Píceas y abetos no sobreviven al calor, estas coníferas salvarán tu jardín
Las oscilaciones climáticas de los últimos años también se reflejan en lo que prospera a largo plazo en los jardines. Hay menos agua, los veranos son más largos y calurosos, los inviernos a menudo secos y la primavera corta. Quien no tenga posibilidad de regar con regularidad debe contar, al planificar las plantaciones, no solo con la idea estética, sino también con las necesidades reales de humedad de las plantas y con las condiciones que el jardín puede ofrecerles.
Por eso, entre los árboles y arbustos ornamentales van desapareciendo poco a poco especies que antes eran un clásico en los jardines checos. Además de arbustos amantes de la humedad, como las hortensias, los rododendros o las azaleas, cada vez más también lo sufren algunas coníferas. No significa que las coníferas vayan a desaparecer por completo, simplemente hay que elegir con más criterio y adaptar el cultivo a las nuevas condiciones.
Por qué las coníferas tradicionales se debilitan
Las píceas, los abetos o el tejo, que durante décadas se plantaban casi sin preocupación, hoy se enfrentan a una combinación de factores que no les favorece. El problema no son solo las temperaturas más altas y un menor volumen de precipitaciones, sino también un aire más seco y periodos largos sin humedad natural. En las especies procedentes de zonas de montaña, este cambio se nota de forma especialmente marcada.
En su estado se aprecia un follaje más ralo y con peor coloración. En las coníferas, además, la renovación de las acículas es más lenta que en los caducifolios, de modo que los daños permanecen visibles durante varias temporadas. Los árboles y arbustos debilitados se convierten entonces en un blanco más fácil para enfermedades y plagas. En la práctica se suman distintos insectos chupadores o masticadores, y una planta leñosa que antes no daba problemas empieza de repente a secarse por partes o por completo.
El riego y un abonado bien elegido pueden frenar muchas cosas, pero no siempre resuelven la situación. Si quieres seguir cultivando coníferas en el futuro, conviene elegir especies y cultivares que toleren la sequía de forma natural, o bien optar por formas más pequeñas, en las que las condiciones se pueden mantener mejor bajo control.
Estrategia de elección qué sustituir y qué reducir
Una de las vías es recurrir a especies de regiones más cálidas y secas, que reaccionan mejor a la falta de agua. Antes, su uso estaba limitado por el riesgo de heladas, pero con inviernos más suaves en muchas zonas eso pasa a ser un problema menor. En algunos grupos, además, aparecen cultivares más resistentes que se adaptan con mayor fiabilidad a nuestras condiciones.
También funciona muy bien lo que se conoce como miniaturización. Los cultivares enanos, de crecimiento lento o de rocalla consumen menos agua y es más fácil prepararles un sustrato adecuado. A menudo también pueden cultivarse en maceta, donde el riego y la nutrición se controlan mejor que en el suelo. En jardines más secos, por tanto, tiene sentido sustituir las grandes píceas y abetos por formas más pequeñas, o bien por pinos, enebros o cedros, según la ubicación y el tipo de suelo.
Los enebros como apuesta segura

Los enebros están entre las coníferas más fiables para condiciones más secas, también en la ciudad. En zonas urbanizadas el aire se reseca notablemente por el calor acumulado en las paredes y en las superficies pavimentadas, de modo que la elección de especies suele ser limitada. Los enebros, sin embargo, a menudo funcionan muy bien precisamente aquí.
Sus acículas a menudo se transforman en pequeñas escamas, que reducen la evaporación. Al comprar, es importante vigilar el tamaño final, porque algunos tipos rastreros pueden cubrir con el tiempo una superficie sorprendentemente grande. Si quieres mantener la plantación compacta, compensa elegir variedades menos vigorosas. Entre las formas bajas y ordenadas destacan los cojines de verde intenso de la variedad Andorra Compact, o la variegada Andorra Variegata, que aporta un acento más luminoso a la plantación.
Para espacios pequeños también va bien el enebro escamoso, que crece despacio, se mantiene bajo y conserva durante mucho tiempo una silueta compacta. En la práctica llama la atención por su capacidad para funcionar en emplazamientos más pedregosos o en suelos con mayor proporción de cal, siempre que tenga suficiente sol y el terreno no esté encharcado. Algunos cultivares tienen acículas muy punzantes y un porte muy denso, lo cual es una ventaja allí donde se busca una estructura firme y bien definida durante todo el año.
Píceas en época de sequía, mejor solo en versión enana
Las píceas son hoy un grupo más arriesgado de cara al cultivo a largo plazo en periodos secos. Si te decides por ellas, es más seguro ceñirse a cultivares enanos, de crecimiento lento, que no suponen tanta carga en cuanto al riego. Un ejemplo típico es la pícea blanca Conica. Aunque prefiere un suelo con humedad más uniforme, gracias a su crecimiento lento y a su menor tamaño es más fácil aportarle agua en el jardín que a un árbol grande.
Un principio similar se aplica a otras variedades bajas, útiles en rocallas, jardines de entrada, junto a accesos o en recipientes en terrazas. Es importante elegir un lugar soleado, porque la luz ayuda a mantener una forma densa y compacta. A la sombra, incluso las píceas enanas tienden a abrirse, clarearse y verse peor.
Si también te atraen las miniaturas de pícea común, cuenta con que muchas de ellas prosperan mejor en suelos sin un alto contenido de cal. Visualmente son muy decorativas, especialmente cuando su forma destaca sobre una superficie mineral clara, pero sin un pH y una permeabilidad adecuados pueden sufrir.
