Siembra facelia y deja que trabaje el bancal quedará limpio y mullido para la primavera
La facelia (Phacelia tanacetifolia) es una planta anual cultivada de la familia de las hidrofíláceas, apreciada sobre todo como cultivo intermedio. Gracias a su potente sistema radicular, explora bien el suelo y mejora su estructura. La raíz pivotante se ramifica abundantemente, especialmente en la capa superior, y suele penetrar aproximadamente a 30–80 cm de profundidad.
La planta suele alcanzar unos 80 cm y, en buenas condiciones, incluso superar 1 m, lo que puede favorecer el encamado. Las hojas son alternas, pinnatisectas y claramente vellosas. La facelia empieza a florecer unas 6–9 semanas después de la siembra, y el periodo de floración a menudo dura 5–8 semanas según la fecha de siembra, la variedad y el tiempo. Las flores suelen ser de color azul a violeta y aportan néctar y polen de gran calidad.
La facelia atrae a abejas, abejorros y otros insectos beneficiosos, incluidos depredadores y parasitoides.
Uso en rotaciones y como abono verde
Una gran ventaja de la facelia es que, en rotación, funciona como un fiable cultivo “rompedor”, porque tiene pocos parientes cercanos entre los cultivos habituales. Cierra el dosel rápidamente, limita las malas hierbas y se cultiva tanto en siembra pura como en mezclas. Se usa con frecuencia como abono verde porque tiene una relación C:N favorable y su biomasa se descompone con relativa rapidez, liberando nutrientes para el cultivo siguiente.
También se emplea en frutales y viñedos en forma de calles o bandas intermedias, y en sistemas antierosión. Puede cultivarse para forraje, aunque la vellosidad reduce la palatabilidad y, al preorearse, el forraje puede amargar. Tras un preoreo corto, puede considerarse la elaboración de henolaje o, en su caso, ensilado.
Requisitos de suelo y clima

La facelia, en general, es poco exigente y, fuera de la fase de nascencia, tolera bien la sequía. A menudo le bastan precipitaciones anuales de aproximadamente 200–500 mm. Se desarrolla mejor en suelos más bien ligeros, aireados y con buena reserva de nutrientes, con una reacción en torno a pH 6,5–8,5. En cambio, no le convienen los suelos compactados, encharcados o marcadamente ácidos.
En nuestras condiciones, por lo general no pasa el invierno, pero las plantas jóvenes, antes del alargamiento del tallo, pueden soportar de forma puntual heladas en torno a -8 °C. En zonas más cálidas, a veces se cultiva también como cultivo de invierno.
Siembra, nutrición y polinización
Para producción de semilla, se recomienda una siembra primaveral lo más temprana posible cuando haya pasado el riesgo de heladas fuertes, ya que la planta emerge ya con temperaturas alrededor de 3 °C. Como cultivo intermedio, se siembra con mayor frecuencia de julio a septiembre. La dosis habitual en líneas estrechas se sitúa aproximadamente en 15–18 kg por hectárea y la profundidad de siembra suele ser de 1–2 cm.
En suelos pobres, en los cultivos destinados a semilla puede plantearse un abonado de fondo con nitrógeno de aproximadamente 30–60 kg de N por hectárea, y, si procede, complementar con fósforo y potasio. Para una buena polinización de los semilleros se recomienda asegurar la presencia de colmenas, alrededor de 2,5 colmenas por hectárea.
Cosecha y finalización del cultivo
Para forraje, la facelia se siega en la fase de formación de botones, como muy tarde antes de la floración, porque después las plantas se endurecen y se secan. Para abono verde, conviene incorporar el cultivo desde la formación de botones hasta el inicio de la floración. Al mismo tiempo, a menudo se deja crecer hasta finales de octubre o principios de noviembre, cuando aún puede aumentar la biomasa. Un cultivo sembrado en agosto normalmente no forma semilla en ese periodo, lo que reduce el riesgo de que aparezca como voluntaria.
Para semilla se cosecha sobre todo a partir de siembras de primavera, normalmente entre finales de julio y agosto. La cosecha en dos fases es arriesgada, porque la facelia tiende a la caída de semilla y las pérdidas pueden ser muy elevadas frente a la cosecha directa. En algunos casos se utiliza un tratamiento previo con desecante si es necesario para uniformar la maduración.
Enfermedades, plagas y malas hierbas

La facelia, por lo general, no sufre enfermedades ni plagas importantes. Los problemas pueden aparecer en parcelas encharcadas y compactadas, donde se observa el ahogamiento o “damping-off” de las plántulas; por eso conviene evitar ese tipo de suelos. En cuanto a nematodos, es interesante que no favorece la multiplicación del nematodo de la remolacha y puede incluso reducir su presencia, aunque pueden aparecer otras especies.
El mayor riesgo práctico suelen ser las malas hierbas, sobre todo en semilleros, donde complican la cosecha y reducen la calidad de la semilla. La clave es la técnica de cultivo: elegir bien la parcela, ajustar la fecha de siembra y preparar un lecho de siembra de calidad, eliminando las hierbas que nacen antes de sembrar. Las siembras tardías de primavera suelen tener más presión de malas hierbas y se suman especies de nacimiento tardío. Con una buena implantación, a menudo no es necesaria la regulación química, pero si hace falta existen opciones registradas especialmente contra gramíneas y, de forma más limitada, contra dicotiledóneas.
Resumen final
La facelia (Phacelia tanacetifolia) es un cultivo resistente y muy versátil, adecuado como cultivo intermedio, abono verde y para apoyar a los polinizadores. Se desarrolla mejor en suelos no encharcados y no demasiado ácidos, y destaca por su rápida cobertura. En los cultivos destinados a semilla, son fundamentales las siembras tempranas y una preparación cuidadosa del terreno, porque el principal factor limitante suele ser la presión de malas hierbas, no las enfermedades ni las plagas.
Fuente: Nature Hills, Agromanuál, Pestrá zahrada, , Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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