Guardas los huevos y la leche en la puerta del frigorífico y se te estropea la comida por un error que comete casi todo el mundo
En la cocina, a menudo son los pequeños detalles los que determinan cuánto tiempo se mantienen frescos los alimentos y si siguen siendo seguros para el consumo. No se trata solo de orden, sino sobre todo de higiene y salud. Esto es especialmente importante en los meses cálidos, cuando la comida se estropea más rápido y un fallo mínimo puede traducirse en tirar alimentos innecesariamente.
Mucha gente, por ejemplo, no se preocupa en absoluto por la temperatura real del frigorífico. Sin embargo, es un factor que influye de forma notable en el estado de la carne, los lácteos y los platos ya preparados. No basta con confiar en la sensación de que el frigorífico enfría. Si la temperatura es demasiado alta, la comida puede estropearse antes de lo que indica la fecha de consumo del envase.
Qué temperatura es la correcta en el frigorífico
Por lo general, se recomienda que la temperatura del frigorífico se mantenga aproximadamente entre 4 y 5 °C. Si no estás seguro, merece la pena colocar un termómetro dentro o comprobar los valores en la pantalla, si el aparato la incluye. Una señal de problema puede ser la formación de escarcha, pero también que los alimentos no parezcan suficientemente fríos.
A la vez, conviene seguir las indicaciones del propio envase. Algunos tipos de carne requieren conservarse a una temperatura aún más baja, a veces como máximo a 2 °C. En ese caso, es recomendable bajar más la temperatura del frigorífico o guardar el producto en el congelador. Pasar por alto estos datos es uno de los errores más frecuentes en casa.
Cada balda tiene una temperatura distinta
El interior del frigorífico no tiene la misma temperatura en todas partes. Las distintas baldas y compartimentos crean zonas de frío diferentes, por eso importa dónde guardas cada alimento. La balda superior va bien sobre todo para platos ya preparados y sobras de comida, que no necesitan un enfriamiento tan intenso.
Un error habitual son los huevos. Aunque mucha gente los coloca automáticamente en la puerta, lo más adecuado es la zona central del frigorífico, donde la temperatura suele ser más estable. La misma norma se aplica a los lácteos y, en lo posible, también a la leche. La puerta está expuesta a aperturas frecuentes y, por tanto, a oscilaciones de temperatura.
En la balda inferior deberían ir la carne y el pescado crudos. Es donde suele hacer más frío. Además, así se reduce el riesgo de que algún líquido del envase gotee sobre otros alimentos y los contamine.
Limpiar el frigorífico sin químicos innecesariamente agresivos

Además de una buena organización, es clave realizar un mantenimiento periódico. Al limpiar, eso sí, conviene saber de qué material está hecho el interior del frigorífico. Algunos modelos tienen un recubrimiento antibacteriano y en ellos no es recomendable usar desinfectantes fuertes ni vinagre. Una opción más suave suele ser agua con una pequeña cantidad de lavavajillas.
En frigoríficos normales sin acabado especial funcionan bien productos que también son seguros para la vajilla o la piel. Sirve el lavavajillas de siempre o algunas desinfecciones con alcohol, que con el tiempo se evaporan. En cambio, los productos con cloro no son la mejor elección para limpiar zonas donde se almacenan alimentos.
Tampoco hay que olvidar los lugares menos evidentes. Es importante limpiar el canal de desagüe y revisar los filtros, si el frigorífico los incluye. Incluso las partes técnicas descuidadas pueden contribuir a un peor funcionamiento del aparato y a malos olores.
La esponja de fregar suele estar llena de bacterias
Un “ayudante” muy infravalorado en la cocina es la esponja de fregar. Precisamente es uno de los objetos más sucios del hogar. Conviene cambiar la esponja corriente al menos una vez por semana; de lo contrario, las bacterias y la suciedad se multiplican rápidamente en su interior.
Hoy en día existen variantes más resistentes con tratamientos especiales, o esponjas que se pueden lavar o meter en el lavavajillas. Pueden durar más, pero aun así hay que vigilar su estado y no usarlas demasiado tiempo sin una limpieza a fondo.
Para la carne cruda, utiliza una tabla de cortar separada
Tan importante como el frigorífico es trabajar de forma segura con las tablas de cortar. En una superficie donde se haya cortado carne cruda no deberían colocarse alimentos destinados a consumirse directamente. Existe riesgo de transmisión de bacterias que pueden causar problemas de salud. Una solución práctica es tener una tabla reservada únicamente para la carne.
La madera suele ser más recomendable que el plástico. Al cortar sobre tablas de plástico, pueden desprenderse pequeñas partículas del material y acabar en la comida. Además, las tablas de madera tienen propiedades antibacterianas naturales, pero eso no significa que baste con enjuagarlas rápido. Tras cada uso hay que lavarlas con lavavajillas, frotarlas con una esponja y dejarlas secar muy bien.
La temperatura adecuada, una distribución bien pensada de los alimentos y una higiene rigurosa en la cocina pueden reducir de forma notable el desperdicio de comida y el riesgo de complicaciones de salud.
Fuente: Southern Living, Eating Well, Martha Stewart, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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