Gardenino

Cuando las demás flores se apagan, los ásteres apenas empiezan y llenan el jardín de color

October 20, 2026 · 5 min de lectura · Jarmila M.
Cuando las demás flores se apagan, los ásteres apenas empiezan y llenan el jardín de color
Áster / Foto: Pestrazahrada.cz

Los ásteres, conocidos también como aster, están entre las plantas vivaces que entran en escena cuando la floración de verano en el jardín empieza a decaer. Justo entonces, sus flores parecidas a las margaritas se convierten en una fuente destacada de color y de vida. Florecen en tonos blancos, rosas, azules, violetas y púrpuras, y según la variedad pueden ir desde matas bajas y compactas hasta plantas altas que superan la rodilla y aún más.

La gran ventaja de los ásteres no es solo su aspecto. Son extraordinariamente atractivos para abejas, mariposas y otros polinizadores, que a finales de verano y en otoño buscan las últimas fuentes ricas de néctar. Después de la floración, además, forman semillas que aprovechan los pajarillos. Por eso, los ásteres aportan al jardín un valor ornamental y también ecológico.

Dónde plantar los ásteres

A estas plantas les va bien un emplazamiento al sol o en semisombra ligera. En zonas más frescas soportan muy bien el pleno sol; en ubicaciones más cálidas puede venirles bien estar protegidas del sol fuerte del mediodía. Crecen mejor en un suelo que conserve una humedad moderada, pero que a la vez drene bien el exceso de agua.

Lo ideal es un suelo franco y fértil, enriquecido con compost. La tierra pesada y encharcada puede provocar pudrición de raíces; en cambio, en suelos demasiado arenosos y que se secan rápido, las plantas sufren y se marchitan con facilidad. Antes de plantar conviene incorporar al parterre unos centímetros de compost bien maduro, que mejora la estructura del suelo y su capacidad para gestionar el agua.

Los ásteres encajan en arriates clásicos de vivaces, jardines de estilo rústico, plantaciones de aire naturalista, rocallas y también en macetas. Las especies más bajas van bien en primer plano; los cultivares altos, al fondo del macizo.

Cuándo y cómo plantar

La mejor época para plantar ejemplares jóvenes es de mediados a finales de primavera, cuando ya no hay riesgo de heladas. También pueden plantarse a finales de verano o a comienzos de otoño las plantas compradas en maceta, cuando en los viveros están en plena floración y es fácil elegir el color adecuado.

Las distancias dependen del tamaño final. Los tipos pequeños pueden ir más juntos; los ásteres más vigorosos necesitan aproximadamente hasta 1 m de espacio. Tras la plantación es importante un riego generoso y una capa de acolchado, que mantiene el suelo más fresco, frena las malas hierbas y ayuda a estabilizar la humedad.

Los ásteres también pueden cultivarse desde semilla. Sin embargo, la germinación no siempre es uniforme. En algunas especies ayuda un periodo de frío, que imita el reposo invernal y favorece el arranque del crecimiento.

Cuidados durante la temporada

Riego

Los ásteres necesitan riegos regulares, pero moderados. No les gusta ni la sequía prolongada ni un sustrato permanentemente encharcado. En los periodos de verano sin lluvia, es mejor regar con menos frecuencia, pero a fondo, para que el agua llegue a las raíces. Las plantas en maceta se secan más deprisa y requieren controles más frecuentes.

Abonado y acolchado

En un suelo de jardín normal, a la mayoría de los ásteres les basta un aporte de compost en primavera. En suelos ligeros y más pobres puede añadirse también un abono equilibrado. Un acolchado de compost o de materia orgánica bien descompuesta ayuda a mantener el suelo en buenas condiciones y favorece un crecimiento fuerte y una floración abundante.

Pinzado y recorte de brotes

Si busca una forma más compacta y más flores, a comienzos de verano puede recortar las plantas una o dos veces aproximadamente un tercio. Esta intervención favorece la ramificación y a menudo también limita el ahilamiento excesivo de las variedades altas. En los tipos más altos, aun así, conviene contar con tutores, sobre todo en lugares ventosos.

Los ásteres no son bonitos solo a la vista. Al final de la temporada funcionan como un pasto importante para los polinizadores y, tras la floración, ofrecen alimento y refugio a otros seres vivos.

Ásteres / Foto: Pestrazahrada.cz
Ásteres / Foto: Pestrazahrada.cz

Cuidados después de la floración y en invierno

Las flores marchitas pueden retirarse de forma continua si quiere prolongar la floración y mantener un aspecto más limpio. Pero no siempre es necesario. Muchos jardineros dejan los tallos secos y los capítulos con semillas durante el invierno, porque resultan interesantes, evitan que el jardín se vea vacío y sirven de alimento a las aves.

Cuando la planta se agosta, puede recortar las matas a ras de suelo. Más importante que la helada en sí suele ser el encharcamiento invernal, por lo que necesitan un terreno en el que el agua no se quede estancada. Para mantener la vitalidad a largo plazo, se recomienda desenterrar y dividir las matas cada dos a cinco años en primavera. Así la planta se rejuvenece y mantiene la calidad de la floración.

Multiplicación y autosiembra

La forma más sencilla de multiplicación es dividir las matas adultas en primavera. Así obtendrá nuevas plantas idénticas al cultivar original. Con las semillas la cosa cambia: las plantas obtenidas de semilla propia pueden diferir de la planta madre en color y porte. Conviene tenerlo en cuenta, sobre todo si quiere conservar el aspecto exacto de un cultivar favorito.

Posibles enfermedades y plagas

Aunque los ásteres suelen ser fiables y poco exigentes, pueden verse afectados por enfermedades fúngicas. Aparecen oídio, manchas foliares, distintos tipos de marchitez o podredumbres. La sensibilidad aumenta con un emplazamiento inadecuado, el exceso de humedad y también con la sequía. Entre las plagas, pueden aparecer pulgones, babosas, caracoles o pequeños ácaros.

La buena prevención se basa sobre todo en elegir bien el lugar, dejar separaciones suficientes, regar con moderación y escoger variedades resistentes. Una planta fuerte y bien enraizada soporta los problemas mucho mejor que un ejemplar debilitado en un suelo inadecuado.

Especies populares y qué esperar de ellas

En el mundo existen cientos de especies de áster, pero entre las más conocidas están los ásteres norteamericanos, como el áster de Nueva Inglaterra y el áster de Nueva York. Ambos grupos se valoran por su abundante floración otoñal y su gran atractivo para los polinizadores. Además, hay tipos aromáticos, de hoja lisa, de porte ericoide o de bosque, que se diferencian en altura, hábito y tonalidad de las flores.

Algunas especies europeas y asiáticas requieren, especialmente en invierno, un suelo más drenante; mientras que parte de los ásteres norteamericanos tolera mejor las condiciones habituales del jardín con mayor reserva de humedad. Por eso, al elegir conviene guiarse no solo por el color de las flores, sino también por las características del terreno.

Por qué darles un lugar a los ásteres en el jardín

Los ásteres están entre las vivaces otoñales más agradecidas. Ofrecen una floración larga y vistosa, funcionan en muchos estilos de jardín y además benefician tanto a los insectos como a las aves. Si les ofrece un sitio soleado, un suelo fértil y sin encharcamientos, y un rejuvenecimiento ocasional de las matas, le recompensarán con un rendimiento fiable cuando muchas otras plantas ya van terminando.

Fuente: RHS, Almanac , Pestrazahrada.cz

Compartir
Jarmila M.
Valora este artículo
5.0 (1)

Artículos relacionados

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar.

Deja un comentario