Belleza que se puede comer flores comestibles para el parterre y el balcón y cómo cosecharlas
Las flores comestibles pueden transformar un plato corriente en una experiencia inolvidable. Aportan color, aroma y un sutil matiz de sabor a ensaladas, untables, sopas, platos principales, postres y bebidas. Además del efecto estético, a menudo tienen un valor práctico para el jardín: muchas atraen polinizadores, favorecen la biodiversidad y algunas repelen plagas. Para que las flores comestibles sean realmente seguras y sabrosas, conviene seguir unas cuantas reglas, desde la elección de especies hasta la cosecha y la conservación.
La seguridad, lo primero
Lo esencial es identificar correctamente la planta. Si no está seguro de la especie o de la variedad, no consuma la flor. No toda planta ornamental es comestible y, incluso en especies comestibles, a veces solo son aptas ciertas partes, normalmente los pétalos. Para uso culinario, cultive flores sin tratamientos químicos y evite plantas procedentes de floristerías o de centros de jardinería convencionales si no están destinadas expresamente al consumo. Las flores pueden llevar restos de fitosanitarios y ceras, indeseables al ingerirse. También conviene extremar la precaución en personas con alergia al polen y en niños; pruebe especies nuevas en cantidades pequeñas.
Regla práctica: Consuma solo lo que haya identificado con total seguridad, cultivado sin pesticidas y cosechado en un entorno limpio, lejos de carreteras y zonas contaminadas.
Cómo empezar a cultivar flores comestibles
Lo más sencillo es comenzar con especies que crecen rápido y toleran bien las condiciones habituales: capuchina, caléndula, borraja o pensamientos. Para el balcón también van muy bien el cebollino, las begonias (tipos comestibles) o la lavanda. La mayoría de las flores comestibles adoran el sol, aunque algunas soportan la semisombra. Es clave un buen sustrato y un riego sensato: el exceso de agua reduce el aroma y la firmeza de las flores, mientras que una sequía prolongada acorta el periodo de floración. Si cultiva en macetas, elija un sustrato aireado y abone con regularidad con fertilizantes orgánicos suaves, porque los riegos frecuentes lavan los nutrientes.
Para alargar al máximo la cosecha, combine especies con distintas épocas de floración, desde primavera hasta otoño. También ayuda ir pinzando las flores marchitas, lo que estimula nuevas floraciones. En las aromáticas, deje a propósito que parte de las plantas florezca: las flores suelen tener un aroma más intenso que las hojas y en cocina basta una cantidad menor.
Flores comestibles recomendadas para climas templados
Capuchina
Es una de las flores comestibles más populares. Tiene un sabor suavemente picante, tipo pimienta, que realza ensaladas, pastas y untables. Son comestibles las flores, las hojas y las semillas verdes, que pueden encurtirse. Se siembra con facilidad, mejor en un lugar soleado; en suelos demasiado ricos produce más hojas que flores.

Caléndula
La caléndula aporta un color intenso y un tono más especiado, ligeramente picante, con matices que recuerdan al azafrán. Se usan sobre todo los pétalos en sopas, arroz, pasta o mantequilla aromatizada. Es una anual muy agradecida que florece durante mucho tiempo si va retirando las flores marchitas.

Borraja
La borraja tiene pequeñas flores azules con un sabor que recuerda al pepino. Están mejor frescas, porque se mustian rápido. Van de maravilla en bebidas frías, en ensaladas o como una decoración delicada en postres. Es poco exigente, a menudo se resiembra sola y, además, atrae a las abejas.

Cebollino
Las flores del cebollino tienen un sabor suave a cebolla y funcionan muy bien como adorno comestible en sopas, huevos, untables de requesón o mantequilla. Su cultivo es fácil tanto en el huerto como en jardinera. Las cabezuelas florales pueden usarse enteras o desgranarse en florecillas para un efecto más fino.

