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La poda de septiembre puede ser fatal para los arbustos mejor no tocar estas especies

September 15, 2026 · 5 min de lectura · Tomas Rohlena
La poda de septiembre puede ser fatal para los arbustos mejor no tocar estas especies
Lila / Foto: Depositphotos
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Septiembre y el inicio del otoño invitan a coger las tijeras, acortar ramas crecidas y dar a los macizos y a los arbustos un aspecto rápidamente ordenado. Pero precisamente en esta época se comete uno de los errores más frecuentes. No todas las plantas toleran igual la poda otoñal y, en algunas, una intervención en septiembre puede debilitarlas de forma notable o incluso dañarlas hasta el punto de que lleguen a la siguiente temporada en malas condiciones.

En determinadas especies, los expertos coinciden en que es mejor esperar con la poda. Acortar en septiembre puede activar procesos que dificultan a la planta prepararse para el invierno y, después, también afectan a la floración del año siguiente.

Por qué la poda de septiembre puede provocar un rebrote problemático

La planta interpreta el corte como una señal de que debe reponer la masa perdida. Tras podar, a menudo empieza a emitir brotes nuevos. Sin embargo, a finales de verano y a las puertas del otoño esto es una desventaja, porque normalmente no les da tiempo a madurar y lignificar antes de que lleguen las noches frías.

Basta con que las temperaturas bajen hasta 0 °C o con unas pocas noches muy frías para que los brotes tiernos y jóvenes se dañen con facilidad. En lugar de ir entrando poco a poco en reposo y cambiar al “modo invierno”, el arbusto se ve obligado a invertir energía en un crecimiento que en ese momento no le aporta nada.

La planta necesita reservas, no trabajo extra

Hortensia / Foto: Depositphotos
Hortensia / Foto: Depositphotos

Entre el final del verano y el otoño, la mayoría de arbustos leñosos y vivaces intenta almacenar nutrientes en las raíces y en la madera más vieja para tener de dónde tirar en primavera. Si en septiembre la obligamos a rebrotar, gastará parte de esas reservas en brotes nuevos. El resultado puede ser un debilitamiento general y una peor resistencia al frío.

Las plantas debilitadas sufren más a menudo daños por heladas, se recuperan peor tras el invierno y en la temporada siguiente pueden crecer más despacio. En especies más sensibles, también es más fácil observar una peor formación de yemas o una floración más escasa.

Brotes muertos, como una puerta abierta a las enfermedades

Las ramillas jóvenes dañadas, que el frío quema o destruye por completo, no son solo un problema estético. Las zonas que se necrosan y las heridas de poda pueden servir de entrada para distintas enfermedades. Además, el tiempo húmedo de otoño favorece la propagación de infecciones, de modo que una intervención pequeña puede convertirse en un problema a largo plazo que arrastre también al año siguiente.

En septiembre, a menudo lo mejor es no hacer nada de más y dejar que el arbusto termine tranquilo su preparación para el invierno.

Qué arbustos es mejor evitar podar en septiembre

Conviene extremar la prudencia con los arbustos que florecen a principios de primavera. Estos forman sus yemas para la siguiente temporada ya a finales de verano y durante el otoño. Si los recorta en septiembre, no solo puede perder parte de las ramas, sino también gran parte de las futuras flores.

Un ejemplo típico son las lilas. En ellas compensa esperar a después de la floración, cuando la poda tiene sentido y, a la vez, no se eliminan las yemas ya formadas. La misma lógica se aplica a otras especies populares, como las hortensias o los rododendros, en los que un corte mal programado puede reducir de forma notable la floración.

Deje tranquilos los perennes, las coníferas y las aromáticas sensibles

Rododendro / Foto: Pestrazahrada
Rododendro / Foto: Pestrazahrada

Las tijeras de septiembre tampoco son adecuadas para muchas plantas de hoja perenne, especialmente para las coníferas, que reaccionan más lentamente a las intervenciones y cuyos brotes nuevos pueden quedar vulnerables antes del invierno. En el caso de las aromáticas, suele mencionarse la lavanda: aunque admite el despunte para dar forma, las podas más fuertes es más seguro hacerlas en primavera, cuando se ve qué ha sobrevivido realmente al invierno.

Algo parecido ocurre con muchas rosas. Aunque las rosas se podan habitualmente, hacerlo en septiembre puede provocar un rebrote indeseado. Por eso, es más sensato planificar la formación y la poda principal en primavera y, en otoño, hacer solo ajustes muy suaves según el estado de la planta y el tiempo.

Pensar antes de cortar es mejor que la decepción después

El jardín en otoño necesita cuidados, pero más trabajo no siempre significa un mejor resultado. Podar en septiembre puede parecer un buen paso, pero en algunas especies conduce a debilitamiento, daños por heladas, mayor riesgo de enfermedades y también a la pérdida de floración en el año siguiente. Por eso conviene pensar no solo qué quiere recortar, sino sobre todo cuándo y por qué.

Si no está seguro, siga una regla sencilla. Pode los arbustos que florecen a principios de primavera solo después de la floración, y las especies propensas a dañarse con el frío es mejor tocarlas en primavera. En muchos casos, la opción más respetuosa es dejar las plantas tranquilas durante septiembre y darles tiempo para que se preparen solas para el invierno.

Fuente: Homes and Gardens, Real Simple, Old World Garden Farms, Pestrazahrada.cz

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Tomas Rohlena
Tomas Rohlena

Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.

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