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Acolcha con criterio, ahorrarás agua, frenarás las malas hierbas y mejorarás la estructura del suelo

June 20, 2026 · 5 min de lectura · Jarmila M.
Acolcha con criterio, ahorrarás agua, frenarás las malas hierbas y mejorarás la estructura del suelo
Acolchado de árboles / Foto: Pestrazahrada
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El mantillo o acolchado es una capa suelta de material extendida sobre la superficie del suelo. Se usa tanto sobre la tierra desnuda en los bancales como sobre la superficie del sustrato en macetas. El objetivo más habitual es conservar la humedad, frenar el crecimiento de las malas hierbas y mejorar poco a poco el suelo. Además, ayuda a unificar visualmente los parterres y reduce el tiempo que, de otro modo, dedicarías a regar y escardar.

Un acolchado bien elegido y aplicado ayuda en verano a que el suelo no se seque, y en invierno, en cambio, facilita que las precipitaciones penetren en la tierra y puede proteger las raíces de los cambios bruscos de temperatura. Las semillas de malas hierbas germinan peor sin luz, así que el mantillo actúa como una barrera natural. En los cultivos comestibles, además, crea una capa protectora que evita que los frutos queden apoyados directamente sobre la tierra.

Principales beneficios del acolchado en la práctica

El acolchado se asocia sobre todo con la retención de agua, pero tiene más efectos. La capa superficial reduce la evaporación, de modo que el agua permanece más tiempo en la zona de raíces y riegas con menos frecuencia. Al mismo tiempo, amortigua los extremos de temperatura, algo útil tanto en los calores del verano como en el periodo invernal. Algunos tipos de acolchado aportan al suelo materia orgánica y nutrientes, lo que favorece a los organismos del suelo y mejora su estructura.

En algunos materiales también se cuenta con ventajas adicionales, como el efecto decorativo o un ligero reflejo o absorción de la radiación solar. Las superficies más oscuras se calientan antes en primavera; las más claras, en cambio, pueden proteger mejor las raíces del sobrecalentamiento en días de calor intenso.

Acolchados biodegradables

Los acolchados orgánicos y biodegradables se descomponen con el tiempo y pasan a formar parte del suelo. Así aumentan de manera natural el contenido de materia orgánica y pueden mejorar tanto la capacidad de retención de agua como la esponjosidad del terreno. En la práctica, esto implica que, cuando la capa se degrada, hay que renovarla, porque con el tiempo va desapareciendo y adelgazando.

Entre los materiales de uso común están el compost de buena calidad, el mantillo de hojas, el estiércol bien hecho, la astilla de madera, la corteza, la paja (muy utilizada, por ejemplo, en fresas) o incluso las algas marinas. Es importante que el material orgánico no esté contaminado con semillas de malas hierbas ni con restos de plantas enfermas, porque podría trasladar problemas a los bancales sin querer.

Acolchado de arbustos frutales / Foto: Pestrazahrada
Acolchado de arbustos frutales / Foto: Pestrazahrada.cz

Acolchados no biodegradables y capas de cobertura

Los acolchados no biodegradables no nutren directamente el suelo ni mejoran de forma notable su estructura, pero a menudo controlan muy bien las malas hierbas y reducen la evaporación. Además, pueden resultar muy estéticos, por lo que en parterres y macetas se usan distintos tipos de áridos decorativos. En la práctica puede ser pizarra, canto rodado, grava, gravilla y otros áridos ornamentales, o bien conchas u otros materiales inertes para el cultivo en maceta.

Con los materiales artificiales conviene ser prudente, porque algunos plásticos envejecen en el jardín, se desmenuzan y pueden dejar residuos no deseados. Si utilizas mallas antihierbas o telas de cobertura para bancales nuevos, es esencial elegir las que dejan pasar el agua. Una capa impermeable puede hacer que el agua escurra por la superficie y cause problemas de drenaje en otras zonas de la parcela. La malla en sí no suele ser muy atractiva a la vista, por eso a menudo se cubre con una capa fina de corteza o de grava para que se integre mejor en el jardín.

Cuándo es mejor añadir el acolchado

Lo más habitual es reponer el acolchado desde mediados hasta finales de primavera y en otoño. En primavera la ventaja es que muchas malas hierbas anuales aún no han germinado y las vivaces a menudo están empezando a brotar. El momento otoñal viene bien cuando las plantas entran en reposo y los bancales se preparan para el invierno.

En plantaciones nuevas, sin embargo, no tienes por qué esperar a una estación concreta. Si el objetivo es controlar las malas hierbas y estabilizar la humedad, el acolchado puede aplicarse prácticamente en cualquier época del año, siempre que el suelo no esté helado y puedas extender el material sobre la tierra húmeda.