Pensamientos y violetas
Los pensamientos están entre las flores comestibles más agradecidas tanto para cocina dulce como salada. Su sabor suele ser delicado, a veces ligeramente herbáceo o perfumado, por lo que encajan en ensaladas, canapés y también para decorar tartas. Aguantan bien el tiempo fresco, así que rellenan el hueco de primavera y otoño cuando otras especies no florecen.

Lavanda
Con la lavanda, menos es más. Su aroma dulce y floral, con un fondo herbáceo, puede dominar con facilidad, pero en poca cantidad es excelente en galletas, siropes, miel, té o helados. Para cocina suele recomendarse la lavanda verdadera, que tiende a ser más suave. Cultívela a pleno sol en un suelo bien drenado y no la encharque.

Rosas
Los pétalos de rosa son comestibles y, según la variedad, pueden resultar afrutados, especiados o incluso con notas mentoladas; a menudo se cumple que cuanto más perfumada es la flor, mejor sabe. En cocina se aprovechan en azúcar aromatizado, siropes, gelatinas, como decoración de postres o en cubitos de hielo para bebidas festivas. Se usan sobre todo los pétalos; en flores grandes conviene retirar la base, más amarga.

Hemerocallis y flores de calabaza
Las hemerocallis suelen tener un sabor suavemente dulce y también se aprovechan los capullos, que pueden prepararse de forma parecida a las judías verdes tiernas. Las flores de calabacín y calabaza son una delicadeza, ideal para rellenar y dar una breve cocción. En cucurbitáceas se cosechan a menudo las flores masculinas para no reducir la producción, y conviene procesarlas lo antes posible tras la recolección.

Cosecha correcta y lavado delicado
Coseche las flores por la mañana, cuando se haya secado el rocío, ya que es cuando están más frescas y el contenido de compuestos aromáticos suele ser mayor. Elija flores y capullos jóvenes, sin daños. Tras la recolección, protéjalas del calor y del sol; lo ideal es guardarlas en fresco y utilizarlas ese mismo día. Si necesita enjuagarlas, sumérjalas un momento en agua fría y sacúdalas con suavidad. Las flores muy frágiles a veces no se lavan y es preferible sacudirlas cuidadosamente para eliminar suciedad e insectos.
En flores grandes, a menudo se retiran estambres y pistilos y se usan solo los pétalos. En algunas especies, la parte inferior del pétalo puede ser amarga, por lo que conviene pellizcarla y quitarla. Las flores pequeñas, como la borraja o el cebollino, pueden dejarse enteras. Si quiere conservarlas, puede congelarlas en cubitos de hielo o secarlas; las flores secas van especialmente bien en tés, infusiones, siropes y recetas cocinadas.
Errores más comunes al cultivar flores comestibles
Un error frecuente es cultivar en un suelo excesivamente abonado con nitrógeno: las plantas producen muchas hojas, pero florecen menos. Otro fallo es cosechar flores viejas y descoloridas, que pueden ser más duras y menos aromáticas. También es problemático usar tratamientos contra plagas sin tener en cuenta que se van a consumir las flores; en flores comestibles es preferible la prevención, retirar a mano las partes afectadas y favorecer a los depredadores naturales. Y, por último, incluso las flores comestibles conviene tomarlas con moderación, sobre todo al empezar, porque las personas más sensibles pueden sufrir molestias digestivas.
Flores comestibles, el camino hacia un jardín y una dieta más variados
Cultivar flores comestibles es sorprendentemente fácil y aporta un doble beneficio: parterres más bonitos y una cocina más original. Si empieza con unas pocas especies fiables, pronto descubrirá qué se da mejor en su casa y qué le gusta más. En la siguiente temporada podrá añadir especialidades más aromáticas, como lavanda o rosas, o dejar que hierbas ya establecidas florezcan. La recompensa serán platos que entran por los ojos y, al mismo tiempo, se basan en una cosecha de huerto sencilla y auténtica.
Fuente: Garden Design, Rhs, Pestrazahrada.cz
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