Cuándo cosechar las patatas y por qué nunca desenterrarlas con el suelo mojado
Las patatas se cuentan entre las hortalizas que incluso un principiante puede cultivar sin demasiadas complicaciones. Aun así, hay un momento en el que muchos cultivadores dudan: cuándo es realmente la hora de ir con la azada o la pala al bancal. A diferencia de los cultivos que maduran sobre el suelo, los tubérculos de patata se desarrollan ocultos bajo tierra. Por eso, el estado de la cosecha no se puede comprobar a simple vista de forma continua y el horticultor debe guiarse sobre todo por el aspecto de la mata y por las condiciones del terreno.
Cómo saber que las patatas están listas para desenterrarlas
La señal principal es el final del periodo vegetativo. En la mayoría de variedades habituales, la cosecha suele caer entre finales de septiembre y octubre, según el tiempo y la fecha de plantación. Lo decisivo es el aspecto de la mata. En cuanto las hojas empiezan a amarillear, tumbarse y secarse poco a poco, la planta detiene el crecimiento y los tubérculos terminan de madurar.
Cuando la mata está mayoritariamente seca, apetece sacar las patatas de inmediato. Sin embargo, para almacenarlas a menudo compensa esperar un poco. Si tras el secado de la mata aguarda todavía unas dos semanas, los tubérculos suelen formar una piel más firme. Esa piel los protege durante la manipulación y, además, reduce el riesgo de pérdidas posteriores en el almacenamiento.
No es solo cuestión de fecha, también de la calidad de la piel
Cuanto mejor esté “curada” la piel, menos probabilidades habrá de que al desenterrar las patatas las raspe o las dañe. Los tubérculos dañados se conservan peor, se pudren antes y a menudo se convierten en una puerta de entrada para enfermedades. Por tanto, esperar un poco después de que la mata haya madurado es un paso práctico que puede decidir si irá consumiendo la cosecha poco a poco hasta el invierno o si tendrá que lidiar con piezas estropeadas a las pocas semanas.
Desenterrado cuidadoso sin pérdidas innecesarias
En la cosecha conviene pensar en la selección ya en el propio bancal. Funciona muy bien preparar dos recipientes y, mientras va desenterrando, ir separando las patatas. Trabaje con pala o con horca con cuidado y procure clavar la herramienta a cierta distancia de las matas, para que no entre directamente en los tubérculos. Incluso con la mejor intención, puede ocurrir que pinche o corte alguna patata.
Ese daño no tiene por qué ser un desastre, solo hay que actuar bien. Aparte los tubérculos dañados y no cuente con ellos para un almacenamiento prolongado. Lo mejor es utilizarlos cuanto antes en la cocina, porque se estropean más rápido y pueden echar a perder también el resto de la cosecha guardada.
Cuándo no hay que sacar patatas bajo ningún concepto
Las patatas no se cosechan durante la lluvia ni inmediatamente después.
La advertencia más importante tiene que ver con la humedad. Lo ideal es planificar la cosecha para un día seco, cuando la tierra esté más suelta y quebradiza que encharcada. El suelo mojado se pega a los tubérculos, cuesta retirarlo y, sobre todo, aumenta el riesgo de propagación de enfermedades y de pudriciones posteriores. La humedad es un problema no solo durante el desenterrado, sino también en el almacenamiento, porque la tierra mojada que se lleva encima y la condensación pueden acortar la vida útil de toda la partida.
Si ha llovido, suele ser mejor esperar unos días a que el bancal vuelva a secarse. Retrasar la cosecha, en ese caso, es un mal menor frente a la prisa por terminar cuanto antes. Así evitará la decepción de ver cómo una cosecha por lo demás bonita empieza a estropearse por unas condiciones que se podían haber controlado fácilmente.
Qué hacer con las patatas justo después de la cosecha
Las patatas recién desenterradas necesitan secarse primero. Déjelas unas horas en un lugar aireado y con sombra para que se evapore el exceso de humedad. El sol directo no es adecuado, porque favorece el verdor. Después retire los restos de tierra, idealmente de forma suave y sin usar agua. Lavarlas antes de almacenarlas es un error frecuente, ya que la humedad innecesaria aumenta el riesgo de pudrición.
Un almacenamiento correcto alarga la conservación
Para conservarlas más tiempo, las patatas necesitan oscuridad, frescor y sequedad. Funciona bien una temperatura aproximada de 4 a 10 °C y un espacio con posibilidad de ventilación, como un sótano o una despensa fresca. La luz es enemiga, porque provoca el verdor y la formación de solanina, una sustancia que en dosis altas es tóxica. También es importante la circulación de aire, por eso son útiles las cajas con ventilación o los sacos de malla transpirables.
Durante el almacenamiento merece la pena revisar las patatas de vez en cuando. En cuanto encuentre piezas que se ablanden, se pudran o broten en exceso, retírelas. Así evitará que el problema se propague a otros tubérculos y mantendrá la reserva en buena calidad el mayor tiempo posible.
Fuente: Gardenary, Rural Sprout, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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