Hojas amarillas en el pepino como señal de alarma, actuar a tiempo evita perder cosecha
Los pepinos están entre las hortalizas que también puede sacar adelante una persona principiante, siempre que la planta tenga calor, luz, riegos regulares y suficientes nutrientes. Pero en cuanto las hojas empiezan a palidecer y a volverse amarillas, es una señal de que las plántulas no van bien. El amarilleo puede aparecer ya en la ventana durante el semillero, pero a menudo se manifiesta poco después del trasplante al bancal o al invernadero. Si pasa desapercibido, la planta ralentiza el crecimiento, cuaja peor los frutos y puede volverse más vulnerable a enfermedades y plagas. Por eso es clave encontrar la causa y actuar cuanto antes.
Riego insuficiente o irregular
La causa más habitual de las hojas amarillas suele ser el agua. A los pepinos les gusta un suelo siempre ligeramente húmedo, pero no soportan alternar sequía con un riego excesivo después. Cuando el sustrato se seca repetidamente, la planta responde con estrés y las hojas empiezan a perder color. En cambio, un suelo encharcado de forma continua aumenta el riesgo de pudrición de raíces y el desarrollo de hongos, de modo que el amarilleo puede parecer similar, aunque la causa sea la contraria.
En días calurosos, los pepinos a menudo necesitan agua a diario, idealmente por la tarde y dirigida a la raíz. Regar sobre las hojas, sobre todo en invernadero, favorece las enfermedades. El objetivo correcto es una humedad constante, sin charcos y sin periodos largos de sequedad.
Cuando a las plantas les faltan nutrientes, sobre todo nitrógeno
Otro culpable frecuente es la falta de nutrientes. Los pepinos crecen rápido y pueden agotar los nutrientes del suelo en poco tiempo, especialmente si la tierra es ligera o se riega con frecuencia. El síntoma suele ser el palidecimiento y el amarilleo de las hojas, a menudo primero en las partes más viejas de la planta. En la práctica, lo más común es un aporte bajo de nitrógeno, importante para la masa verde.
Puede ayudar un abonado rápido con fertilizante líquido. También funcionan bien opciones caseras, por ejemplo, abono de estiércol de gallina, o una infusión de gallinaza peletizada disuelta en agua. También se puede usar purín de ortiga o un fermentado de hierbas, si lo tiene preparado. Es importante no excederse con la dosis para no quemar las raíces y, tras abonar, regar la planta con normalidad.
Plagas: pulgones y araña roja
El amarilleo también puede aparecer cuando las plantas son atacadas por plagas que chupan la savia. Lo típico son los pulgones o la araña roja. El pepino se debilita, las hojas amarillean, pueden retorcerse y acabar secándose. Por eso conviene revisar las hojas con regularidad también por el envés, donde estas plagas se concentran con más frecuencia.
Si detecta la infestación a tiempo, a menudo basta con un tratamiento casero, o bien un producto del centro de jardinería. Es mejor intervenir cuanto antes, porque las plagas se multiplican rápidamente y una planta debilitada cae con más facilidad en otros problemas.
El mildiu del pepino empieza de forma discreta con manchas amarillas
Las enfermedades fúngicas son traicioneras porque, en fases tempranas, no parecen graves. Los primeros síntomas suelen ser manchas amarillas que poco a poco se convierten en manchas marrones y las hojas se van muriendo. En cuanto este proceso se pone en marcha, hay que reaccionar casi de inmediato; si no, el hongo se propaga por toda la planta y también a los cultivos cercanos.
Conviene retirar y eliminar las hojas afectadas lo antes posible, no dejarlas sobre el bancal. Después, toca aplicar un tratamiento. Como opción suave se utiliza una decocción de cola de caballo. Si tiene en casa peróxido de hidrógeno al 3%, puede preparar una solución sencilla en proporción de una parte de peróxido y cuatro partes de agua reposada, que se aplica a la planta según sea necesario.
La prevención, la que más trabajo ahorra
La forma más fiable de limitar el amarilleo y las pérdidas posteriores es la prevención. Riegue a la raíz y mantenga distancias razonables para que las hojas se sequen rápido y el aire pueda circular entre las plantas. En pepino largo, cultivar en una malla ayuda, porque las hojas no quedan apiñadas y se retiene menos humedad. En el invernadero, ventile con regularidad, sobre todo tras días calurosos y cuando hay mayor humedad ambiental. Y no olvide un abonado equilibrado: una planta bien nutrida suele estar en mejor condición y soporta la presión de enfermedades y plagas mucho mejor.
Fuente: The Spruce, RHS, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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