La estrella de Navidad que puede florecer durante años, pero que la mayoría tira tras la floración
El Hippeastrum está entre los bulbos de interior más populares, y mucha gente lo asocia sobre todo con la época navideña. A menudo se le llama de forma incorrecta amarilis, pero en el lenguaje cotidiano ese nombre se usa muchísimo. Es una planta de interior muy vistosa, con flores grandes, que con los cuidados adecuados no florece solo una vez, sino que puede dar alegrías repetidamente en los años siguientes.
Se cultiva en maceta dentro de casa, porque no tolera el frío. Suele florecer de invierno a primavera y, según la variedad, alcanza aproximadamente entre 25 y 90 cm de altura. Le va bien un lugar luminoso con luz tamizada, y su cultivo se considera de dificultad media, así que también es apta para quienes tienen menos experiencia.
Cómo plantar el bulbo correctamente
La mejor época para plantar suele ser de octubre a enero. Si el bulbo está sano y es de buena calidad, las flores normalmente aparecen unas seis a ocho semanas después de la plantación. El hippeastrum necesita una maceta solo un poco más grande que el propio bulbo. Es importante que aproximadamente dos tercios del bulbo queden por encima de la superficie del sustrato, porque plantar demasiado profundo no le conviene.
Conviene un sustrato aireado y bien drenante sin turba, por ejemplo uno para plantas de interior o una mezcla algo más franca para cultivo en contenedor. Tras plantar, es buena idea colocar la maceta en un sitio muy luminoso a una temperatura de unos 21 °C. Al principio el riego debe ser moderado. En cuanto aparezcan hojas nuevas, se puede regar con más regularidad. El sustrato no debe secarse del todo, pero tampoco es bueno que quede agua estancada en el plato durante mucho tiempo.
Como el tallo floral se orienta de forma natural hacia la luz, compensa girar el tiesto con regularidad. Las variedades con flores especialmente grandes pueden necesitar un tutor para que el tallo no se vuelque. En el momento en que la planta abra las flores, es mejor pasarla a un lugar algo más fresco, con unos 15 a 18 °C. Así las flores se mantendrán frescas durante más tiempo.
Los cuidados tras la floración determinan la siguiente floración
Después de florecer no basta con apartar la planta a un rincón. Precisamente los meses siguientes influyen de forma decisiva en que el bulbo vuelva a emitir vara floral. Hay que cortar los tallos florales marchitos al ras de la base, pero las hojas deben dejarse. Gracias a ellas el bulbo acumula reservas de energía para la siguiente temporada. Durante el crecimiento hay que regar con prudencia, pero de forma constante, y añadir una vez por semana un abono líquido equilibrado.
En verano puede mantenerse la planta en su maceta al exterior o en un invernadero. Eso sí, hay que protegerla del sol fuerte del mediodía y no dejar que se seque. A finales de septiembre se recomienda trasladarla a un lugar luminoso pero más fresco, con una temperatura alrededor de 13 °C. Durante ocho a diez semanas se reduce el riego y se deja de abonar para que la planta entre en una fase de reposo.
Tras ese periodo, se recortan las hojas viejas dejando unos 10 cm por encima del cuello del bulbo y se renueva la capa superior del sustrato. Después puede retomarse el manejo habitual, igual que al plantar un bulbo nuevo.

Segunda opción para inducir el reposo
También existe un método más sencillo. A finales de septiembre se detiene por completo el riego y se deja que la planta se vaya secando de forma gradual. La parte aérea puede retirarse por sí sola. Se eliminan las varas ya pasadas y las hojas amarillentas, y la maceta se guarda uno o dos meses en un lugar fresco, por ejemplo en un garaje o en un invernadero. En esta fase la luz no es determinante. Después se vuelve a poner la planta en calor y con luz, y se retoman el riego y el abonado.
Trasplante y cultivo a largo plazo
No es necesario trasplantar el hippeastrum todos los años. Por lo general basta una vez cada dos o tres años, idealmente entre enero y marzo, después de la floración. Al trasplantar conviene revisar el estado sanitario del bulbo, retirar las partes dañadas y añadir sustrato nuevo y drenante. Precisamente la renovación periódica de la tierra ayuda a mantener la planta en buen estado.
Opciones de multiplicación
Esta planta puede multiplicarse de dos maneras principales: por siembra de semillas o separando los bulbillos hijos. Ambas opciones tienen sus particularidades y se diferencian sobre todo en la rapidez con la que el cultivador verá flores.
Siembra de semillas
Las plantas obtenidas de semilla necesitan mucho tiempo. Pueden tardar hasta seis años en llegar a la madurez y dar su primera floración. Además, con frecuencia difieren en aspecto de la planta madre. Lo mejor es sembrar las semillas lo más frescas posible en primavera, en un sustrato ligero y bien drenado para semilleros. La temperatura debería mantenerse alrededor de 21 °C.
Unas cinco a seis semanas después de la germinación conviene empezar a abonar con un fertilizante normal para plantas de interior y continuar hasta septiembre. Las plantas jóvenes se cultivan de forma individual en macetas pequeñas y se trasplantan poco a poco a otras algo mayores en cuanto las raíces llenen el recipiente. A diferencia de los bulbos adultos, en ellas no debe forzarse un periodo de reposo, sino que han de crecer de manera continua en un ambiente templado.
Bulbillos hijos
La vía más práctica suele ser la multiplicación por hijuelos. Se separan durante el trasplante, es decir, entre enero y marzo. Los más adecuados son los que ya tienen raíces propias. Tras separarlos, se plantan por separado en un sustrato drenante y se cultivan a unos 21 °C. Las plantas obtenidas así suelen ser idénticas a la variedad madre y llegan a florecer aproximadamente en tres o cuatro años.

Variedades populares para cultivar en casa
La oferta de hippeastrum es amplia y, antes del invierno, suelen encontrarse a la venta muchas variantes de color. Entre las interesantes está, por ejemplo, Hippeastrum papilio, con flores blancas poco habituales, realzadas con vetas rojo oscuro y matices verdes. Muy llamativa es la variedad Belinda, con flores de un carmín profundo. La variedad Bestseller destaca por su color rosa intenso, mientras que Red Lion es una clásica de flores rojas firmes. También es conocida Star of Holland, con dibujo rojo y blanco, y Lady Jane, que produce flores semidobles de color salmón rosado.
Por qué a veces la planta no florece
La causa más habitual del fracaso suele ser un mal manejo en el periodo anterior. El bulbo puede no florecer si se le indujo el reposo demasiado pronto, si creció con demasiada sombra o si en verano sufrió falta de agua. Una floración débil también puede ser consecuencia de que, tras la floración, las hojas no tuvieron tiempo suficiente para formar sustancias de reserva.
También pueden causar problemas las enfermedades y las plagas. A veces la culpa es de infecciones fúngicas o de plagas que atacan los bulbos. Si la planta pasa el verano fuera, conviene vigilar también babosas y caracoles, que pueden dañar las hojas. Pero, con el manejo adecuado, el hippeastrum es una planta fiable y muy vistosa, que puede convertirse en un adorno habitual del interior durante el invierno.
Fuente: Rhs, Gardeners World, Pestrazahrada.cz
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