Por qué los calabacines se pudren a mitad de temporada y cómo alargar la cosecha sin pérdidas
Los calabacines pueden producir durante mucho tiempo, a veces hasta los días más frescos del otoño. Pero para que no se detengan antes de tiempo y la cosecha no termine en frutos enmohecidos, necesitan condiciones estables en el bancal. Un problema frecuente llega después de las lluvias, cuando el suelo se convierte en barro y las gotas salpican suciedad sobre las hojas y los calabacines jóvenes. La humedad se queda entonces alrededor de los frutos, que reposan sobre la tierra mojada y con mucha facilidad empiezan a reblandecerse, a coger moho y a pudrirse poco a poco. La solución no es complicada; solo hay que elegir el acolchado correcto y no descuidar cómo se coloca.
El acolchado como protección sencilla frente a la humedad y la suciedad
Acolchar el calabacín es útil por varios motivos. Ante todo, funciona como una barrera entre el suelo y la planta, de modo que con la lluvia no salta barro a las hojas y el bancal se mantiene más limpio. Igual de importante es que los frutos no quedan directamente sobre la tierra mojada. Precisamente el contacto con el suelo húmedo suele ser el principal desencadenante de la podredumbre, sobre todo en frutos pequeños que tocan el suelo durante más tiempo.
La capa de acolchado también amortigua las oscilaciones de temperatura. Las raíces no se ven expuestas a un sobrecalentamiento brusco ni a un enfriamiento rápido tras una lluvia fría, lo que se nota de forma positiva en el vigor de las plantas. Otro beneficio es el impulso a la vida del suelo. El material orgánico se va descomponiendo, ayudando a los microorganismos y mejorando la estructura de la tierra. Tiene sentido no solo en bancales tradicionales, sino también en los elevados, donde la calidad del sustrato decide lo bien que crecerán los calabacines y cuánto tiempo seguirán produciendo.
Con qué material conviene tener cuidado para que el acolchado no perjudique
No todos los acolchados son igual de adecuados para el calabacín. Un error habitual es poner una capa gruesa de césped recién cortado. Tiene la ventaja de que está a mano, pero si se aplica enseguida y en mucha cantidad, se recalienta y se “cocina” rápidamente. Empieza a oler, se apelmaza en una capa húmeda, enmohece con facilidad y crea un escondite ideal para las babosas. Los frutos que tocan la hierba tienen entonces un riesgo mucho mayor de pudrirse.
Si quiere aprovechar el césped, hay que cambiar el método. Déjelo primero orearse, incluso dos días al aire, y colóquelo bajo los calabacines solo con mucha moderación. Una capa fina, de alrededor de 2 cm, suele bastar para reducir las salpicaduras de tierra y, al mismo tiempo, no se recalienta tanto. En cuanto hay demasiado césped, el problema tiende a empeorar en lugar de mejorar.
El acolchado que de verdad le sienta bien al calabacín y alarga la cosecha
Como opción más fiable se considera la paja, la lana de oveja o la astilla de madera de frondosas. Estos materiales mantienen los frutos más elevados sobre el suelo, absorben menos agua formando una capa compacta y no actúan tan claramente como desencadenantes de mohos. En el caso de la astilla, además, se recomienda elegir madera de frondosas, que por lo general no altera tanto la reacción del suelo. Para el calabacín lo más importante es que el acolchado mantenga los frutos alejados de la humedad y, a la vez, no asfixie innecesariamente el bancal.
Con paja y con astilla conviene poner una capa de unos 5 cm para que la protección sea realmente eficaz. Antes de acolchar, es buena idea preparar el suelo. Primero, airee la tierra, elimine las malas hierbas y riegue a fondo. Después puede esponjar ligeramente la superficie con un rastrillo para que el agua penetre más. Solo entonces extienda el acolchado, que ayudará a conservar la humedad durante más tiempo y reducirá la necesidad de riegos frecuentes.
Cómo favorecer el crecimiento cuando se acolcha con astilla
Con la astilla de madera conviene tener en cuenta que, al descomponerse, el suelo puede consumir temporalmente más nitrógeno. Para que los calabacines no sufran un frenazo de crecimiento y tengan fuerza para seguir formando flores y frutos, compensa abonar con regularidad. Una solución práctica es un fermento de plantas con ortiga, diente de león y consuelda, que aporta nutrientes fácilmente disponibles.
El procedimiento puede ser sencillo. Ponga las plantas en un recipiente en proporción uno a uno a uno, cúbralas con agua y deje que la mezcla fermente. El extracto listo se diluye en proporción uno a nueve y se aplica aproximadamente una vez cada catorce días. Así los calabacines tienen suficientes nutrientes, llevan mejor una temporada larga y, con el acolchado correcto, también se reduce de forma notable el riesgo de podredumbre de los frutos.
Fuente: GrowVeg, Purdue University, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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