Olvídate de escardar, cinco plantas silvestres frenan las malas hierbas y alegran el jardín
Las malas hierbas en el patio no tienen por qué ser solo un problema que te obligue regularmente a arrodillarte en los parterres con la azadilla. Cada vez gustan más los jardines naturales y silvestres, donde el aparente desorden se transforma en una plantación viva y bien pensada. El principio es sencillo: elegir especies resistentes que cubran el suelo con rapidez, compitan con las plantas no deseadas y, además, ofrezcan flores para abejas, abejorros y mariposas. Si les das el lugar adecuado, en una temporada pueden convertir un rincón deslucido en un oasis florecido.
Milenrama común, una todoterreno amante del sol

¿Tienes en la parcela una zona seca y pedregosa, donde el sol pega de la mañana a la noche y las vivaces habituales sin riego se vienen abajo enseguida? La milenrama común (Achillea millefolium) aguanta esas condiciones sorprendentemente bien. Forma tapices bajos y densos de hojas finas que cubren el terreno tanto que a otras malas hierbas les cuesta mucho abrirse paso.
Florece durante mucho tiempo, normalmente de junio a septiembre, y forma inflorescencias planas. Además del blanco clásico, también se encuentran cultivares en tonos salmón, amarillo intenso o rojo teja. Va muy bien junto a muros orientados al sur, en muretes secos y en suelos arenosos y pobres.
Geranio de pradera, un cubresuelos fiable para la semisombra

Bajo los árboles, junto a la valla o al lado del compost suele haber semisombra y, a menudo, más humedad. Justo ahí es donde a veces prosperan sobre todo las ortigas. El geranio de pradera (Geranium pratense) es una buena elección si quieres que el suelo se ponga verde rápido y quede “cerrado”, para que las semillas de malas hierbas no tengan oportunidad. Se extiende formando matas firmes y crea una cubierta continua que sombrea el terreno de manera natural.
En verano te recompensa con una gran cantidad de pequeñas flores azul violáceas o rosadas. En otoño, las hojas a menudo se tiñen de tonos bronce y rojos, así que también resulta atractivo después de la floración. Le van mejor los rincones algo más húmedos en semisombra, por ejemplo bajo las copas de los árboles o a lo largo de las vallas.
Stachys lanata y su suave alfombra plateada

La stachys lanata (Stachys byzantina) es conocida por mucha gente con el apodo de orejas de cordero. Sus hojas son densamente vellosas, de color gris plateado y con un tacto aterciopelado. Su gran ventaja es la capacidad de formar una cubierta muy compacta y difícil de atravesar, capaz de frenar incluso las malas hierbas más persistentes.
El tono plateado, además, ilumina visualmente los lugares que se ven sosos u oscuros. En verano aparecen espigas más altas con floración púrpura que atrae mucho a los abejorros. Plántala en bordes de caminos, taludes secos y ubicaciones soleadas con suelo más bien pobre.
Amapola silvestre para una romántica veraniega natural

Si tienes un trozo de tierra removida, un espacio vacío tras una obra o una parte del jardín donde solo se mantenían malas hierbas discretas, te ayudará la amapola silvestre (Papaver rhoeas). Es una planta pionera típica, a la que le encanta el suelo recién alterado y ocupa rápidamente las superficies libres. Basta con esparcir las semillas en primavera o en otoño y dejar que la naturaleza haga su trabajo.
Sus flores de rojo intenso tienen un aire libre y ligero, como un pedazo de pradera trasladado al jardín. Tras la floración quedan cápsulas decorativas, bonitas también para arreglos secos. Encaja en los bordes de la parcela, taludes, franjas poco cuidadas y zonas donde buscas un carácter de pradera natural.
Malva común como pantalla alta junto a la valla
¿Necesitas disimular rápido una valla vieja, una pared fea del cobertizo o, por ejemplo, unos palés almacenados? La malva común (Malva sylvestris) es una silvestre bianual o vivaz de vida corta que puede superar el metro de altura. Tiene tallos firmes y hojas grandes, por lo que funciona como pantalla verde.
Desde principios de verano hasta el otoño produce gran cantidad de flores llamativas con nerviación morado oscuro. A la vista recuerdan a un hibisco exótico, y sin embargo es una planta resistente y poco exigente. Plántala al fondo de los parterres, junto a muros y vallas o en cualquier lugar donde quieras aportar altura y estructura vertical.
Plan de fin de semana para crear un rincón silvestre
No hace falta darle la vuelta a medio patio de golpe. Elige un lugar bien delimitado, por ejemplo una franja a lo largo de la valla o una esquina junto a la caseta de jardín. Remueve el suelo una sola vez de forma somera y retira las matas de césped más grandes y las raíces marcadas de las malas hierbas perennes. Después planta de manera que las especies se ayuden entre sí: en semisombra coloca el geranio de pradera, al sol la milenrama común y la stachys lanata, en las zonas más sueltas y alteradas puedes sembrar amapola silvestre y, al fondo, añadir malva común.
Cubre de forma temporal los huecos entre plantones con corteza o gravilla fina hasta que el tapiz se cierre. En cuanto las plantas se unan formando una cubierta continua, las malas hierbas se impondrán mucho menos y el rincón empezará a verse cuidado, aunque conserve un aspecto naturalmente silvestre.
Fuente: Urob si sám, The Spruce, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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