Septiembre no es el final, sino el inicio del sprint definitivo en el jardín y los parterres
Septiembre suele ser uno de los meses más ajetreados para quienes cuidan el huerto y el jardín. El verano se despide poco a poco, pero la temporada en el jardín aún está lejos de terminar. Al contrario: se alterna la cosecha con la plantación y, a la vez, es el momento ideal para empezar a pensar en la próxima campaña. Quien dedique ahora unas horas a planificar y a cuidar, se ahorrará trabajo en primavera y ganará ventaja con flores más tempranas y bancales más sanos.
La planificación de la primavera empieza ya
Precisamente en septiembre merece la pena sembrar anuales resistentes que pasan el invierno y en primavera recompensan con una floración abundante. Van bien, por ejemplo, las eschscholzias, las acianas o los tagetes. El suelo sigue templado tras el verano, las semillas germinan más rápido y las plantas tienen tiempo de fortalecerse antes de que refresque. Gracias a ello, en primavera arrancarán con ventaja frente a siembras más tardías.
Septiembre es también el momento principal para plantar bulbos de floración primaveral. Narcisos, crocus, jacintos y también los fritilarios, a menudo llamados “piel de serpiente” por el dibujo de sus flores, se plantan ahora para que enraícen bien. Además de belleza, aportan otra cosa importante: alimento para abejas y mariposas que despiertan cuando todavía hay pocas flores en el paisaje.
Los bulbos pueden plantarse en parterres, en el césped y también en macetas. Es una tarea en la que se pueden implicar fácilmente los niños, porque el resultado en primavera es muy vistoso. Si quiere sacar el máximo partido a una maceta, pruebe la plantación en capas, la llamada “lasaña de bulbos”, en la que se colocan bulbos a distintos niveles según su época de floración. En primavera van abriéndose de forma escalonada y crean un efecto abundante, en varios pisos.

Dividir vivaces, una forma sencilla de conseguir nuevas plantas
El comienzo del otoño también es excelente para dividir y trasplantar vivaces que ya se han asentado y han formado matas grandes. Al dividir, rejuvenece la planta y, al mismo tiempo, obtiene nuevos plantones gratis. Una parte puede guardarla para ampliar la plantación y los excedentes, regalarlos a familiares o amigos. Al trasplantar, ayuda un riego a fondo para que las plantas se recuperen más rápido tras la intervención.
Cosecha de frutas y hortalizas en septiembre
Septiembre sigue siendo una época de cosecha en toda regla. Entre las frutas maduran manzanas, peras y también las frambuesas de otoño, que conviene recolectar con regularidad para que no se pasen y no atraigan plagas. En hortalizas, se van cosechando cebollas, judías, patatas tardías, calabacines, hinojo, tomates, berenjenas, remolacha, zanahorias y pimientos. Una parte de la cosecha conviene procesarla cuanto antes, pero muchos cultivos también se conservan bien si se recolectan en seco y se dejan orear un poco.
Siembras para una cosecha invernal de hojas
Quien quiera seguir cosechando hojas para ensaladas durante la parte más fría del año, puede continuar en septiembre con la siembra de especies resistentes. Funcionan muy bien la mizuna, la rúcula o los canónigos, que soportan temperaturas más bajas y permiten una recolección escalonada. También se pueden sembrar espinaca y pak choi, solo que les conviene un lugar protegido del viento frío y las heladas, por ejemplo junto a una pared, en un túnel o bajo una protección sencilla. Así alargará la temporada y tendrá verde fresco cuando en el jardín escasea.
Cuidados del césped después del verano

Tras un verano seco, el césped a menudo se ve cansado, se aclara por zonas y puede aparecer musgo o una capa de fieltro de materia muerta. Septiembre es el momento ideal para ayudarle a recuperarse, porque suele haber más humedad y el suelo todavía no se ha enfriado. Rastrillar los restos apelmazados y retirar el musgo ayuda a que la hierba respire mejor y absorba agua y nutrientes. Conviene resembrar las calvas para que durante el invierno no se instalen las malas hierbas.
Si quiere un césped que soporte mejor la sequía y, a la vez, sea más útil para la naturaleza, valore sembrar una mezcla amiga de los polinizadores, por ejemplo con presencia de trébol. El trébol aporta alimento a los insectos y, gracias a su resistencia, ayuda a mantener un aspecto verde incluso con menos riego. El resultado es una superficie que se ve bien, requiere menos agua y, al mismo tiempo, favorece la vida en el jardín.
Fuente: Mud and Bloom, Gardening Know How, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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