Cómo cuidar los rosales tras la primera floración para que vuelvan a florecer con fuerza
El final de junio y el comienzo de julio suelen significar que los pétalos de las rosas empiezan a caer y el macizo se ve apagado. En realidad, solo es una pausa breve en la que la planta recupera fuerzas. Si en esta fase la ayuda con los cuidados adecuados y una poda de verano, dirigirá la energía hacia la formación de nuevos capullos en lugar de hacia la innecesaria maduración de semillas. La recompensa suele ser una segunda oleada de floración y arbustos más sanos y vigorosos.
No espere a que las flores se sequen por completo
En cuanto vea flores pasadas o mustias, conviene ir retirándolas de forma regular. No es solo cuestión de estética. Los restos florales pueden pudrirse y convertirse rápidamente en una fuente de mohos y enfermedades fúngicas que después se extienden por toda la planta. Además, pueden servir de refugio a plagas. Al eliminar a tiempo las partes marchitas, también da espacio a las flores que aún se están abriendo y el rosal no invertirá energía innecesaria en formar escaramujos.
Tijeras afiladas y limpias, la base del éxito
Para podar rosales use unas tijeras que corten limpio. Una hoja roma aplasta el brote, deja una herida deshilachada y esta tarda más en cicatrizar. Ese daño puede debilitar todo el tallo y aumenta el riesgo de infección. Igual de importante es la limpieza de la herramienta. En las hojas se quedan con facilidad restos microscópicos de suciedad, esporas de hongos y bacterias, y al cortar puede trasladar el problema de un rosal a otro. Es práctico ir limpiando y desinfectando las tijeras, sobre todo si en alguna planta ve señales de enfermedad o ataque.
La técnica correcta de la poda de verano favorece la nueva floración
Cuando la mayoría de las flores se han pasado, por lo general no basta con cortar solo la cabeza al final del tallo. Para que vuelva a florecer, es mejor bajar un poco el corte para que el rosal emita un brote nuevo y fuerte. En el tallo, hacia abajo, primero encontrará hojas con tres foliolos; para este objetivo normalmente se omiten. Busque hojas con cinco foliolos, o incluso con siete según la variedad.
Haga el corte por encima de la primera o la segunda hoja de cinco foliolos que encuentre bajo la flor marchita. Deje aproximadamente dos centímetros por encima del punto de corte y corte en bisel, con un ángulo de unos 45 grados, para que el agua escurra con facilidad y no se quede retenida sobre los tejidos. Si además necesita dar forma al arbusto, puede bajar más, por ejemplo hasta la tercera o cuarta hoja de cinco foliolos. Es importante elegir una en la que la yema apunte hacia fuera del arbusto, para que la planta se mantenga aireada, bien iluminada y menos propensa a enfermedades.
Aproveche la poda para hacer una revisión rápida de salud
Tras la primera floración, los rosales suelen quedar más debilitados porque han invertido mucha energía en las flores. Justo entonces afloran con más facilidad problemas que de otro modo pasarían desapercibidos. Fíjese en hojas con manchas, polvillos o deformaciones y retire sin dudar las partes afectadas. Del mismo modo, corte las ramas secas, partidas o dañadas, ya que cicatrizan mal y consumen energía innecesariamente.
Revise también la aparición de los llamados brotes silvestres. Suelen ser de color verde claro, con hojas más finas y pequeñas; a menudo salen por debajo del punto de injerto y a veces tienen menos espinas. Estos brotes debilitan la planta y con el tiempo podrían imponerse, por lo que lo mejor es eliminarlos cuanto antes y lo más abajo posible, desde el punto del que nacen.

Después de la poda, vigile las plagas en los brotes jóvenes
En las semanas siguientes a la poda de verano, los rosales emitirán brotes nuevos, jugosos y a menudo rojizos. Precisamente estas partes tiernas atraen a las plagas, sobre todo a los pulgones y otros insectos chupadores. Merece la pena pasar por los rosales varias veces a la semana y revisar las puntas de los brotes y el envés de las hojas. Detectarlo a tiempo suele ser la forma más sencilla de evitar un debilitamiento mayor de la planta antes de la siguiente oleada de floración.
El riego y un abonado adecuado aceleran la recuperación y la formación de capullos
Tras la poda, los rosales necesitan suficiente humedad para activar rápidamente el nuevo crecimiento. Riegue siempre a la base y evite mojar el follaje, porque las hojas húmedas favorecen las enfermedades fúngicas. En días de mucho calor ayuda también una capa de acolchado, por ejemplo de corteza, que mantiene el suelo húmedo durante más tiempo y además lo protege del sobrecalentamiento.
El verano es también el momento del último abonado. Para favorecer la floración conviene un fertilizante con mayor proporción de fósforo y potasio. Pero no alargue demasiado la fertilización. A más tardar a mediados de agosto conviene terminar, para que los nuevos brotes tengan tiempo de madurar y lignificarse antes del invierno. Así el rosal afrontará el periodo frío con más fuerza y el año siguiente arrancará mejor.
Fuente: Gardener’s World, RHS, The Spruce, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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