Pinos los ganadores de las temporadas más secas
Si hay coníferas que reaccionan positivamente a un clima más seco, son los pinos. Muchos proceden de zonas más cálidas o secas, o tienen una gran capacidad de adaptación. Una gran ventaja es también el distinto tipo de sistema radicular. Mientras que la pícea a menudo enraíza más superficialmente y se expande hacia los lados, los pinos forman raíces más profundas, con las que alcanzan mejor la humedad en capas inferiores del suelo.
Para ubicaciones más cálidas y secas es adecuado, por ejemplo, el pino negro, que tolera el calor y la falta de agua, y a menudo le van bien los suelos con mayor proporción de cal. Como la forma tipo suele ser robusta, para jardines habituales es mejor escoger cultivares más compactos, que mantengan un tamaño razonable y no se coman el espacio.
Una opción interesante es también el pino de las Montañas Rocosas, conocido por su buena tolerancia a la sequía. Son característicos sus acículas en fascículos de cinco y las pequeñas gotas blancas de resina sobre el follaje, que resultan decorativas incluso de cerca. De manera similar, con acículas de cinco, está también el pino de Weymouth, extraordinariamente adaptable a distintas condiciones. En los jardines destacan tanto las formas más redondeadas y pequeñas como los tipos de porte más marcado, incluidos los cultivares llorones.
Un aspecto fino y elegante lo ofrece el pino del Himalaya, con acículas largas y colgantes. No suele ser excesivamente exigente en agua, pero en zonas más frías las plantas jóvenes pueden necesitar protección invernal. Conviene tener en cuenta que incluso los cultivares más compactos suelen alcanzar con el tiempo aproximadamente la altura de una persona, por lo que hay que dejarles espacio suficiente.
Entre las especies europeas, en jardines secos se ha consolidado a largo plazo el pino de montaña. Crece como arbusto, sin un ápice dominante marcado, y a partir de él se han obtenido muchas variedades de jardín populares, de crecimiento contenido y forma compacta. Estos cultivares caben también en jardines pequeños, en rocallas o en plantaciones mixtas. La regla común para los pinos es su exigencia de luz, porque a la sombra se ahilan, se vuelven ralos y pierden su típico aspecto denso.
Cedros como alternativa mediterránea para zonas más cálidas

Los cedros lucen sobre todo donde tienen espacio para mostrar su carácter. En su tierra de origen alcanzan dimensiones monumentales y, también aquí, conviene contar con que funcionan como un gran ejemplar aislado. Su porte suele ser piramidal ancho y, en la madurez, a menudo se expanden más en anchura que en altura. El follaje recuerda al del alerce, pero a diferencia de este no es caduco.
En el mercado aparecen con mayor frecuencia el cedro del Líbano, el cedro del Atlas y el cedro del Himalaya. El más resistente al frío suele considerarse el cedro del Líbano, aun así conviene pensar el espacio de antemano, porque incluso las variedades más estrechas pueden tener un diámetro importante en la parte baja. No es necesario dar forma a los cedros con poda: por lo general son naturalmente densos y estéticamente equilibrados; la poda se utiliza más bien de manera excepcional.
El cedro del Atlas llama la atención por la coloración azulada de las acículas y por sus ramas horizontales marcadas, que con la edad resultan cada vez más ornamentales. Sin embargo, es menos adecuado para zonas muy frías y de montaña. El cedro del Himalaya suele tener una silueta más irregular y suave, y a menudo cultivares de color más claro. Son típicas las ramas que en las puntas se inclinan ligeramente hacia el suelo, lo que crea una impresión elegante, ligeramente llorona.
La exigencia común de los cedros es una ubicación soleada y un suelo bien drenado. En arcillas pesadas y en lugares encharcados no prosperan, porque las raíces sufren falta de aire. Si tu suelo retiene el agua, es mejor aligerarlo de forma notable antes de plantar y asegurar la evacuación del exceso de humedad.
Cómo preparar el emplazamiento para que las coníferas soporten la sequía
El éxito en zonas más secas no depende solo de la especie elegida. Igual de importante es la preparación del lugar. La base es un suelo capaz de retener agua y, a la vez, mantenerse permeable. En la práctica significa trabajar con un sustrato de calidad y una fracción orgánica allí donde el suelo sea demasiado arenoso, y por el contrario mejorar el drenaje allí donde la tierra sea pesada y arcillosa.
En nuevas plantaciones ayuda también un riego bien pensado, ya sea manual o mediante un sistema sencillo. En los primeros años tras la plantación, el aporte regular de agua es clave, porque las raíces aún se están extendiendo al entorno. La atención debería incluir también un abonado razonable, que refuerce la vitalidad y favorezca la formación de acículas sanas, y una revisión periódica del estado sanitario, para detectar a tiempo posibles enfermedades o plagas.
Principios prácticos para plantar de cara al futuro
En zonas más secas conviene priorizar grupos resistentes, especialmente enebros y pinos, y en su caso considerar cedros en ubicaciones más cálidas y con suelos drenantes. En píceas y abetos es más seguro elegir cultivares enanos y de crecimiento lento, que se mantienen con más facilidad en buen estado. En general, cuanto más pequeña y compacta sea la planta, más sencillo será garantizarle condiciones estables.
Si te importan las coníferas, piensa con antelación en el espacio, la luz y cómo vas a regar en periodos de sequía. La elección correcta del cultivar, una buena preparación del suelo y el control regular de la vitalidad son hoy, en coníferas, tan importantes como el propio diseño de la plantación.
Fuente: Cedar Nursery, BBC Gardeners World, iReceptář, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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