Cómo aplicar bien el acolchado para que funcione

Primero hay que limpiar el bancal de malas hierbas y colocar el acolchado sobre suelo húmedo. En los acolchados orgánicos es clave un grosor suficiente. Para que el efecto se note, conviene apuntar como mínimo a 5 cm, idealmente alrededor de 7,5 cm. Una capa demasiado fina deja pasar la luz y las malas hierbas encuentran rápido la salida; además, un acolchado escaso se seca antes.

Al acolchar parterres completos, procura no cubrir tanto las plantas bajas que las asfixies. En plantas leñosas es importante amontonar el material dejando separación respecto al tronco o al tallo. El mantillo apretado contra la corteza puede mantener un exceso de humedad y provocar reblandecimiento de los tejidos, aumentando el riesgo de enfermedades. En árboles y arbustos grandes suele funcionar bien acolchar al menos hasta la proyección del borde de la copa, porque ahí se concentra una parte importante de las raíces activas.

Si estás creando un bancal nuevo y utilizas una malla de cobertura, puedes hacer cortes y plantar directamente a través de ella. Después, la superficie puede rematarse con una capa decorativa, que además ayuda a mantener la tela en su sitio.

Acolchado de fresas / Foto: Pestrazahrada
Acolchado de fresas / Foto: Pestrazahrada.cz

Cuándo conviene limitar o prescindir del acolchado

No a todas las plantas les sienta bien un entorno húmedo de forma prolongada en el cuello. En algunas especies mediterráneas tapizantes, por ejemplo en ciertos tomillos rastreros, el acolchado puede retener demasiada agua junto a tallos y hojas. En estos casos suele ser más práctico dejar la superficie más abierta o elegir un material seco y más aireado, aplicándolo con mayor separación respecto a las plantas.

Posibles problemas y cómo evitarlos

El acolchado suele dar pocos problemas si se coloca bien. El error más frecuente es el contacto directo con los troncos y tallos de plantas leñosas, que puede favorecer la pudrición y las infecciones posteriores. Otro riesgo es la calidad del material. Con proveedores poco fiables puede ocurrir que introduzcas en el jardín semillas de malas hierbas, plagas o enfermedades. En la astilla de madera a veces se menciona un pequeño riesgo de introducir problemas graves del suelo, por lo que conviene usar material de una fuente de confianza y no excederse con restos demasiado frescos.

La madera recién triturada o la hierba recién cortada pueden estimular la actividad de los microorganismos, pero durante la descomposición estos pueden consumir el nitrógeno disponible. Las plantas pueden sufrir temporalmente una carencia. Si tienes material muy fresco, lo sensato es dejarlo reposar unas semanas y usarlo después.

Tras acolchar, al principio puede ser necesario regar de manera que el agua llegue de verdad a las raíces bajo la capa. A largo plazo, sin embargo, el acolchado ayuda a que la lluvia infiltre mejor y reduce de forma notable la evaporación, por lo que la frecuencia de riego suele bajar. No es necesario retirar los fertilizantes antes de aplicarlo: normalmente se esparcen en superficie a finales de invierno y la lluvia los va incorporando poco a poco al suelo.

Las malas hierbas que aun así aparezcan es mejor arrancarlas a mano. Escardar con azada puede dañar las raíces de vivaces y leñosas bajo la superficie. Cuando el acolchado se vaya descomponiendo, basta con añadir otra capa. Con los áridos puede ocurrir que, si la capa es demasiado fina, se mezcle con el suelo y entonces las malas hierbas se establezcan con más facilidad en la superficie.

En los acolchados orgánicos es habitual que aparezca en el suelo o en la capa un micelio blanco filamentoso. Por lo general son hongos inofensivos que participan en la descomposición de la materia orgánica. No hace falta retirar el mantillo ni remover nada; en la mayoría de los casos es un proceso natural y beneficioso.

Cuánta agua se puede ahorrar gracias al acolchado

El acolchado orgánico se transforma con el tiempo en componentes que mejoran la capacidad del suelo para gestionar el agua. Además de reducir de inmediato la evaporación, aporta un efecto más duradero en forma de una mejor estructura del terreno y un mayor contenido de humus. En la práctica, esto supone menos oscilaciones de humedad y una mayor resistencia de los bancales a la sequía, lo que facilita pasar a métodos de riego más eficientes y aprovechar mejor el agua de lluvia.

Fuente: Rhs, Almanac , Pestrazahrada.cz

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