Los jardineros conocen el truco para cosechar guisantes hasta el otoño
El guisante es una de las hortalizas más agradecidas, porque se cultiva con facilidad tanto en el huerto como en una jardinera, y puede con él incluso quien empieza o los niños. Lo mejor es recién cogido, cuando las bolitas están crujientes, jugosas y marcadamente dulces. Frente al comprado, la cosecha casera suele tener más sabor y te asegura comerlo justo en su punto. Si este año ya has recogido una tanda, nada impide sembrar otra y alargar la temporada hasta finales de verano y principios de otoño.
Por qué el guisante se considera un superalimento
El guisante no es solo una guarnición, también es un alimento de gran valor nutricional. Contiene vitamina C, vitaminas del grupo B, provitamina A, betacaroteno y ácido fólico. En cuanto a minerales, aporta por ejemplo magnesio, potasio, hierro, calcio y fósforo. También es importante su mayor proporción de fibra, que favorece la digestión, contribuye al buen funcionamiento intestinal y puede ayudar a mantener niveles razonables de colesterol. Precisamente la combinación de fibra y su composición general es uno de los motivos por los que el guisante se menciona a menudo en relación con el apoyo a la salud cardiovascular.
Cómo alargar la cosecha desde la primavera hasta el otoño
El guisante no es ideal para almacenarlo durante mucho tiempo: donde más se disfruta es fresco. Por eso tiene sentido planificar las siembras para que las vainas vayan madurando de forma escalonada. Puedes lograrlo eligiendo varias variedades con distinta duración del ciclo, o bien haciendo siembras sucesivas con un intervalo aproximado de 10 a 14 días. Así la cosecha se reparte a lo largo de más tiempo y no ocurre que todo madure a la vez. La última siembra conviene hacerla aproximadamente 6 a 8 semanas antes de las primeras heladas otoñales, para que las plantas tengan tiempo de formar vainas.
Qué tipos de guisantes existen y cómo aprovecharlos
En la práctica encontrarás varios grupos. El guisante de huerta o dulce suele dar vainas que normalmente no se comen, y se cosechan sobre todo las semillas. Los tipos de grano rugoso van bien para recolectar cuando las vainas aún son jóvenes y las semillas están tiernas y dulces; a menudo se comen crudas o con una cocción muy breve. El guisante tirabeque está seleccionado para consumir la vaina entera; se cosecha cuando los granos todavía son pequeños, y es excelente para ensaladas o para un salteado rápido o cocinado al vapor.

La siembra correcta y los cuidados básicos del cultivo
El guisante suele sembrarse directamente en su ubicación definitiva, en un suelo suelto y drenante y en una zona soleada. Al terreno le viene bien el compost o el estiércol bien hecho incorporado con antelación. Puedes acelerar la germinación remojando las semillas en agua durante la noche para que se hidraten y broten antes. Algunos cultivadores las remojan brevemente también en una infusión de manzanilla o en un macerado de ajo como prevención sencilla frente a problemas del suelo; en cualquier caso, conviene no superar las 24 horas de remojo.
Se siembra en líneas separadas aproximadamente 15 a 30 cm; las semillas se colocan a unos 5 a 7 cm de profundidad y a unos 5 cm entre sí. Es buena idea proteger la siembra reciente de los pájaros, por ejemplo con una malla. Un truco práctico puede ser hacer plantel en tubitos de papel rellenos de sustrato, que luego se introducen en la tierra con todo y envoltorio, reduciendo así el daño a las raíces.
Entutorado, riego y abonado
Las variedades enanas se mantienen bajas; las de enrame pueden superar 1,5 m, por lo que merece la pena ofrecerles un tutor. En malla o red las plantas ocupan menos espacio y la recolección resulta más cómoda. Es clave el riego regular, sobre todo durante la germinación y en plantas jóvenes, que no deben pasar sed. En cuanto a nutrientes, el guisante responde bien al fósforo y al potasio. Por lo general no necesita mucho nitrógeno, porque en las raíces fija nitrógeno gracias a bacterias en los nódulos, y el exceso puede llevar más a un follaje exuberante que a la formación de vainas.
Guisantes en jardinera en el balcón
El cultivo en recipientes es sorprendentemente sencillo. En una jardinera suelen caber dos filas, y tanto la separación entre filas como entre semillas puede rondar los 5 cm. Son importantes el riego regular y también un soporte para que los brotes se agarren. Si vas sembrando de forma escalonada, también en el balcón puedes asegurar una cosecha durante una parte más larga de la temporada.
Cómo cosechar para que el guisante esté lo más dulce posible
Lo mejor es recoger las vainas por la mañana, cuando se haya secado el rocío; entonces las bolitas suelen estar más crujientes. Cosecha de forma continua, porque la recolección frecuente favorece que la planta produzca más vainas. Al arrancar, es más cuidadoso usar las dos manos: con una sujetas la planta y con la otra desprendes la vaina, para no arrancar los tallos innecesariamente. Reconocerás las vainas pasadas por un color más mate y mayor dureza. Si una parte de la cosecha se pasa, puedes dejar secar las semillas y guardarlas para cocinar en invierno, por ejemplo en sopas.
Qué plantar junto al guisante y qué conviene evitar
Al guisante normalmente le beneficia la vecindad de pepinos, zanahorias, rábanos, colirrábano o lechuga. También pueden ser adecuadas hierbas aromáticas como el cebollino o la menta. Si añades ajedrea o capuchina al bancal, pueden ayudar a limitar algunas plagas. En cambio, no compensa poner el guisante junto a otras leguminosas, por ejemplo las judías, porque tienen necesidades similares y a menudo también plagas comunes. Tampoco suele ser buena combinación con cebolla, ajo, tomates o patatas.
Rotación de cultivos y uso del guisante para mejorar el suelo
No conviene sembrar guisantes repetidamente en el mismo lugar; lo ideal es devolverlos allí aproximadamente una vez cada cuatro años. Gracias a las bacterias de los nódulos, enriquece el suelo en nitrógeno, por lo que también funciona como un excelente cultivo precedente. Tras la cosecha, puedes dejar las plantas en el bancal y, antes del invierno, incorporarlas al suelo como un abonado verde sencillo. Las vainas vacías, por su parte, pueden aprovecharse como acolchado para ayudar a conservar la humedad y limitar el crecimiento de malas hierbas.
Fuente: RHS, Almanac, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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