La ortiga como un tesoro discreto para la salud, el jardín y la cocina
La ortiga suele tener mala fama porque pica y en los bancales se extiende más rápido de lo que nos gustaría. Precisamente por eso muchos la toman solo como una mala hierba que hay que eliminar. Pero cuando miramos de cerca todo lo que puede aportar, se entiende por qué se la ha valorado durante siglos. Es una planta útil en el botiquín casero, en el cuidado del cuerpo, en la cocina y también en el jardín como aliada del suelo y de las plantas.
Dónde encontramos la ortiga y cómo es
La más conocida es la ortiga mayor, en latín Urtica dioica. Es una herbácea perenne y bastante vigorosa, que prospera en casi toda la franja templada del hemisferio norte. A menudo crece en lugares ricos en nutrientes: junto a vallas, caminos, escombreras, cerca de cursos de agua, en bosques, claros o junto a pastos. También soporta zonas de mayor altitud y puede aparecer hasta alrededor de los 2000 metros sobre el nivel del mar. Suele alcanzar aproximadamente entre medio metro y metro y medio, y de forma excepcional puede ser más alta.
En nuestras condiciones también aparece una pariente más pequeña, la ortiga menor, que pica igual, pero por lo general es más baja y suele comportarse como anual.
Qué contiene la ortiga
La ortiga es, literalmente, un almacén de sustancias que tanto el cuerpo como el jardín pueden aprovechar. Contiene vitaminas, sobre todo vitamina C y algunas del grupo B, además de numerosos minerales y oligoelementos. También aporta ácidos orgánicos, flavonoides y otros compuestos vegetales que se asocian habitualmente con efectos de apoyo para el organismo.
Curiosamente, incluye sustancias relacionadas también con el sistema nervioso. En la planta se citan, por ejemplo, el triptófano y también la serotonina. Además, desde el punto de vista nutricional, la ortiga es valiosa por su contenido en proteínas, uno de los motivos por los que aparece en la cocina tradicional en distintas preparaciones.
Por qué la ortiga pica y cómo funciona
El nombre latino del género Urtica alude al escozor que casi todo el mundo conoce. Ese picor es, en realidad, una defensa inteligente. La superficie de la planta está cubierta de pelos urticantes, los llamados tricomas, que actúan como diminutas agujas. Al tocarlos, su punta frágil se rompe y en la piel se produce una lesión mínima, por la que entra una mezcla de sustancias irritantes.
En esa mezcla interviene la histamina, responsable del picor y el enrojecimiento; la acetilcolina contribuye a la sensación de quemazón; y otras sustancias refuerzan el efecto. El resultado es el de siempre: un escozor desagradable con un único objetivo, disuadirnos a nosotros y a los animales de volver a tocarla.
La ortiga como apoyo para la salud y la prevención
La ortiga tiene una larga tradición en la medicina popular. Antaño incluso se utilizaba el método de azotar la piel con tallos frescos, porque la irritación provoca un marcado aumento del riego sanguíneo y un calentamiento local. Así se favorece el metabolismo y la gente probaba esta técnica sobre todo en molestias reumáticas y dolores articulares. Hoy se ve más bien de forma excepcional, ya que el picor resulta demasiado desagradable para la mayoría.
Más práctico es usarla en forma de infusiones y mezclas de hierbas. A menudo se menciona su apoyo al metabolismo y a la actividad de algunos procesos corporales, incluida la ayuda a la eliminación. Por eso se incorpora tradicionalmente a las curas depurativas de primavera, cuando se busca reponer vitaminas y minerales tras el invierno.
La ortiga también aparece en mezclas de infusiones destinadas a molestias de las vías respiratorias. En la práctica se combina con otras plantas para que el efecto final sea equilibrado y suave.
Ortiga y formación de la sangre
Uno de los beneficios que se citan con frecuencia es su relación con la hematopoyesis, especialmente con el apoyo a la formación de glóbulos rojos. Por este motivo se recomendaba tradicionalmente en situaciones asociadas a debilidad o tras una pérdida importante de sangre. En el día a día, muchas personas la usan también de forma preventiva, por ejemplo ante el cansancio, la carga prolongada, el trabajo exigente o el estrés psicológico.
La ortiga en cosmética y cuidado del cabello
La ortiga también tiene un lugar consolidado en la cosmética casera. Lo más habitual es emplearla para el cabello, ya que se asocia con su fortalecimiento y con la reducción de la caída. Una decocción más concentrada se usa como enjuague tras el lavado o como mascarilla. También puede ayudar con el picor del cuero cabelludo y se recurre a ella cuando hay tendencia a la caspa.
