Un mal diluido del abono casero puede dañar las plantas más de lo que imaginas
El abono casero suele ser, por lo general, un fertilizante líquido que preparas a partir de materia orgánica fácil de conseguir: partes verdes y tiernas de plantas, malas hierbas, compost o estiércol. El principio es simple: durante la descomposición o el remojo, los nutrientes pasan al agua; el extracto resultante se diluye y luego se usa en el riego. El resultado es una fertilización natural, sin carga química, que además encaja con la idea de jardinería con el mínimo de residuos.
La principal ventaja frente a los fertilizantes comprados es que las materias primas suelen proceder directamente del jardín o del hogar. Te ahorras producción industrial, envases y transporte. Aunque el contenido de nutrientes varía según los materiales utilizados, los extractos caseros pueden dar a las plantas el empujón que necesitan, especialmente durante los periodos de crecimiento intenso.
De qué se puede hacer el abono casero
La base suele ser materia verde fresca con tallos y hojas blandos. Justo en esta fase la planta acostumbra a tener más nutrientes disponibles. También sirve material seco, que puedes preparar en verano y usar más adelante. Otra opción es el compost casero o estiércol conseguido localmente, de los que los nutrientes se extraen al agua por remojo. Una fuente práctica son también los líquidos del vermicompostador o del recipiente de bokashi, que se generan durante la descomposición de restos orgánicos.
En cambio, no conviene confiar en partes duras y leñosas o en hojas perennes y brillantes, que se descomponen lentamente y liberan peor los nutrientes. Si no tienes acceso a suficiente materia verde, puedes improvisar con heno o con pellets de consuelda o alfalfa vendidos como alimento para animales.
Qué plantas son mejores para preparar el extracto
La mejor elección suele ser aquello de lo que tengas abundancia y puedas recolectar sin esfuerzo. En general se recomienda recoger material verde desde mediados de verano hasta comienzos de otoño, cuando el contenido de minerales suele ser más alto. Entre los clásicos que no fallan están la consuelda, a menudo cultivada también en los jardines, y la ortiga, que se encuentra casi en cualquier parte. Para recolectar ortigas, merece la pena usar guantes.
También van bien las malas hierbas habituales de los bancales, tanto anuales como perennes. En algunas zonas se utiliza además el helecho águila, recolectado en primavera y a comienzos de verano antes de que forme esporas. Un material excelente son los restos de siega del césped, si dispones de ellos. Si recolectas fuera de tu propiedad, es importante contar con el permiso del propietario.

Cómo preparar el extracto a partir de plantas frescas y secas
Prepara un recipiente con tapa, por ejemplo un bidón de agua, un cubo grande o una garrafa con cierre. Introduce el material recién recolectado o seco y procura prensarlo lo máximo posible. Cierra el recipiente para que la mezcla no se seque y, al mismo tiempo, para que la lluvia no la diluya innecesariamente. Ve comprobándola, idealmente una vez por semana. En cuanto la materia se deshaga y aparezca un líquido oscuro que recuerde a una sopa turbia, ya tienes la base lista.
Cuela el líquido con un colador o vacíalo por un grifo, si el recipiente lo tiene. Pasa el concentrado a botellas con cierre y etiquétalas de forma muy visible. Los restos sólidos añádelos al compost, donde aún se aprovecharán bien. Solo antes de usarlo, diluye el concentrado con agua para que sea seguro para las plantas.
¿Hay que añadir agua?
Con materia verde fresca, a menudo no hace falta agua, porque las hojas y los tallos ya contienen mucha humedad. Lo importante es evitar que se seque, es decir, mantener el recipiente tapado. Con plantas secas, heno o pellets, el agua acelera la descomposición y ayuda a liberar nutrientes. En ese caso, cubre la mezcla con agua hasta que el contenido quede justo sumergido.
Cuánto tarda y qué conviene tener en cuenta
El tiempo de maduración varía según la temperatura y el tipo de material: a veces bastan unos días, otras varias semanas. El extracto suele tener un olor intenso, por eso es más práctico prepararlo en el exterior o en un espacio bien ventilado. Los guantes son una buena idea no solo durante la preparación, sino también al manipular la mezcla después.
Almacenamiento del abono ya listo
Puedes usar el concentrado vegetal de inmediato o guardarlo para más adelante. Lo ideal es gastarlo en unos pocos meses; en un lugar fresco y oscuro, sin embargo, suele durar más. Si el recipiente cerrado empieza a abombarse, afloja con cuidado la tapa para que salgan los gases y vuelve a cerrarlo. En cambio, los extractos preparados con compost o estiércol es mejor no almacenarlos y consumirlos poco después de terminarlos.
