace con una gran cantidad de diminutos primordios de futuras yemas. Cuando alcanza la madurez, uno de ellos se libera hacia el oviducto, donde va pasando por todo el proceso de formación del huevo. Por eso, en el cuerpo de una buena ponedora hay a la vez varios huevos en distintas fases. Arriba están yemas todavía pequeñas, más abajo otras mayores y huevos ya casi terminados.
Desde el momento en que el primordio se libera del ovario, transcurren aproximadamente unas 25 horas hasta que el huevo está listo para ser puesto. En ese tiempo la yema crece, alrededor se forma poco a poco la clara, se añaden las membranas y, por último, la cáscara. El color de la cáscara se deposita solo en la fase final, así que el pigmento es, en realidad, el último toque estético del huevo ya hecho.
Si hay esperma presente, la fecundación ocurre muy pronto, incluso antes de que se forme la clara alrededor de la yema. En el embrión en desarrollo se cumple una división de funciones sencilla: la yema sirve como reserva de nutrientes y la clara actúa también como un cojín protector.

Por qué el huevo no suele salir sucio al poner
La gallina tiene un único orificio externo por el que pasan tanto el huevo como las heces. Pero eso no significa que el huevo se ensucie automáticamente durante la puesta. A esa cavidad común desembocan dos conductos separados, el oviducto y el intestino. En el momento en que el huevo avanza hacia fuera, la parte intestinal se cierra temporalmente, de modo que el huevo sale sin contacto con los desechos.
El ritmo de puesta y la influencia de la luz
El intervalo típico entre dos huevos es de esas 25 horas. Por eso, incluso una gallina que pone casi todos los días suele poner cada día un poco más tarde. Como la gallina normalmente no pone en la oscuridad, cuando su ciclo caería en el anochecer, a menudo retrasa la puesta hasta la mañana siguiente.
El calcio como materia prima clave para la cáscara
La formación de la cáscara agota notablemente las reservas de calcio del cuerpo. En algunas ponedoras, durante una puesta intensa se puede observar palidez en la cresta, las barbillas e incluso en el color de las patas, porque los minerales se destinan con prioridad a las cáscaras. El calcio hay que reponerlo con el pienso, con suplementos adecuados, por ejemplo conchas trituradas, o incluso con acceso a un terreno más mineralizado en el caso de gallinas que salen al exterior.
Huevos poco habituales y diferencias entre puestas
Las pollitas, al inicio de la puesta, a menudo producen huevos irregulares hasta que su organismo entra en un ritmo estable. En cambio, en gallinas de más edad a veces aparecen desviaciones por la edad, una enfermedad o el estrés. Los primeros huevos suelen ser más pequeños y solo más tarde alcanzan el tamaño habitual al que el criador está acostumbrado.
Entre las rarezas conocidas están los huevos diminutos, que pasan por el oviducto demasiado rápido y no llegan a crecer. A veces aparecen huevos sin cáscara porque se liberaron antes de que la cáscara tuviera tiempo de formarse. Ese huevo puede mantenerse unido solo gracias a la membrana, o puede tratarse de una yema y clara derramadas sin envoltura.
También son curiosas las situaciones en las que se forma el llamado huevo dentro de un huevo. Un huevo ya con su cáscara vuelve a recubrirse con material de otro huevo y todo el conjunto recibe una cáscara extra. Son relativamente conocidos también los huevos con dos yemas, que suelen ser inusualmente grandes. Menos común, en cambio, es encontrar un huevo sin yema, formado prácticamente solo por clara.
De vez en cuando aparece una cáscara arrugada, con bultos, áspera o de forma extraña, o un tono que sorprende. El tamaño del huevo depende de la raza, la edad y el peso de la gallina. Las razas grandes suelen poner huevos más grandes; las enanas, más pequeños. Las ponedoras mayores suelen tener huevos más grandes que las jóvenes.
El color de la cáscara y lo que significa de verdad
El color de la cáscara es, sobre todo, una característica de la raza. Lo más habitual es encontrar huevos de marrón claro a medio, pero también existen razas con huevos blancos, marrón oscuro, verdes, azules o crema. Lo importante es que el color está solo en la superficie. Por dentro, los huevos con cáscaras de distintos colores son, en esencia, iguales.
Incluso en una misma gallina la intensidad del color puede variar: a veces pone una cáscara más clara y otras más oscura. La mayoría de los huevos tiene un brillo natural suave, pero algunas gallinas ponen huevos con una superficie más tiza, mate.

