Por qué al rododendro se le amarillean las hojas entre las nervaduras y cómo ayudarlo
Cuando en las hojas nuevas del rododendro aparecen nervaduras de un verde intenso, pero el tejido entre ellas va amarilleando poco a poco, por lo general no se trata de un simple cambio estacional. Este tipo de decoloración es típico de la llamada clorosis. La planta sigue formando hojas, pero le faltan las condiciones para producir clorofila correctamente, por lo que la hoja no se colorea de manera uniforme en un verde profundo. A menudo se aprecia más en las hojas jóvenes, porque tienen mayores necesidades de nutrientes disponibles.
La causa más frecuente es la falta de hierro
Según los síntomas descritos, el culpable más probable suele ser la falta de hierro, o más exactamente, su escasa disponibilidad para la planta. El hierro puede estar presente en el suelo, pero el rododendro no logra aprovecharlo si el pH no es el adecuado o si hay demasiadas sustancias que bloquean su disponibilidad. El resultado es el amarilleo entre las nervaduras, mientras que las venas permanecen verdes.
Los rododendros pertenecen a los arbustos acidófilos. Se desarrollan mejor en un suelo con pH aproximado de 4,5 a 5,5 y les sienta bien el riego con agua blanda. En cuanto el pH sube, la disponibilidad de hierro disminuye y la planta empieza a sufrir. De forma similar actúa el exceso de cal en el suelo, que eleva el pH y, además, puede empeorar la absorción de otros elementos.
Qué puede empeorar la absorción de nutrientes
El problema no siempre está solo en el hierro. Un pH alto, la cal, pero también la falta de nitrógeno o magnesio, pueden hacer que el rododendro deje de absorber con eficacia los nutrientes que necesita. A veces los síntomas se solapan, pero las nervaduras verdes y el tejido entre nervios amarillo suelen apuntar sobre todo a problemas con el hierro. Lo importante es no intentar solucionarlo únicamente con un abono universal si al mismo tiempo no se mejoran las condiciones del suelo.
Cómo aliviar rápidamente al rododendro y mejorar las condiciones
El primer paso con sentido es ajustar la reacción del suelo hacia lo ácido. Una intervención adecuada suele ser añadir turba, que acidifica el suelo y ayuda a recuperar el entorno en el que el rododendro prospera de forma natural. Si el suelo lleva tiempo siendo inadecuado, es mejor incorporar la turba en una zona más amplia alrededor de las raíces, y no limitarse a echar una capa fina en la superficie, para que la acidificación tenga un efecto real.
Además, puede utilizar un fertilizante que contenga hierro. También son útiles las aplicaciones foliares, es decir, pulverizar las hojas con un producto a base de hierro, porque puede ayudar a la planta a superar más rápido el periodo de carencia. Aun así, conviene considerarlo como una solución de apoyo. Si el pH sigue alto o continúa entrando cal al suelo, el problema volverá incluso tras repetir las pulverizaciones.
El riego y el agua pueden ser decisivos
A los rododendros les favorece el agua blanda. El agua dura suele contener más calcio y magnesio y, con riegos prolongados, puede ir elevando poco a poco el pH del suelo. Si riega con agua del grifo en una zona de agua dura, puede ser conveniente aportar con más frecuencia un acolchado ácido o un sustrato para plantas acidófilas y vigilar si el aspecto de las hojas mejora gradualmente.

Otra posible causa es un suelo sin aireación o el encharcamiento
La clorosis también puede empeorar cuando las raíces no funcionan bien. Si el suelo está demasiado compactado, poco aireado o encharcado durante mucho tiempo, el sistema radicular se asfixia y la absorción de nutrientes se ralentiza. En esa situación, ni siquiera un buen fertilizante tiene por qué ayudar, porque el problema está en el propio entorno de las raíces.
Ayuda airear el suelo con cuidado y mejorar el régimen hídrico. Es decir, lograr que el agua de la lluvia y del riego no se quede estancada en la zona de raíces, pero también que la planta no se reseque. Al rododendro le gusta una tierra uniformemente húmeda, no embarrada. Si el emplazamiento es pesado y arcilloso, a veces es necesario corregir la estructura del suelo añadiendo componentes ácidos y aireados adecuados y renovar el acolchado, que estabiliza la humedad.
Cuándo esperar mejoría y qué vigilar
Tras corregir el pH y aportar hierro, las hojas nuevas suelen empezar a colorear mejor, mientras que las ya dañadas pueden no volver a ponerse completamente verdes. Por eso, un buen indicador es el aspecto de los brotes más jóvenes. Si las siguientes hojas nuevas amarillean de la misma manera, conviene volver a comprobar el pH del suelo, el origen del agua de riego y el estado general del terreno en cuanto a compactación y encharcamiento. Mantener un ambiente estable y ácido y un riego bien ajustado es la clave para que la clorosis no se repita en el rododendro.
Fuente: Záhrada, The Spruce, Pestrazahrada.cz
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