La poda otoñal de la vid decide la cosecha del año siguiente y el error más común es dejar demasiado
La poda otoñal es uno de los trabajos más importantes y tiene una influencia decisiva en cómo crecerá y fructificará la vid el año siguiente. Muchos viticultores cometen el mismo error. Por miedo, eliminan muy pocos brotes y dejan en la cepa casi todo lo que ha crecido durante la temporada. En primavera, la vid forma entonces una masa densa de hojas, se ventila mal y no dedica la energía a racimos de calidad. El resultado suelen ser racimos más pequeños y una maduración más lenta.
El objetivo de la poda no es debilitar la cepa innecesariamente, sino seleccionar los sarmientos con mejores condiciones para la próxima campaña. Precisamente, distinguir bien entre la madera útil y la sobrante decide la cosecha futura y el estado general de la planta.
Cuándo ponerse con la poda
El momento más adecuado llega tras la caída de las hojas, cuando la vid entra en reposo vegetativo. En ese punto, los sarmientos suelen estar mejor agostados y es más fácil reconocer qué partes están sanas y conviene conservar. Al mismo tiempo, no es recomendable retrasar el trabajo demasiado para que la poda no coincida con heladas fuertes. Los sarmientos helados son más frágiles, se quiebran con facilidad y se manejan peor.
La fecha exacta varía según la zona y cómo venga el tiempo. Lo más importante es observar la propia planta. Si las hojas aún se mantienen y la madera no está suficientemente madura, es mejor esperar unos días que precipitarse con la poda.
Qué eliminar de la cepa primero

En la poda de otoño, empiece por lo que es claramente innecesario o perjudicial. Primero elimine los sarmientos secos, rotos, dañados y enfermos. Esas partes ya no aportan nada a la planta y pueden convertirse en foco de problemas. Si en el material cortado observa signos de enfermedades, no lo deje tirado bajo la cepa.
Después, le toca el turno a los sarmientos débiles y demasiado finos. Por lo general agostan peor, resisten menos el invierno y en la siguiente temporada no aportarán tanto como la madera más fuerte. Deben tener prioridad los brotes vigorosos, sanos y bien desarrollados.
También conviene eliminar las puntas verdes y sin agostar. La madera madura suele tener color parduzco y es más firme, mientras que las partes verdes y blandas tienden a dañarse con las heladas. Según convenga, reduzca también los sarmientos que se dirigen hacia el centro de la cepa, se cruzan o se enredan entre sí. Así la planta queda más clara y mejor ventilada.
Qué sarmientos deben quedarse
Para la cosecha futura, los más valiosos son los sarmientos de un año bien agostados, los que han crecido en la temporada que termina. Deben estar sanos, firmes, de color pardo y con yemas bien formadas. A menudo se considera adecuada un grosor aproximado de 6 a 12 milímetros, pero siempre depende también de la variedad y del sistema de conducción.
En una vid conducida de forma habitual, a menudo se deja un sarmiento de fructificación y un pulgar de renovación. El sarmiento de fructificación es un sarmiento fuerte que se acorta normalmente a 6 a 10 yemas. De ellas brotarán en la nueva temporada los pámpanos que portarán la producción. El pulgar de renovación se sitúa más abajo y se corta por lo general a 2 a 3 yemas. Su función es formar los brotes del año siguiente, para poder renovar la parte productiva de la cepa.
Es mejor dejar pocos sarmientos fuertes y bien situados que muchos varas débiles que solo densifican la cepa y la agotan.
No se exceda con el número de yemas
Dejar el mayor número posible de yemas puede parecer el camino hacia una cosecha más alta, pero a menudo conduce al efecto contrario. Una cepa sobrecargada tiene que alimentar demasiados brotes, lo que puede traducirse en bayas más pequeñas, menor calidad de los racimos y una maduración más lenta. En lugar de concentrar el rendimiento, la vid reparte su fuerza en un exceso de crecimiento.
Por otro lado, una poda demasiado drástica tampoco es ideal. Sobre todo en cepas jóvenes, durante los primeros años es más importante formarlas correctamente que intentar obtener a toda costa la mayor producción posible. En la vid, el equilibrio entre crecimiento y fructificación es fundamental.
Qué hacer después de la poda

Al terminar, retire todas las partes cortadas de alrededor de la cepa. El material sano puede aprovecharse según las posibilidades del jardín, pero los sarmientos afectados conviene eliminarlos para que no queden como fuente de infección. Además, en zonas más frías hay que pensar en la protección invernal de las variedades más sensibles. La vid puede desatarse con cuidado del emparrado, bajarse al suelo y, si hace falta, protegerse de heladas fuertes.
Al cubrir, procure también que no se acumule humedad bajo la protección. El exceso de agua puede ser tan peligroso como la propia helada. Por eso, una poda otoñal bien hecha no es solo mantenimiento: es una preparación importante para la siguiente temporada. Ayuda a mantener la cepa sana, aireada y capaz de dar una cosecha de calidad.
¿Otoño o final del invierno?
La poda de otoño es una buena opción sobre todo donde se baja la vid para el invierno y se cubre, o en zonas más templadas con inviernos suaves. En ubicaciones más frías, como fecha principal de poda sigue recomendándose el final del invierno, es decir, de febrero a marzo.
Si poda ya en otoño, deje un margen de seguridad. En los sarmientos de fructificación deje 2–3 yemas más de las que busca como número final, y el acortado definitivo hágalo a finales de invierno. Si parte de las yemas se hiela durante el invierno, la cepa seguirá teniendo de dónde brotar y no perderá la cosecha. Con temperaturas por debajo de −5 °C, aplace la poda, porque la madera helada es quebradiza y se raja con facilidad.
Fuente: VittiScribe, ScrubHub, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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