El uso regular del enjuague de ortiga puede aportar brillo al pelo y, en tonos más claros, tradicionalmente se menciona incluso un ligero oscurecimiento. La ventaja es lo fácil que resulta prepararlo y su bajo coste, si tenemos ortiga a mano en un entorno limpio.
La ortiga en la cocina sorprende por su sabor y sus usos
Las hojas jóvenes de ortiga de primavera pueden utilizarse en la cocina de forma similar a las verduras de hoja. A menudo se añaden a rellenos, a mezclas de pasta o incluso a ensaladas, si antes se les da una breve preparación. Son populares la sopa de ortiga y la ortiga también puede cocinarse como las espinacas, es decir, rehogada y condimentada de la manera clásica.
Para trabajar de forma segura y cómoda, normalmente se separan las hojas del tallo, se enjuagan en un colador, idealmente no metálico, y después se escaldan con agua hirviendo. Así se reduce mucho el poder urticante y las hojas se ablandan para su posterior elaboración.
La ortiga en el jardín como abono y ayuda contra plagas
En el jardín, la ortiga no solo sirve como indicador de un suelo rico en nitrógeno, sino también como materia prima para el cuidado natural de las plantas. Contiene elementos como nitrógeno, fósforo, potasio, hierro o zinc, y por eso se preparan extractos y purines que se usan como fertilizante. Además, la ortiga favorece la vida del suelo y puede atraer lombrices, que mejoran la estructura de la tierra.
Además del abonado, la ortiga se utiliza como parte de tratamientos naturales pulverizados. Los jardineros también la emplean para acolchar o como aporte al compost, donde ayuda a mejorar su calidad.
Cómo preparar purín de ortiga para abonar
Para el purín fertilizante conviene usar un recipiente no metálico. En él se ponen ortigas troceadas y se cubren con agua, aproximadamente en una proporción de 10 litros de agua por 1 kilogramo de ortigas. La mezcla se remueve a diario para que la fermentación sea uniforme y más rápida. El tiempo de maduración suele ser de unas dos semanas a un mes, según la temperatura.
Antes de usarlo, el purín se diluye, normalmente en una proporción de unas 10 partes de agua por 1 parte de purín. Con esta solución diluida se puede regar. Si la mezcla es demasiado fuerte o abonamos plantas más sensibles, conviene aumentar aún más la dilución. El excedente puede aprovecharse para regar el compost, aportándole nutrientes y, al mismo tiempo, estimulando la actividad de las lombrices.

La ortiga en el compost y en qué hay que fijarse
Se puede añadir ortiga al compost con bastante facilidad, porque crece en lugares ricos y, por sí misma, aporta muchas sustancias valiosas. La ortiga segada puede compostarse directamente. En el caso de plantas arrancadas, es prudente dejarlas primero orear o secar, para que no vuelvan a enraizar.
Es importante no añadir al compost ortigas que ya estén en flor o tengan semillas. Si necesitamos aprovecharlas, es más seguro escaldarlas bien antes, para evitar que se sigan propagando por el jardín.
Pulverización de ortiga contra pulgones
La ortiga también puede utilizarse como pulverización natural, especialmente para combatir pulgones y otros insectos no deseados. Se prepara un macerado corto poniendo ortigas con agua en un recipiente de plástico con tapa, en proporción 1 a 10, y se deja en remojo unas 24 horas. Después se cuela y, antes de aplicarlo, se diluye con agua, a menudo en una proporción de 1 parte de extracto por 5 partes de agua.
Hay que aplicar el pulverizado con cuidado sobre todas las partes aéreas de la planta, porque las plagas suelen esconderse también en el envés de las hojas. La eficacia depende sobre todo de la constancia, por eso se recomienda aplicar de forma preventiva o en cuanto aparezcan los primeros signos de ataque. Suele indicarse que los extractos de ortiga no son adecuados para todos los tipos de plantas; por ejemplo, a los bulbos y a las leguminosas podrían sentarles peor.
Una planta que merece más respeto
La ortiga es un ejemplo de hierba que se pasa por alto con facilidad solo porque sabe defenderse y a menudo crece donde no la queremos. Sin embargo, es una planta extraordinariamente versátil: puede apoyar la salud, simplificar el cuidado casero del cabello, enriquecer la dieta y, en el jardín, cumplir el papel de fertilizante y de ayuda en la protección de las plantas. Cuando aprendemos a manejarla, deja de ser una enemiga y se convierte en una aliada útil.
Fuente: GrowVeg, Deník, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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