Ahora es el momento de abonar las calabazas con purín de ortiga y conseguir una cosecha espectacular
Las calabazas están entre las plantas que saben crecer rápido, formar mucha masa foliar y, más adelante, cuajar frutos grandes. Pero todo eso exige muchísimos nutrientes. Cuando el suelo se queda corto, la planta puede sobrevivir, sí, pero los frutos suelen ser más pequeños, la maduración se ralentiza y las calabazas se vuelven más sensibles al estrés por calor, sequía y cambios de tiempo. Precisamente por eso, en plena fase de crecimiento intenso conviene no tomarse a la ligera el abonado.
Si no quiere recurrir a productos industriales, hay una solución sencilla hecha con algo que a menudo crece tras la valla como “mala hierba”. La ortiga mayor es, literalmente, una despensa de sustancias que benefician a las calabazas y, tras fermentar, se convierte en un abono líquido muy eficaz.
El purín de ortiga como refuerzo casero para las calabazas
El fermentado de ortiga se valora sobre todo por su contenido en nitrógeno, que impulsa el crecimiento y la vitalidad. Además, aporta otros minerales que ayudan a mantener las hojas en buen estado y refuerzan la salud general de la planta. El resultado suele ser un cultivo más vigoroso, capaz de soportar mejor el desgaste de la temporada.
Cuando las calabazas reciben con regularidad una dosis adecuada de purín de ortiga, por lo general se ven más firmes, con un follaje de color más intenso y se adaptan mejor a condiciones desfavorables.
Cómo preparar abono de ortiga paso a paso
Empiece recolectando ortigas frescas, idealmente antes de la floración, cuando suelen estar más cargadas de nutrientes. Píquelas o córtelas en trozos pequeños y colóquelas en un recipiente donde la mezcla tenga espacio para “trabajar”. Después, cúbralo todo con agua hasta que las ortigas queden completamente sumergidas.
Conviene cubrir el recipiente con un material transpirable. El objetivo es permitir la fermentación y, al mismo tiempo, limitar el acceso de insectos. Deje reposar la mezcla aproximadamente dos semanas. Durante ese tiempo se produce la fermentación y los nutrientes se van liberando poco a poco en el líquido. Cuente con un olor intenso, por eso es sensato colocar el recipiente lejos de la casa, la terraza o las zonas donde suele sentarse.
Cuando la mezcla deja de hacer espuma, normalmente está lista. Entonces puede colar el líquido, aunque no es imprescindible si no le molestan los restos vegetales en la regadera. Lo importante es una sola cosa: antes de usarlo, dilúyalo siempre para que el abono no sea demasiado fuerte para las raíces.
Dilución y aplicación, para que las calabazas no se mueran por exceso
Lo más seguro es ceñirse a la proporción probada de dilución 1 parte de fermentado por 10 partes de agua. Así diluida, la mezcla aporta nutrientes sin quemar las raíces ni provocar un shock innecesario. Aplique el abono al pie, no sobre las hojas, y preferiblemente cuando no haya sol fuerte, es decir, a primera hora de la mañana o al atardecer.
Durante la temporada, suele funcionar bien abonar aproximadamente una vez cada dos semanas. Si las plantas están débiles o el suelo es pobre, la regularidad puede ser clave, pero sigue siendo cierto que es mejor una dosis suave repetida que un abonado excesivo de una sola vez.
Para qué plantas no conviene el fermentado de ortiga
Aunque es un aliado bastante “todoterreno”, no a todos los cultivos les sienta bien. Por lo general no se recomienda para algunas especies que reaccionan peor a este tipo de nutrición, típicamente, por ejemplo, las leguminosas o el ajo. En cambio, las calabazas y otras hortalizas de fruto suelen tolerarlo muy bien y saben aprovecharlo al máximo.
Qué aporta a las calabazas y por qué es una opción más respetuosa

El principal beneficio es una nutrición de rápida disponibilidad en forma natural. Una planta fuerte suele resistir mejor plagas y enfermedades y afronta con más facilidad periodos de sequía o noches más frescas. Además, para muchos cultivadores también es importante que se trate de una solución sin química, que no carga el suelo ni las aguas subterráneas.
El purín de ortiga también puede aprovecharlo en otros cultivos con necesidades de nutrientes similares, por ejemplo, tomates, pimientos, pepinos o calabacines. Aun así, siempre manda la dilución correcta y una frecuencia sensata.
Trabajos de otoño con el suelo tras la cosecha de calabazas
El cuidado no termina con el último fruto. Tras la cosecha, compensa mullir la tierra y reponer lo que las calabazas han agotado durante la temporada. Precisamente en otoño puede adelantar mucho trabajo para el año siguiente, porque los nutrientes tienen tiempo de integrarse y el suelo se estabiliza durante el invierno.
El fermentado de ortiga también puede usarse para un abonado final del bancal, o bien complementarlo con compost o estiércol bien hecho, que ayudan a mejorar la estructura del suelo y su capacidad para retener agua. Un suelo sano es la base, y el uso regular de materiales orgánicos mantiene los bancales en buena forma a largo plazo.
Resumen práctico para una cosecha abundante
Si quiere dar a sus calabazas una nutrición natural y eficaz, el purín de ortiga es una opción sencilla que casi no cuesta nada. Basta con recoger ortigas, dejarlas fermentar, diluir bien el abono y aplicarlo de forma regular al pie. La recompensa suelen ser plantas más vigorosas y frutos con más posibilidades de alcanzar un buen tamaño, incluso sin intervenciones químicas.
Fuente: NDR, Mud and Bloom, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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