Cuándo tolerar las malas hierbas en el jardín y cuándo toca desherbar a fondo
Las malas hierbas tarde o temprano aparecen en casi cualquier jardín. Para muchas personas son automáticamente el enemigo: estropean el aspecto de los parterres y le quitan espacio a las plantas cultivadas. Otros, en cambio, descubren que algunas especies silvestres pueden tener su lugar en el jardín. La cuestión, por tanto, no es solo cómo deshacerse de ellas, sino también si siempre es necesario eliminarlas sin contemplaciones.
La forma de ver las malas hierbas es muy personal. Hay quien quiere los arriates impecables y quien prefiere un estilo más suelto y natural. Lo importante es comprender qué te aporta la hierba espontánea en un rincón concreto del jardín y qué te está quitando.
Cuándo pueden ser útiles las malas hierbas en el jardín
Es fácil caer en la sensación de que se trata de una batalla interminable. Arrancas las hierbas, te das la vuelta y a los pocos días vuelven a aparecer. Precisamente esa experiencia a veces hace que el jardinero se interese más por las plantas silvestres y descubra que no todas son un estorbo. Algunas pueden actuar como aliadas, si las mantienes dentro de unos límites razonables.
Apoyo a la vida en el jardín
Muchas malas hierbas atraen polinizadores y otros insectos beneficiosos. Las especies con flor aportan néctar y polen en momentos en los que las plantas ornamentales no están floreciendo. Además, algunas plantas espontáneas sirven de alimento para aves o pequeños animales. Si tu objetivo es un jardín más favorable a la naturaleza, unas cuantas “malas hierbas” bien elegidas pueden ser sorprendentemente valiosas.
Uso comestible y medicinal
Muchas plantas que suelen pasarse por alto pueden aprovecharse en la cocina y en la botica casera de hierbas. Con algunas se preparan infusiones; otras se han usado tradicionalmente en cataplasmas o como parte de ensaladas. Ejemplos típicos son los dientes de león, la pamplina, la ortiga, el llantén o la milenrama. En el jardín, entonces, no actúan solo como un invitado indeseado, sino como una fuente de recursos que tienes literalmente a la vuelta de la esquina.
Lo que hoy consideras una mala hierba, mañana puede ser una planta medicinal que buscarás a propósito.

Cobertura rápida del suelo y protección de taludes
Las malas hierbas son conocidas por su vitalidad, y eso a veces puede convertirse en una ventaja. Allí donde necesitas cubrir rápidamente el suelo desnudo, las especies menos agresivas pueden funcionar como cubresuelos provisional. Una vegetación más densa ayuda a limitar la desecación de la superficie y, en laderas, puede reducir el arrastre del suelo con la lluvia. Si eliges una especie que se pueda mantener a raya, obtendrás una alfombra verde con exigencias mínimas.
Mínimos cuidados en condiciones difíciles
Mientras que algunas plantas ornamentales requieren luz ideal, riego regular y abonado, las malas hierbas suelen crecer casi en cualquier sitio. A la sombra, al sol, en seco y en húmedo. Si tienes una parte del jardín donde las plantas cultivadas no prosperan, las especies silvestres resistentes pueden ser una solución temporal hasta que mejores el lugar.
Señal de lo que pasa en el suelo
A veces, las malas hierbas actúan como una pista indirecta. Cuando ciertas especies aparecen repetidamente en el mismo lugar, puede indicar el tipo de suelo, su compactación o una baja fertilidad. Donde prosperan plantas típicas de suelos pobres, a menudo ayuda añadir materia orgánica y mejorar la estructura en general. En otros sitios puede aparecer el trébol, capaz de enriquecer el suelo con nitrógeno. Aunque decidas limitarlo, la información que te ofrece puede ser muy práctica.
Belleza natural y diversidad
No todas las malas hierbas son feas. Algunas especies tienen flores encantadoras; otras, hojas interesantes o una estructura marcada. Las margaritas, los dientes de león, las violetas o la achicoria pueden resultar muy decorativas en el césped o en el borde de un arriate. En jardines de estilo naturalista, estas plantas pueden ser un aporte bienvenido.
Por qué a menudo es mejor eliminar las malas hierbas sin dudarlo
Aunque las plantas espontáneas tienen sus ventajas, hay situaciones en las que tolerarlas es más perjudicial que útil. Sobre todo en bancales de hortalizas, en plantaciones diseñadas al detalle o allí donde quieres minimizar los riesgos para tus plantas cultivadas, desherbar con regularidad suele ser una decisión sensata.
Alteración del aspecto y la impresión de un jardín cuidado
Mucha gente cultiva con una idea clara de cómo debe verse el espacio. Arriates ordenados, líneas limpias, plantones sanos y nada de caos. Las malas hierbas, por lo general, no encajan en esa imagen. Los parterres pueden parecer descuidados y abandonados, y la impresión general del jardín empeora innecesariamente, aunque por lo demás a las plantas no les falte nada.

Empeoramiento de las alergias
Algunas malas hierbas contribuyen de forma notable a la carga de polen. Si sufres alergias, permitir que las especies problemáticas florezcan y semillen puede hacerte más desagradable la estancia al aire libre. En lugar de disfrutar de la jardinería, aparecen los estornudos, el lagrimeo y el malestar, que a menudo se pueden reducir eliminando a tiempo las plantas, antes de que florezcan.
Competencia para las plantas cultivadas
Las malas hierbas les quitan a las plantas del jardín agua, luz y nutrientes. A menudo, además, tienen un sistema radicular más agresivo y un crecimiento más rápido, por lo que toman ventaja. El resultado puede pasar desapercibido, pero se nota. Menor vigor en las hortalizas, menos flores, menor cosecha o, en general, peor estado de vivaces y plantas de temporada. En zonas muy invadidas, las plantas cultivadas incluso pueden llegar a perderse por completo.
Riesgo de enfermedades y plagas
Las malas hierbas pueden servir de refugio para plagas que luego se trasladan con facilidad a los cultivos. Los macizos densos también empeoran la circulación del aire, lo que crea condiciones más favorables para problemas asociados a la humedad. Algunas plantas silvestres pueden ser, además, hospedantes intermedias de enfermedades y aumentar así la presión sobre la salud de todo el jardín. Si quieres que las hortalizas y las ornamentales sean lo más resistentes posible, mantener los bancales limpios suele ser el camino más sencillo.
Manipulación incómoda y cosecha más difícil
La parte práctica a veces es decisiva. Hay especies con espinas, garfios y cardos que pueden hacer el trabajo muy desagradable. Las malas hierbas también complican la recolección, sobre todo en cultivos de hoja bajos. En vez de recoger rápido, primero tienes que distinguir qué va a la cesta y qué se quita, y la cosecha se convierte en una tarea larga y cansada.
Cómo elegir tu propia estrategia
No existe una respuesta universal sobre si conviene tolerar las malas hierbas en el jardín o eliminarlas sin concesiones. Depende del estilo del jardín, de lo que cultives, de tus objetivos y de cuánto tiempo quieras dedicar al mantenimiento. Para algunos, las plantas espontáneas son un obstáculo antiestético; para otros, una fuente útil y parte de un jardín vivo.
En la práctica suele funcionar un término medio. Mantener limpios los bancales de hortalizas y las plantaciones sensibles, pero al mismo tiempo dejar algunas especies no invasoras allí donde tengan sentido, por ejemplo en bordes, en zonas menos usadas o en espacios destinados a insectos y aves. Lo importante es que seas tú quien marque los límites, y no la mala hierba.
Fuente: Gardening Know How , Pestrazahrada.cz
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