Los tomates pueden dar más frutos si sigues nuestras reglas probadas para una cosecha abundante
El cultivo de tomates suele ser sorprendentemente sencillo si ayudas a las plantas a tiempo con unos cuantos pasos prácticos. Cuando se combinan buena luz, un riego razonable y un abonado bien planificado, la recompensa son frutos más grandes, jugosos y dulces. Además de los cuidados básicos, existen prácticas menos conocidas que mejoran la polinización, fortalecen las raíces y reducen el riesgo de enfermedades. Las siguientes nueve reglas se pueden aplicar tanto al aire libre como en invernadero, y la mayoría las podrás hacer sin herramientas especiales.
Estimula la floración con un pulverizado de ácido bórico
Durante la floración puedes tratar los tomates con un pulverizado suave de una disolución débil de ácido bórico. El boro ayuda a la polinización y al cuajado, de modo que se mantienen más flores en la planta y se forman más tomates. Los horticultores también notan que los frutos suelen tener un sabor más intenso y que la planta emite nuevos brotes con más facilidad. Por lo general basta con disolver 10 g de ácido bórico en 10 litros de agua y aplicar una o dos veces durante la floración, siempre de forma fina y uniforme.
En el invernadero sustituye el viento por un ligero sacudido
El invernadero protege del mal tiempo, pero a menudo falta circulación de aire y también insectos que polinicen las flores de forma natural. Por eso ayuda sacudir ligeramente la planta o directamente los ramilletes florales cada pocos días. Así el polen se desplaza con más facilidad y mejora el cuajado. Después conviene regar ligeramente el suelo y ventilar el invernadero para reducir la humedad y que las flores se sequen rápido.
Orienta los bancales del invernadero para que reciban más luz
En los tomates, la cosecha también depende de lo bien que llegue el sol. En invernadero suele recomendarse disponer los bancales de este a oeste, porque así las plantas aprovechan mejor la luz de la mañana y se sombrean menos entre sí. Gracias a ello crecen de forma más homogénea, florecen mejor y, con buenos cuidados, ofrecen una producción más alta y estable.
Unas raíces fuertes son la base de frutos grandes
Cuanto más rico es el sistema radicular, más fácilmente la planta absorbe agua y nutrientes, que luego envía a los frutos. A los tomates les beneficia aporcar tierra al tallo de forma regular, sobre todo cuando en la base aparecen pequeños bultitos de los que pueden salir nuevas raíces. También ayuda mucho el acolchado, por ejemplo con paja, hierba cortada o compost. El acolchado conserva la humedad, limita las malas hierbas y mejora el microclima del suelo, de modo que las raíces no sufren los cambios de temperatura.
Aprovecha los restos de plantas sanas como abono natural
Si las plantas han estado sanas durante la temporada, no hace falta tirar todos los restos sin pensarlo. En otoño se pueden triturar e incorporar al suelo, donde se descomponen poco a poco y enriquecen el bancal con materia orgánica. En primavera el suelo suele quedar más suelto y fértil, lo que facilita el arranque de las nuevas plantitas. Este método solo es adecuado si en las plantas no han aparecido enfermedades graves, para no trasladar el problema a la temporada siguiente.
Elimina los chupones con regularidad, pero con tacto
Los brotes laterales, los llamados chupones, le quitan energía a la planta, energía que podría dedicar a formar flores y a madurar los frutos. Quitarlos de forma periódica ayuda a mantener la planta más aireada y enfocada en la producción. Es práctico no dejar la herida pegada del todo al tallo, sino conservar un pequeño trocito del brote, porque así a menudo se ralentiza el rebrote rápido en el mismo punto.
Retira las hojas inferiores poco a poco durante la maduración
En cuanto los frutos empiezan a madurar, conviene ir quitando las hojas más bajas, especialmente las que tocan el suelo. Mejora la circulación de aire entre las plantas y disminuye el riesgo de mildiu y otras enfermedades que se ven favorecidas por ambientes húmedos y densos. Es importante hacerlo de forma gradual y dejar suficiente superficie foliar; lo ideal es retirar aproximadamente de una a tres hojas por semana según el estado de la planta.
La nutrición foliar aporta rápidamente los nutrientes necesarios
Los tomates responden bien al abonado por vía foliar, porque los nutrientes llegan a la planta más rápido que a través del suelo. Según la necesidad, se puede usar por ejemplo una disolución con urea, nitrato cálcico o una mezcla de suero con yodo, que muchos cultivadores eligen también para apoyar la vitalidad. La nutrición foliar es especialmente útil en periodos en los que la planta necesita ayuda rápida, por ejemplo con cambios de tiempo o al inicio de una floración intensa y la formación de frutos.

Para un sabor más dulce, elige una nutrición equilibrada y la ayuda de la ceniza de madera
En la etapa de fructificación conviene no pasarse con los abonos orgánicos, porque un exceso de nitrógeno puede favorecer un crecimiento exuberante de hojas en detrimento del sabor y la maduración. Para obtener tomates más dulces se suele recomendar la ceniza de madera, que aporta minerales y puede influir positivamente en el sabor de los frutos. Como complemento también puede usarse un abono casero de levadura, que estimula la planta y le aporta algunos nutrientes para seguir creciendo. Aun así, siempre es importante observar la respuesta de las plantas y adaptar los cuidados a las condiciones concretas del jardín o del invernadero.
Cómo mantener una cosecha estable durante todo el verano
Si combinas el apoyo a la polinización, el desarrollo de las raíces, el aligerado progresivo de la planta quitando brotes y hojas innecesarios, y un abonado sensato, los tomates sufrirán menos estrés y producirán durante más tiempo. La mayor diferencia suele marcarla la constancia: pequeñas intervenciones continuas en lugar de medidas radicales de una sola vez. Así obtendrás más frutos, uniformes, bien coloreados y con un sabor más intenso.
Fuente: To je nápad, Gardenly, Graderner’s World, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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