Después de cosechar los arándanos, haz estos pasos y el año que viene recogerás el doble
En cuanto desaparecen del arbusto los últimos frutos maduros, puede parecer que ya está todo hecho por una buena temporada. Con los arándanos, sin embargo, es justo al revés. Precisamente el periodo posterior a la cosecha decide cuántas flores y, después, cuántas bayas formará la próxima temporada. El arbusto, a finales de verano y a comienzos de otoño, acumula reservas, forma yemas y prepara la madera para el invierno. Si en esta fase le ayuda con los cuidados adecuados, se lo devolverá con un crecimiento más vigoroso y una fructificación más abundante.
Cómo cerrar bien la cosecha y conservar la calidad de la fruta
Tras recolectar los últimos arándanos, conviene pensar también en cómo manejar la cosecha. Si no se van a comer de inmediato, no es buena idea lavarlos enseguida. En la piel tienen una fina película cerosa natural que actúa como barrera protectora contra la deshidratación y el deterioro rápido. Lavarlos solo tiene sentido justo antes de consumirlos o de procesarlos. Así, los arándanos aguantan más y se estropean menos incluso durante el almacenamiento.
Una poda ligera tras la cosecha favorece brotes nuevos y más producción
El periodo posterior a la cosecha es adecuado para clarear el arbusto con delicadeza. El objetivo no es una intervención radical, sino retirar lo que debilita a la planta innecesariamente. Deben eliminarse las ramas débiles, dañadas o claramente envejecidas, que ya producen muy poco o nada. De este modo el arbusto se airea mejor, disminuye el riesgo de enfermedades y, sobre todo, se libera espacio para brotes nuevos y fuertes, donde se formarán los frutos del año siguiente. La fecha ideal es desde finales de verano hasta principios de otoño, cuando la planta aún está activa, pero ya no está bajo la presión de madurar los frutos.

Reponer nutrientes después de la cosecha ayuda a formar yemas para el año siguiente
Fructificar exige mucha energía a los arándanos, por eso, tras la cosecha, agradecen un aporte de nutrientes. Lo adecuado es usar un fertilizante para plantas acidófilas, que respete su necesidad de un pH más bajo y favorezca la formación de yemas florales. Si prefiere una opción más suave, puede incorporar con cuidado en la capa superficial del suelo un poco de turba o compost bien maduro, pero siempre procurando que el sustrato no pierda su reacción ácida. La idea no es sobrealimentar el arbusto, sino devolverle lo que ha invertido durante la temporada en frutos y crecimiento.
El riego es importante incluso tras la cosecha: las raíces son superficiales y sensibles
Los arándanos tienen un sistema radicular superficial, por lo que reaccionan rápido a la sequía. Aunque ya haya cosechado, no deberían quedarse sin agua, especialmente si el otoño es cálido y llueve poco. A la vez, un suelo encharcado de forma permanente es peligroso y puede provocar pudrición de raíces. Lo ideal es mantener el sustrato uniformemente húmedo, no embarrado. Si es posible, utilice agua de lluvia o agua blanda con bajo contenido de cal, porque el agua dura eleva el pH con el tiempo y los arándanos se resienten.
El acolchado protege las raíces, mantiene la humedad y ayuda a estabilizar el pH
Tras la cosecha también es un buen momento para renovar o añadir acolchado. La capa de material sobre la superficie del suelo ayuda a conservar la humedad, limita las malas hierbas y además actúa como aislante térmico para las raíces. En invierno lo agradecen sobre todo las plantas jóvenes y los arbustos en lugares ventosos. Como acolchado van bien la corteza, el serrín, las acículas de pino o las hojas secas, que favorecen de manera natural un ambiente ácido. Además del efecto práctico, el acolchado aporta un beneficio a largo plazo, porque el suelo debajo sufre menos oscilaciones de temperatura y de humedad.

Cuándo plantearse trasplantar o rejuvenecer arbustos viejos
Si los arándanos llevan muchos años en el mismo sitio y el rendimiento va bajando, el problema puede estar en un emplazamiento agotado, un pH inadecuado o en que el arbusto haya envejecido. El periodo posterior a la cosecha suele considerarse adecuado para trasplantar, porque la planta ya no está cargada de fruto, pero aún tiene tiempo de enraizar antes del invierno. En algunos arbustos también puede valorarse dividir y multiplicar, con lo que obtendrá plantas nuevas y el ejemplar viejo se rejuvenece. En cualquier traslado es clave preparar un sustrato ácido y mantener suficiente humedad para que la planta no se estrese de más.
La preparación para el invierno es decisiva sobre todo en arándanos jóvenes y en maceta
La mayoría de los arándanos canadienses son resistentes a las heladas, aun así el invierno puede ser crítico para plantas pequeñas o para las que cultiva en maceta. En una maceta, las raíces se congelan antes que en el suelo. Ayuda una capa de acolchado más gruesa y, en sitios expuestos, también la protección con malla antihierbas o velo de hibernación. Los arándanos en maceta pueden trasladarse a un lugar resguardado del viento o junto a una pared protegida, donde el cepellón no sufra heladas prolongadas ni el viento desecante. También es importante que la planta llegue al invierno en buena forma, es decir, no agotada ni dañada por enfermedades.
Qué evitar después de la cosecha para no debilitar el arbusto innecesariamente
Hay varios errores capaces de arruinar incluso unos cuidados por lo demás correctos. Los arándanos no toleran el estiércol fresco, porque no les conviene y además puede desplazar el suelo fuera de sus necesidades. Del mismo modo, el exceso de riego es un riesgo: las raíces se quedan sin aire y se pudren con facilidad. Tampoco deberían quedarse en el arbusto frutos podridos o con moho, ya que pueden ser una fuente de infecciones y atraen plagas innecesariamente. La limpieza del arbusto y un riego sensato suelen ser tan importantes como el abono.
Un buen cuidado en otoño se devuelve en primavera con flores y en verano con cosecha
Quien cuida los arándanos justo después de la cosecha les da la mejor oportunidad de formar más yemas y pasar el invierno sin pérdidas. Una poda ligera, un aporte moderado de nutrientes, riego regular, un buen acolchado y, si hace falta, protección invernal forman una base sencilla pero eficaz. El resultado se nota ya en primavera por la vitalidad del arbusto y la cantidad de flores. Y en la siguiente temporada, estos cuidados suelen traducirse en cuencos más llenos de frutos azules.
Fuente: Rhs, Almanac , Pestrazahrada.cz
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