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En julio se decide la cosecha de tomates no lo puedes pasar por alto

July 25, 2026 · 5 min de lectura · Jarmila M.
En julio se decide la cosecha de tomates no lo puedes pasar por alto
Tomates / Foto: Pestrazahrada.cz
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En julio los tomates suelen fortalecerse con rapidez, emiten flores y en las plantas más tempranas empiezan a verse los primeros frutos. Justo ahora se decide lo abundante y de qué calidad será la cosecha posterior. La planta va desplazando poco a poco la energía de la formación de hojas al desarrollo y la maduración de los frutos, y por eso necesita condiciones estables. Lo más importante es un riego regular y bien hecho, pero también influyen mucho el abonado, el deschuponado continuo y un buen entutorado. En los días de mucho calor, además, conviene pensar en protegerlos de un bochorno extremo, que puede estresar a los tomates innecesariamente.

Vigila el riego y mantenlo uniforme

Los tomates son cultivos muy exigentes en agua. Por lo general necesitan aproximadamente varios centímetros de agua a la semana, pero en las olas de calor el consumo aumenta de forma notable, sobre todo cuando la planta está en flor y, al mismo tiempo, alimenta frutos pequeños. En esta fase, las oscilaciones de humedad son la causa más frecuente de problemas. Si el sustrato o la tierra se seca por completo, la planta puede tirar las flores. En cambio, alternar sequía y riegos puntuales muy abundantes suele provocar agrietado de los frutos y puede favorecer la aparición de la podredumbre apical, porque la planta no logra gestionar de forma estable el agua y el calcio.

Lo más práctico es comprobar la humedad directamente en la zona de las raíces, no solo en la superficie. Basta con meter el dedo y probar la tierra a aproximadamente uno o dos centímetros por debajo de la superficie, o usar un medidor de humedad. Si a esa profundidad está seco, toca regar. Con calor puede ser necesario regar a diario; en plantas en maceta incluso más a menudo, porque las macetas y las bolsas de cultivo se secan más rápido que un bancal.

Dirige el agua a las raíces. Regar sobre las hojas aumenta el riesgo de enfermedades fúngicas, que con calor y con la superficie foliar húmeda se propagan con más facilidad. Es mejor regar despacio y en profundidad para que las raíces se mantengan más abajo y la planta sea más resistente. No se puede fijar una cantidad exacta de agua en un solo número, porque depende del tiempo, del tipo de suelo, del tamaño de la planta y de si cultivas en tierra, en invernadero o en maceta. La referencia más fiable es el estado del suelo y la regularidad, porque en tomate es justo eso lo que marca la mayor diferencia.

Riego de tomates / Depositphotos
Riego de tomates / Depositphotos

Abona con regularidad para flores y frutos

Desde el momento en que los tomates empiezan a florecer, conviene pasar a un abonado orientado a la fructificación. El fertilizante debería tener una mayor proporción de fósforo y potasio, que favorecen la floración, el cuajado y el color de los frutos. El nitrógeno es importante, pero su exceso puede llevar a mucho follaje en detrimento de la cosecha, un error frecuente en julio.

Los abonos líquidos son prácticos porque llegan rápido a las raíces y permiten ajustar fácilmente el ritmo de aporte de nutrientes. La frecuencia se puede adaptar a las condiciones. Las plantas en macetas, bolsas de cultivo y, en general, con poco volumen de sustrato conviene abonarlas más a menudo, normalmente una vez por semana, porque el riego va lixiviando los nutrientes. En el bancal también se puede seguir un ritmo semanal, pero a menudo basta con un intervalo de una vez cada dos semanas, porque el suelo retiene los nutrientes de forma más estable que el sustrato en recipientes.

La constancia es clave. Cuando los tomates reciben nutrientes de forma irregular, se nota en el crecimiento y en la calidad de los frutos. Precisamente julio es el periodo en el que el cuidado regular se devuelve mejor en forma de racimos llenos y tomates sabrosos, sin defectos innecesarios.

Quita los chupones y airea la planta

Con calor y sol, los tomates pueden crecer sorprendentemente rápido. En las variedades de crecimiento indeterminado (de entutorar) se forman brotes laterales en las axilas de las hojas, conocidos como chupones. Si los dejas crecer, la planta invierte energía en más tallos y hojas en lugar de dirigirla a las flores y los frutos. Por eso en julio compensa revisar las plantas al menos una vez por semana y retirar a tiempo los chupones pequeños.

Se eliminan mejor cuando aún son pequeños, porque se pueden pinzar con los dedos y la planta sufre menos. Cuando el brote ya ha engrosado, es preferible usar tijeras limpias y afiladas para no desgarrar la herida innecesariamente. Además, los brotes demasiado crecidos densifican la vegetación y ventila peor. Y una mala circulación de aire favorece la propagación de enfermedades, porque las hojas tardan más en secarse tras el riego o el rocío de la mañana.

Parte de los cuidados de julio debería incluir también retirar las hojas más bajas y todas las hojas que amarilleen o estén dañadas. Las hojas inferiores están más cerca del suelo, desde donde durante el riego pueden llegar patógenos a la planta. Al mismo tiempo, aligeras la mata y mejoras la ventilación a ras de suelo, una medida sencilla con un gran efecto.

Eliminación de chupones / Foto: Pestrazahrada.cz
Eliminación de chupones / Foto: Pestrazahrada.cz

Da soporte a las plantas y, con extremos, también sombra

En cuanto los tomates empiezan a cuajar frutos, aumentan de peso con rapidez y los brotes se alargan. Sin soporte, los tallos se doblan, se tumban y, en el peor de los casos, pueden partirse, lo que supone perder parte de la cosecha. Lo ideal es tener el entutorado preparado ya en el trasplante, pero si lo has ido dejando, en julio es el momento de corregirlo. Puedes usar cañas, tutores de bambú o estructuras, y atar los brotes con una atadura blanda que no se clave en el tallo. Otra opción son las jaulas, que rodean la planta y la mantienen erguida.

Durante las olas de calor conviene vigilar las temperaturas, sobre todo en el invernadero. A los tomates les gusta el calor, pero con valores extremos se estresan y pueden tirar las flores. Si la temperatura sube a niveles peligrosos, ayuda un sombreo temporal. Una malla de sombreo ligero puede reducir el golpe de sol y el sobrecalentamiento de hojas y frutos, sin que las plantas pierdan la luz que necesitan. En el invernadero, además, es recomendable ventilar y evitar que el espacio se recaliente, porque un ambiente recalentado de forma prolongada reduce la vitalidad de las plantas.

Entutorado de tomates / Foto: Pestrazahrada.cz
Entutorado de tomates / Foto: Pestrazahrada.cz

La rutina de julio es el mejor camino hacia una cosecha abundante

Si en julio aseguras un riego estable, un abonado regular, el deschuponado continuo y un buen entutorado, conseguirás plantas más sanas y muchas más posibilidades de obtener frutos que maduren de forma uniforme y no se agrieten. En este periodo los tomates responden muy rápido al cuidado, y pequeñas intervenciones hechas a tiempo suelen evitar grandes problemas más adelante. Con calor, lo que decide es sobre todo la constancia, porque es la que mantiene las plantas en forma incluso durante los días en los que el sol aprieta más.

Fuente: Homes and Gardens, Envii , Pestrazahrada.cz

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