Para conseguir plantones fuertes no te saltes el repicado de tomates y pimientos en la siembra
Al cultivar tomates y pimientos desde semilla, a menudo se presta atención sobre todo a la siembra, el calor y el riego. Sin embargo, hay un paso que suele tener un impacto decisivo en cómo se verán los plantones dentro de unas semanas y en cuántos frutos acabarás cosechando. Ese paso es el repicado, es decir, separar y trasplantar a tiempo las plántulas jóvenes a sus propios recipientes. No se trata solo de comodidad al cultivar, sino de una manera de estimular las raíces, reducir la competencia entre plántulas y quedarte únicamente con los mejores ejemplares.
Qué significa el repicado y para qué sirve
El repicado consiste en trasplantar plántulas muy pequeñas desde una bandeja de siembra o un cajón compartido a vasitos o macetas individuales. En esta fase ya tienen una vitalidad básica, pero todavía se adaptan con facilidad a un nuevo recipiente. El trasplante les da más espacio y, sobre todo, permite que el sistema radicular se desarrolle en la dirección correcta.
Una parte importante del repicado suele ser recortar suavemente la raíz principal. Con ello se “obliga” a la planta a formar más raíces laterales y un fino entramado de raicillas. El resultado son plantones más compactos y resistentes, que gestionan mejor el agua y los nutrientes. Además, durante el proceso es fácil detectar qué plántulas son débiles, están deformadas o se quedan atrás, y conservar solo las más fuertes.
Cuándo es el momento adecuado
El mejor momento llega cuando aparecen las primeras hojas verdaderas. En tomates y pimientos suele ser aproximadamente entre 10 y 14 días después de la siembra, según la temperatura y las condiciones de luz. En ese punto las plántulas ya se mantienen erguidas, tienen las hojas bien coloreadas y un tallo lo bastante firme, pero las raíces aún no se han entrelazado.
Si se retrasa el repicado, las plántulas empiezan a competir en la bandeja por la luz y los nutrientes, y el sistema radicular se enreda. Entonces, al trasplantar, las raíces se desgarran más, las plantas se recuperan peor y pueden sufrir un choque de crecimiento notable.
Cómo repicar tomates y pimientos en la práctica
Primero prepara vasitos individuales o macetas pequeñas y llénalos con un sustrato de calidad para semilleros y propagación. El sustrato debe ser ligero y aireado, para que las raíces no se pudran y dispongan de suficiente oxígeno. En cada recipiente haz un hueco donde asentar la plántula.
Extrae las plántulas con cuidado, idealmente con un palillo, un pincho o una cucharilla. Sujétalas por las hojas, no por el tallo, porque se daña con facilidad. La raíz principal suele recortarse aproximadamente un tercio de su longitud, lo que favorece la ramificación. Después coloca la plántula en el hueco y rellena con sustrato.
En el tomate, una ventaja es que tolera plantarse más profundo. Puedes enterrar incluso parte del tallo, porque formará raíces adicionales y la planta quedará más estable. En cambio, los pimientos conviene plantarlos más o menos a la misma profundidad que antes, de modo que las hojas queden justo por encima de la superficie. Al final, presiona suavemente el sustrato y riega con agua reposada a temperatura ambiente.
Dónde colocar los plantones trasplantados y qué vigilar
Tras el repicado, las plantas necesitan mucha luz. Lo ideal es un alféizar luminoso o, si los días son cortos o la ventana no basta, un apoyo de iluminación. La temperatura debería rondar los 18 a 22 °C. Demasiado calor combinado con falta de luz provoca que los plantones se estiren y desarrollen tallos frágiles.
Conviene mantener la humedad ambiental y del sustrato más bien moderada. El encharcamiento es una causa frecuente de decaimiento, porque en una tierra permanentemente mojada las raíces respiran mal y pueden pudrirse. Al cabo de unos días, las plántulas suelen recuperarse, engrosar el tallo y empezar a crecer con rapidez.

Los errores más frecuentes que reducen el éxito
Uno de los mayores errores es repicar tarde. Las plántulas demasiado crecidas se extraen mal, las raíces se rompen y las plantas tardan más en recuperarse. Otro problema suele ser la falta de luz tras el trasplante. Entonces los plantones se disparan en altura, se debilitan y más adelante les cuesta más cuajar frutos.
También es habitual regar en exceso. En lugar de riegos frecuentes, es mejor regar con moderación y solo cuando la superficie del sustrato se note más seca al tacto. Si quieres reducir el riesgo de enfermedades, ventila y evita sobrecalentar la habitación donde tengas los plantones.
Un buen arranque se refleja en la cosecha
El repicado puede parecer un trabajo extra, pero en realidad mejora notablemente la calidad de los plantones y, con ello, la probabilidad de una cosecha abundante. Las plantas con raíces densas toleran mejor el trasplante al bancal, se desarrollan antes y suelen ser más resistentes a los cambios de tiempo. Si dedicas a este paso tiempo y calma, la temporada te lo devolverá con plantas sanas y tomates y pimientos sabrosos.
Consejo: Si tienes poco espacio en el alféizar, pueden ayudarte las pastillas prensadas de turba o las bandejas alveoladas para plantel. La manipulación suele ser más sencilla y el trasplante al bancal se hace con menos alteración de las raíces.
Fuente: Přírodní zahrada, Gardenly, Šikulio, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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