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La akebia exótica en el jardín sorprende por su aroma y sus frutos comestibles

July 3, 2026 · 5 min de lectura · Tomas Rohlena
La akebia exótica en el jardín sorprende por su aroma y sus frutos comestibles
Akebia / Foto: Depositphotos
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La akebia de cinco foliolos (Akebia quinata) es una trepadora poco habitual, originaria de Japón y China, que poco a poco va encontrando su sitio también en nuestros jardines. A primera vista llama la atención por sus hojas delicadas, palmadas, formadas por cinco folíolos sobre pecíolos largos. Pero aún más destacan sus flores de un púrpura oscuro, de forma singular, y más tarde sus frutos alargados, que pueden recordar a pequeños pepinos. En viveros también puede encontrarse con los nombres de “vid de chocolate” o “plátano de chocolate”, que aluden al perfume dulzón y especiado de las flores y al sabor de la pulpa de sus frutos.

¿Se adapta la akebia a nuestras condiciones

La buena noticia es que la akebia no es solo una rareza de invernadero. Con una ubicación sensata, soporta heladas de aproximadamente -20 °C. Aun así, conviene contar con que las plantas jóvenes son más sensibles: durante los primeros inviernos es mejor plantarlas en un lugar resguardado y cubrir el cuello de la raíz y la parte baja de los brotes con ramas de conífera o acolchado. En zonas más frías funciona muy bien situarla junto a la pared de la casa, que durante el día acumula calor y, además, amortigua el viento desecante.

Dónde plantarla y qué suelo necesita

La akebia crece bien en un suelo de jardín normal, siempre que no permanezca encharcado durante mucho tiempo. Lo ideal es una tierra suelta y bien drenada, con suficiente humus, pero no es excesivamente exigente. En cuanto a la luz, puede estar al sol o en semisombra. Al sol suele florecer y fructificar mejor; en semisombra, en cambio, puede mantenerse más fresca durante los veranos calurosos. Tras la plantación, agradece riegos regulares hasta que enraíce; después tolera periodos cortos de sequía, aunque durante la floración y el cuajado se nota la falta de humedad.

Soporte, crecimiento y uso en la composición del jardín

Como liana, la akebia necesita un soporte claro. Puede guiarse por una malla, una pérgola, una valla o listones de madera, alrededor de los cuales los tallos se enroscan con facilidad. Algunas personas incluso la dejan trepar a la copa de un árbol, donde crea un vistoso velo verde. Si no dispone de espacio en altura, también puede utilizarse como cubresuelos, que con el tiempo tapará zonas poco estéticas y ayudará a sujetar un talud. Eso sí, tenga en cuenta que en buenas condiciones crece con bastante vigor, por lo que conviene delimitarle su espacio para que no invada lo que deba quedar libre.

Floración, perfume y el secreto de los frutos

Las flores aparecen en mayo, más o menos al mismo tiempo que brotan las hojas, y suelen agruparse en racimos. Es entonces cuando la akebia se ve más “exótica”: las flores son pequeñas, pero de color intenso y a menudo con una fragancia agradable. Si desea obtener frutos, conviene saber que para un cuajado exitoso suele hacer falta polinización cruzada (es decir, tener al menos dos plantas genéticamente distintas). En nuestras condiciones, además, a veces se recomienda la polinización manual, especialmente en primaveras frías, cuando la actividad de los polinizadores es menor.

Cuándo maduran y cómo saber si están listos

Los frutos maduran con mayor frecuencia entre septiembre y octubre. El fruto maduro se abre longitudinalmente y deja al descubierto una pulpa blanca, gelatinosa, con numerosas semillas negras y brillantes. El sabor suele ser suavemente dulce y aromático, y aunque no se trate de una fruta “clásica” de nuestros jardines, precisamente esa diferencia es lo que hace tan atractiva a la akebia. Eso sí, los primeros frutos suelen llegar en plantas ya adultas: normalmente empieza a fructificar aproximadamente hacia el quinto año.

Vid de chocolate o akebia de cinco foliolos / Foto: Depositphotos
Vid de chocolate o akebia de cinco foliolos / Foto: Depositphotos

Cuidados durante el año: abonar sí, podar con criterio

Durante la temporada de crecimiento, a la akebia le sienta bien un aporte de fertilizante, idealmente hasta finales de agosto, para que los tejidos maduren bien antes del invierno. No requiere poda estrictamente, pero acortar de vez en cuando los tallos demasiado largos o mal orientados ayuda a mantener la forma y a que entre la luz al interior de la masa vegetal. Si poda, hágalo más bien después de la floración o a finales de invierno, y siempre pensando en hacia dónde quiere guiar la planta.

Partes comestibles e inspiración de Asia

La akebia también tiene usos prácticos en Asia. Los frutos se comen frescos; la piel (pericarpio) en algunos lugares se cocina; los brotes tiernos se añaden a platos y las hojas se utilizan para preparar té. En la tradición también se asocia con la medicina popular, y sus varas flexibles pueden aprovecharse de forma similar a otras lianas.

La akebia es una opción para aficionados que buscan una liana poco exigente, de aspecto exótico, con flores perfumadas y la posibilidad de obtener frutos comestibles incluso en un clima con inviernos fríos.

Para quién es ideal la akebia y en qué conviene fijarse

Es adecuada para quienes tienen pérgolas, vallas y celosías y quieren crear rápidamente una pantalla verde, a la vez que incorporar algo poco visto al jardín. Si vive en una zona donde se acumulan heladas o en un lugar ventoso, ofrézcale resguardo y protección invernal durante los primeros años. Y si quiere cosechar frutos, conviene plantar varias plantas y contar con que el éxito también dependerá de cómo venga la primavera. A cambio, tendrá una trepadora decorativa desde el follaje, pasando por la floración, hasta los frutos otoñales “tipo pepino”, sin necesidad de trucos complicados de jardinería.

Fuente: Zahrádkár, The Spruce, RHS, Pestrazahrada.cz

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Tomas Rohlena
Tomas Rohlena

Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.

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