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Lo que la huerta necesita de verdad en verano para una cosecha abundante

July 7, 2026 · 5 min de lectura · Tomas Rohlena
Lo que la huerta necesita de verdad en verano para una cosecha abundante
Bancales con verduras en verano / Foto: Depositphotos
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El inicio del verano es un periodo de crecimiento rápido, en el que las hortalizas consumen mucha agua y nutrientes. El riego regular es la base, pero para mantener una producción estable y alta también ayudan el abonado y una prevención sensata de enfermedades y plagas. Lo ideal es una nutrición que no solo beneficie a las plantas, sino que a la vez mejore el suelo, es decir, que favorezca la formación de humus y la capacidad de retener humedad y nutrientes.

En la fase de crecimiento, las plantas agradecen sobre todo el nitrógeno. Los abonos minerales actúan rápido, pero los preparados orgánicos tienen la ventaja de que revitalizan el suelo a largo plazo. Una opción excelente son los extractos vegetales fermentados, que además de los nutrientes básicos aportan oligoelementos y sustancias que refuerzan la vitalidad del cultivo.

Purín de ortiga como elixir casero

El más conocido es el purín de ortiga, rico en nitrógeno. Lo mejor es prepararlo con ortigas jóvenes, que están llenas de vigor y aún no forman semillas maduras, así no las esparcirá sin querer por los bancales.

Ponga las ortigas en un recipiente de plástico o de barro; el metal no es adecuado por la corrosión. Llene el recipiente aproximadamente hasta tres cuartas partes con la masa ligeramente apretada y cúbrala con agua de lluvia, de modo que las plantas queden sumergidas. Si flotan, se pueden lastrar. La fermentación suele durar de dos a cuatro semanas; remueva el extracto de vez en cuando para airearlo. Picar el material acelera el proceso.

Cuando deje de espumar y se oscurezca, estará listo. Los restos vegetales conviene llevarlos al compost. Antes de usarlo, diluya siempre el purín, incluso hasta una proporción 1:50, y abone aproximadamente una vez por semana. Lo ideal es hacerlo por la tarde, o con lluvia o justo después, nunca a pleno sol.

Cuente con el olor. El recipiente debe permanecer abierto para que entre oxígeno, pero es sensato cubrirlo con una rejilla o una malla para que no caigan pájaros u otros animales pequeños.

Aproveche las malas hierbas y otras plantas

Para los purines no hace falta usar solo ortiga. A las hortalizas de fruto les suele ir muy bien el extracto de consuelda, con mayor proporción de potasio; también es útil el extracto de cola de caballo por su contenido en silicio, que refuerza los tejidos. Se pueden utilizar también malas hierbas comunes, siempre que aún no hayan granado. También pueden añadirse algunas plantas medicinales, por ejemplo la manzanilla, tradicionalmente usada como apoyo suave frente a problemas de hongos.

Los purines más suaves, con menor proporción de nitrógeno, pueden aplicarse también sobre la hoja en forma de pulverización, siempre tras una dilución cuidadosa. Es importante elegir una concentración respetuosa para evitar quemaduras en los tejidos.

Cuando se formen flores y frutos, añada fósforo

En el momento en que las hortalizas pasan del crecimiento al cuajado de flores, conviene ajustar la nutrición. Puede seguir usando extractos, pero para apoyar la floración y la fructificación resulta excelente el estiércol de ave fermentado, que aporta también fósforo, un elemento a menudo limitante en las hortalizas de fruto.

Nunca use el estiércol fresco, es demasiado fuerte. Déjelo fermentar en agua unas tres semanas en un recipiente de plástico, aproximadamente una parte de estiércol y el resto agua. Antes de aplicar, diluya como mínimo 1:10, mejor más, y abone una vez por semana por la tarde. Quien no críe aves puede recurrir a granulado o a un concentrado líquido.

Acolchado, humedad y protección suave contra enfermedades

Algunas especies, por ejemplo los calabacines, gastan mucha energía en hojas grandes y en la producción continua de flores y frutos, por lo que necesitan una nutrición regular y, sobre todo, humedad estable. Además, el agua suficiente reduce el estrés y puede limitar el desarrollo de problemas como el mildiu del pepino, que con calor y sequedad se manifiesta como una capa grisácea en las hojas y hace que las plantas se debiliten.