Comportamiento de las gallinas alrededor del nido y los huevos
En la práctica, por lo general no hace falta tener un nido para cada ponedora. Las gallinas a menudo ponen juntas y eligen el mismo nido que las demás. Algunas prefieren intimidad; otras, en cambio, se apretujan en una sola caja entre dos o tres, mientras el nido de al lado se queda vacío.
A veces una gallina se sienta sobre huevos ya puestos y añade el suyo; otras veces pone el huevo fuera del lugar común y lo deja solo. Un fenómeno frecuente es también la llamada canción de la puesta, cuando la gallina, antes o después de poner, anuncia en voz alta y con entusiasmo que la faena salió bien.
Las gallinas aprenden observando. Si dejas un huevo en el nido destinado para ello, incluso uno artificial, puede animar a las otras a poner justo ahí y no en el suelo o fuera. Sin embargo, las gallinas sueltas a veces eligen a propósito un escondite en el exterior, y en ocasiones ocurre que alguna desaparece durante más tiempo y vuelve solo cuando ya trae pollitos.
Cuando una gallina rompe o se come los huevos
Un huevo puede romperse por accidente en el nido y, por lo general, se convierte rápidamente en alimento. Si de vez en cuando encuentras en la caja restos de cáscara o yema, no tiene por qué significar un problema. La situación cambia cuando una gallina se convierte en una comedora habitual de huevos y los rompe a propósito. En ese caso, es difícil quitarle la manía y además puede extenderse, porque las demás lo aprenden por imitación.
Pero las grietas y agujeritos no tienen por qué señalar automáticamente a una ladrona. El huevo puede agrietarse cuando la gallina se sienta, se gira o acomoda la cama. A veces la gallina solo picotea el huevo por aburrimiento o curiosidad, sin intención de comérselo.
Los huevos también se pueden ofrecer a las gallinas como alimento, crudos o cocidos. Son una fuente de proteínas y la cáscara molida aporta calcio. Las cáscaras de cocina se pueden devolver como suplemento, y es sensato triturarlas antes para que no se parezcan demasiado a huevos enteros.
El gallo, la fecundación y qué ocurre tras el apareamiento
El gallo es innecesario para la puesta en sí, pero es fundamental para obtener huevos fecundados. Además, a menudo actúa como vigilante del grupo, avisa del peligro y también busca alimento de forma activa. Sin embargo, ni con un gallo excelente tiene por qué estar fecundado cada huevo. Algunas gallinas no le interesan, otras lo esquivan con habilidad, y a veces el gallo simplemente tiene sus favoritas.
Las gallinas no tienen celo en el sentido de que sean fértiles solo en un periodo concreto. Pueden aparearse y poner huevos fecundados de manera continua. Lo interesante es que los espermatozoides pueden sobrevivir en su oviducto varias semanas, normalmente unas tres o cuatro, de modo que un solo apareamiento puede influir en varios huevos posteriores.

La cloquez, empollar y la eclosión
Una gallina clueca puede usarse como incubadora natural, incluso para huevos de otras gallinas, aunque sean de otra raza. Este tipo de gallina suele empollar lo que tenga debajo, sin importar si los huevos están fecundados o quién los puso. Incluso puede hacer rodar al nido huevos de las otras para reunir la puesta.
Si quieres mantener el control de los huevos, los que se hayan añadido después se pueden retirar sobre la marcha. También ayuda un marcado sencillo con lápiz en los huevos elegidos, para que a simple vista quede claro cuáles deben quedarse. La clueca normalmente deja el nido una vez al día durante un rato para comer, beber y hacer sus necesidades; y en una pausa corta normal los huevos no suelen enfriarse tanto como para que sea crítico.
Los pollitos suelen nacer hacia el día 21 desde el inicio del empolle o la incubación, pero un par de días arriba o abajo puede seguir siendo normal, y algunas razas tienden a un ligero desplazamiento. Sin embargo, no todos los huevos fecundados se desarrollan, porque puede influir la calidad del huevo y las oscilaciones de temperatura. Y ni siquiera un embrión en desarrollo tiene por qué completar la eclosión: puede detenerse en distintas fases, incluso después de romper la cáscara. Los huevos con dos yemas eclosionan solo raramente, porque hay poco espacio dentro.
Cuando la clueca empuja un huevo fuera del nido, a menudo está indicando que algo no va bien con ese huevo o con el embrión. Una gallina experimentada sabe apartar por sí sola esas piezas.
El huevo en la cocina y cómo comprobar la frescura
Un huevo fresco suele tener la yema firme y, alrededor, una capa de clara más densa, mientras que la parte exterior de la clara es más líquida. En lados opuestos de la yema suelen verse dos cordones blancos retorcidos que mantienen la yema en su sitio. Que se vean más o menos no significa que haya un embrión desarrollándose; es una parte normal de la estructura.
Sobre la yema también hay un disco claro. En un huevo no fecundado parece un puntito blanco uniforme; en uno fecundado puede insinuar un anillo. Los huevos fecundados son perfectamente comestibles y los huevos recién recogidos no contienen un embrión desarrollado, porque para desarrollarse se necesita calor prolongado, por ejemplo bajo una clueca o en una incubadora. A veces se dice que los huevos fecundados son más nutritivos, pero las pruebas científicas en general no lo confirman.
El color de la yema cambia según la alimentación. Puede ir de amarillo pálido a naranja intenso. Si las gallinas reciben siempre la misma mezcla, el tono suele ser estable; en cambio, con pastoreo y sobras de cocina, los matices pueden variar con más frecuencia. En el huevo pueden aparecer puntitos rojos o marrones, las llamadas manchas de sangre o de carne. No son peligrosas y, quien no las quiera, puede retirarlas fácilmente antes de cocinar.
La cáscara tiene una capa protectora natural que dificulta la entrada de bacterias. Por eso conviene no lavar el huevo justo después de ponerlo, sino solo justo antes de usarlo. Si el huevo está sucio de sangre, barro o cama, se puede limpiar con cuidado y, sobre todo, secar bien.
Si no tienes claro cuántos días tiene un huevo, ayuda una prueba sencilla en agua. El huevo más fresco se queda en el fondo, uno más viejo empieza a levantarse y uno muy viejo suele flotar. Es mejor tirar esos, o al menos cascarlo aparte y, por si acaso, lejos de la nariz.
Y para terminar, una nota divertida: si existiera un truco sencillo para convencer a las gallinas de que pongan huevos de oro, dicen que los criadores de gansos tendrían mucho que envidiarnos.
Fuente: Dine a Choock, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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