Cómo usar los abonos caseros y cada cuánto fertilizar
Los extractos vegetales suelen ser más suaves que los productos comerciales, así que por lo general se aplican con más frecuencia y en mayor volumen. En cambio, los extractos de estiércol pueden ser mucho más potentes, por lo que conviene manejarlos con mayor precaución y dejando más tiempo entre aplicaciones. Diluye siempre el abono casero y aplícalo con el riego, a la base, cerca de las raíces. Quienes más lo aprovechan son las plantas anuales, las plantas de balcón y las hortalizas de fruto cultivadas tanto en maceta como en bancal, típicamente tomates o fresas. Los árboles ya establecidos, los arbustos y las vivaces consolidadas por lo general no necesitan abonado líquido regular.
No uses el extracto casero como pulverización foliar, para evitar inhalar microorganismos. Lávate las manos después de trabajar y no comas ni bebas mientras lo manipulas.
Diluciones recomendadas para un uso seguro
Si preparaste el extracto con plantas frescas sin añadir agua, dilúyelo aproximadamente en una proporción de una parte de concentrado por veinte partes de agua. En los extractos a los que se añadió agua ya durante la preparación, típicamente a partir de material seco, se usa más o menos una parte por diez. Una dilución similar, una por diez, también va bien para los extractos de estiércol y para el líquido del vermicompostador. En bokashi, el líquido suele estar muy concentrado, por lo que se diluye mucho más, aproximadamente una por cien. Un buen control es el color: tras diluirlo, debería parecerse a un té suave.

Otras fuentes de nutrientes que puedes incorporar
Un complemento útil es la ceniza de madera, que en pequeñas cantidades aumenta el aporte de potasio. Este viene especialmente bien para la floración y la formación de frutos. Conviene tamizar la ceniza y usarla con moderación, porque eleva la alcalinidad. Por eso no es adecuada para plantas que requieren suelo ácido, por ejemplo rododendros, camelias o arándanos.
En zonas costeras también se usan tradicionalmente algas marinas como mejorador del suelo y fuente de nutrientes, pero su recolección puede tener normas y limitaciones según el propietario del terreno y la protección ambiental local. Si lo estás valorando, es sensato comprobar las condiciones de antemano.
Otra opción específica es la orina humana. Recién recogida suele ser estéril y su contenido en nutrientes depende de la dieta; por lo general aporta nitrógeno, fósforo y potasio. Se usa solo fresca y no se almacena. Es necesario diluirla, por ejemplo en una proporción de una parte por cinco a una por diez, y aplicarla mediante riego.
Restos de cocina como nutrición rápida para las plantas
No todos los abonos caseros tienen que nacer de una fermentación larga. Algunos restos habituales de cocina pueden aprovecharse también de forma directa. Los posos de café usados aportan materia orgánica y nitrógeno al suelo, y además pueden mejorar la estructura y la capacidad de retener agua. Es importante utilizar los posos ya infusionados, porque el café recién molido puede ser demasiado ácido para plantas sensibles.
Las cáscaras de huevo son valiosas sobre todo por el calcio. Puedes triturarlas y mezclarlas ligeramente en la superficie, o bien convertirlas en un polvo fino, que el suelo aprovecha más rápido. Las pieles de plátano, por su parte, a menudo se dejan en agua y el extracto resultante se usa para regar. Entre los remedios caseros también se utiliza a veces la sal de Epsom, que puede favorecer un crecimiento más verde y la absorción de algunos nutrientes, pero se usa con moderación y en una concentración razonable.
Una receta casera sencilla de fertilizante líquido con restos del hogar
Si quieres unir varias fuentes en una sola preparación, puedes hacer una mezcla con posos de café ya usados, cáscaras trituradas, trozos de piel de plátano y una pequeña cantidad de sal de Epsom, cubrirlo todo con agua y dejarlo reposar unas horas. Después cuelas el líquido y lo utilizas para regar. En este tipo de abono casero rápido se aplica la misma norma que con los demás: mejor más suave y más a menudo que demasiado fuerte de una sola vez.
Es mejor entender el abonado casero como un ajuste continuo del cuidado de las plantas, no como una química de dosis exactas. Observa la respuesta de las plantas, adapta tanto la frecuencia como la intensidad y aprovecha lo que tengas a mano, ya sea del jardín o de la cocina.
Fuente: Rhs, Gardening Know How , Pestrazahrada.cz
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