El acolchado ayuda a conservar la humedad y, a la vez, favorece la vida del suelo y la formación de humus. No obstante, no lo acerque directamente al cuello de la planta: con humedad podría pudrirse. Si aparecen los primeros síntomas de enfermedades, ayuda retirar las hojas más dañadas y después tratar con productos suaves a base de aceites vegetales y proteínas lácteas, o con medios con microorganismos beneficiosos. Su ventaja suele ser la posibilidad de cosechar pronto, sin largos plazos de seguridad.

Si en las hojas aparecen manchas amarillas y la planta empieza a quedarse enana, puede tratarse de mosaico vírico. Normalmente no se puede curar y es mejor retirar las plantas afectadas. Por eso tiene sentido limitar los vectores, sobre todo los pulgones, y al mismo tiempo favorecer a sus enemigos naturales.

Aliados contra los pulgones y por qué protegerlos en el jardín

Las mariquitas, las crisopas, los sírfidos o las tijeretas pueden reducir de forma notable la presión de pulgones. Si les va bien en el jardín, mejora la salud de las plantas sin química innecesaria. En el caso de las mariquitas, conviene pensar también en su invernada: basta con dejar en un rincón del jardín un montón de hojas y ramitas o un trozo de hierba sin segar, o bien un macizo de vivaces densamente plantado y acolchado.

En los tomates, productos similares y respetuosos también son útiles de forma preventiva contra el mildiu. También es cierto que el exceso de humedad en las hojas del tomate aumenta el riesgo. En los pepinos suele ser al revés: un riego ligero por aspersión a primera hora sobre la hoja puede reducir la presencia de araña roja y oídio, pero es importante que se sequen antes de la tarde. Además, tomates y pepinos toleran un acolchado más grueso, porque pueden emitir raíces también desde el tallo.

Fresas, polinización y frutos limpios sin podredumbre

En las fresas tardías y remontantes merece la pena escardar con cuidado y de forma superficial, eliminar las malas hierbas y luego añadir acolchado. Sirven paja, heno, acículas o hojas secas. La capa protege las raíces del secado, frena las hierbas espontáneas y, sobre todo, mantiene los frutos limpios para que no reposen sobre tierra húmeda y no se pudran. En tiempo seco, riegue las fresas a fondo para que los frutos engorden. Un abonado con fertilizante orgánico líquido, por ejemplo con estiércol de ave fermentado muy diluido, favorecerá la cosecha.

Pero las fresas dulces también necesitan buena polinización. Si el jardín es diverso y florido, atraerá abejas y abejorros, que ayudarán no solo a las fresas, sino también a calabazas, pepinos, pimientos, tomates y frutales. Sin polinizadores no obtendrá semillas propias en muchas especies, por ejemplo zanahoria, col, col rizada, puerro, perejil o cebollino.

Patatas, aporcado y ojo con el escarabajo

A las patatas les beneficia el aporcado con tierra o con acolchado, porque así se favorece la formación de tubérculos. En periodos cálidos y lluviosos amenaza el mildiu de la patata, que se manifiesta con manchas oscuras en la parte aérea y después puede afectar también a los tubérculos. Una de las medidas preventivas es no pasarse con el abonado nitrogenado. En superficies pequeñas, el escarabajo de la patata se controla mejor con recogida manual de adultos y larvas; solo tenga cuidado de no confundirlos con las pupas de las mariquitas, que son beneficiosas.

Riego, escarda y malas hierbas como acolchado útil

En sequía, las plantitas jóvenes a menudo necesitan riego regular, a veces incluso diario, hasta que arraiguen bien. Cuando las raíces se fortalezcan y el suelo esté en buenas condiciones, basta con regar menos a menudo pero de forma más abundante, para que el agua llegue a profundidad. En las siembras recientes y plantas en germinación es clave una humedad uniforme, porque se secan rápidamente.

Elimine las malas hierbas con una escarda superficial o un corte por debajo, lo que además airea el suelo. Las hierbas crecidas quitan a las hortalizas agua, luz y nutrientes y se espigan enseguida. Si aún no tienen semillas, puede dejarlas en el lugar en un día soleado como acolchado: cubre el suelo y se descompone poco a poco. Las malas hierbas perennes con raíces largas es mejor desenterrarlas de forma selectiva, para que no se multipliquen.

Fuente: The Spruce, Almanac, Pestrazahrada.cz

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Tomas Rohlena
Tomas Rohlena

Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.

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