Gardenino

Después de días de calor sofocante, el tomate agradece una poda correcta y una capa protectora de acolchado

August 26, 2026 · 5 min de lectura · Jarmila M.
Después de días de calor sofocante, el tomate agradece una poda correcta y una capa protectora de acolchado
Plantas de tomate / Foto: Pestrazahrada.cz
AD

En días calurosos y bochornosos, la planta de tomate evapora agua intensamente a través de las hojas. Cuando además el aire está pesado, sin viento, y las hojas se apelmazan cerca del suelo sobre tierra húmeda, el agua del follaje no se pierde con facilidad. Se crea un ambiente cálido y mojado que favorece la propagación de enfermedades fúngicas. A menudo el problema no empieza porque riegue poco o, por el contrario, en exceso, sino porque las hojas, tras la lluvia, el rocío o el riego, se quedan mojadas durante mucho tiempo y dentro de la mata se mantiene aire húmedo.

La vía más rápida hacia plantas más sanas no es complicada. La base es que entre más luz y circulación de aire en la mata, para que las hojas se sequen rápido tras humedecerse. Esto se logra retirando con criterio algunos tipos de hojas que, en épocas de alta humedad, aportan más perjuicio que beneficio. Y si además añade un truco sencillo a nivel del suelo, reducirá de forma notable la presión de enfermedades que, de otro modo, pueden arruinar la cosecha.

Por qué la parte baja de la planta es la más importante

Muchas enfermedades del tomate arrancan desde abajo y van subiendo. Las hojas más bajas cuelgan muy cerca del suelo o lo tocan directamente. Y precisamente en el suelo suelen sobrevivir esporas de hongos que, con la lluvia o el riego, salpican sobre las primeras hojas disponibles. Bastan unas gotas que golpeen la tierra para que pequeñas partículas con infección terminen en el piso inferior de la planta. Desde ahí los problemas se extienden, las hojas amarillean, aparecen manchas y, con el tiempo, puede verse afectada también la parte alta de la mata.

Igual de importante es la ventilación. Un tomate sin podar puede convertirse en una pared densa de hojas, donde el interior permanece húmedo mucho después de que el exterior ya esté seco. Cuando abre la planta con suavidad, el aire atraviesa el centro y las hojas, tras el rocío o la lluvia, se secan de manera notablemente más rápida. Una hoja seca es mucho menos vulnerable para muchos patógenos. No se trata de dejar la planta como un palo pelado, sino de darle espacio para respirar.

Riego de tomates / Foto: Pestrazahrada.cz
Riego de tomates / Foto: Pestrazahrada.cz

Tres tipos de hojas que conviene cortar primero

No todas las hojas tienen que quedarse en la planta. En épocas de bochorno conviene centrarse en tres grupos que, con más frecuencia, retienen humedad, sombrean y a la vez son una puerta de entrada para enfermedades. Corte limpio y lo más cerca posible del tallo principal, para que no queden muñones innecesarios. Conviene tener la herramienta limpia y bien afilada, porque un corte liso cicatriza mejor que un tejido desgarrado.

Las hojas más bajas en la franja cercana al suelo

Empiece por abajo del todo. Todo lo que esté aproximadamente en la franja de 15 a 30 cm sobre la superficie del suelo suele ser lo más arriesgado. Estas hojas reciben primero el salpicado de tierra, a menudo ya son más viejas, están a la sombra y su aportación a la planta es menor que la de las hojas superiores sanas. Cuando el tomate está bien enraizado y empieza a cuajar frutos, retirar el piso inferior no le perjudica. Al contrario: crea un tramo limpio de tallo que se ensucia menos, se seca antes y donde la infección tiene más difícil asentarse.

Hojas amarilleando o con manchas

Una hoja que amarillea o muestra manchas normalmente ya no trabaja al máximo. Si la causa es una enfermedad, además se convierte en una fuente de propagación. Compensa retirarlas en cuanto las detecte, sin esperar a la siguiente poda prevista. En especial, una hoja amarilla en la parte baja puede ser la primera señal de que algo está pasando en el cultivo. Al cortarla a tiempo, elimina el punto conflictivo y, a la vez, gana margen para observar si el problema reaparece en otras hojas.

El interior de la planta demasiado tupido

Dentro de una mata grande, las hojas suelen solaparse, falta luz y aire. Precisamente en esos puntos la humedad se mantiene más tiempo y las enfermedades pueden arrancar con facilidad sin que se note de inmediato. Aclarar con cuidado el centro ayuda a crear un pasillo para la circulación de aire. Retire algunas hojas que se empujan unas a otras en el interior y permanecen a la sombra de forma prolongada. La idea es que se vean pequeños huecos a través de la planta y que no forme una pared verde continua donde se queda lo húmedo.

Tomates / Foto: Pestrazahrada.cz
Tomates / Foto: Pestrazahrada.cz

El truco secreto que reduce la presión de enfermedades

Cuando ya ha quitado las hojas inferiores, llega un paso sencillo que muchos cultivadores subestiman. Alrededor de la base de la planta, cree lo que se conoce como una “falda”, es decir, un anillo protector sobre el suelo desnudo. Puede ser una capa de acolchado o una barrera con un material adecuado. El objetivo es práctico: entre el suelo, donde puede haber esporas de enfermedades, y las hojas por encima se crea un obstáculo físico. El agua cae sobre el acolchado o la cubierta y no salpica tanta suciedad de vuelta a la planta. Así se reduce notablemente el riesgo de que la infección arranque ya desde las primeras hojas bajas.

Sirve paja, corteza triturada y también una combinación de papel y compost. Si quiere una solución más duradera, puede usar también malla antihierbas. Además de limitar el salpicado, este método tiene otra ventaja: el acolchado frena la evaporación, de modo que el suelo mantiene la humedad de forma más uniforme y las raíces no sufren por secados bruscos. Las hojas quedan más limpias y menos manchadas de barro.

Pero hay una condición importante. Apile el acolchado o el material de cobertura dejando un margen de unos 2 a 5 cm respecto al tallo. Si lo aprieta directamente contra el tallo, puede acumularse demasiada humedad y eso aumenta el riesgo de podredumbre y daños en la base de la planta.

Cómo saber que ha podado correctamente

Un tomate bien cuidado no se ve despeluchado, sino más ligero. La parte baja del tallo queda limpia, las hojas no tocan el suelo y el centro de la planta no está completamente taponado. Tras una lluvia o el rocío de la mañana, el follaje debería secarse más rápido que antes. Si observa que el agua se mantiene mucho tiempo, sobre todo en el interior de la mata, es señal de que conviene abrir un poco más el centro y retirar algunas hojas solapadas. En combinación con la “falda” de acolchado, conseguirá un entorno donde a las enfermedades les cuesta más arrancar, y así los tomates tienen más opciones de mantenerse sanos incluso en un verano caluroso y húmedo.

Fuente: A Way to Garden, Gardenary , Pestrazahrada.cz

Compartir
AD
Jarmila M.
Valora este artículo
4.0 (1)

Artículos relacionados

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar.

Deja un comentario
AD