El zamioculcas, casi indestructible, se muere en casa por un error que parece un buen cuidado
El zamioculcas se ha ganado su popularidad sobre todo porque aguanta incluso un cuidado poco constante. Es ideal para quienes a veces se olvidan de regar y también para los que están empezando a cultivar plantas. Esta planta procede del África oriental, donde se adaptó a condiciones más duras. Precisamente por eso sabe desenvolverse muy bien también en un piso, donde otras especies suelen sufrir.
Es característico por sus hojas firmes, brillantes y de un verde oscuro. Una parte importante de la planta son los tubérculos subterráneos, en los que almacena agua. Gracias a ello tolera mejor la sequía que el encharcamiento. Si queremos que se mantenga sano a largo plazo, es preferible ofrecerle un sustrato más bien seco antes que riegos demasiado frecuentes.
Qué condiciones le sientan mejor
Al zamioculcas le conviene un lugar luminoso con luz indirecta. También puede crecer en semisombra o en un rincón más sombrío, pero en ese ambiente su crecimiento suele ser más lento. El sol directo no le va bien, porque podría dañar las hojas y dejarles quemaduras. Se desarrolla mejor con una temperatura normal de interior, mientras que el frío y las corrientes de aire le perjudican.
También es importante un sustrato adecuado. Debe ser ligero y muy drenante, para que el agua no se quede mucho tiempo junto a las raíces. Puede ayudar añadir arena o perlita. Imprescindible es una maceta con agujero de drenaje, porque el exceso de agua es uno de los mayores riesgos para esta planta. No hace falta trasplantar a menudo. Lo mejor es hacerlo solo cuando de verdad se haya quedado sin espacio en el recipiente.
Riego y abonado sin errores innecesarios
En el zamioculcas se cumple una regla sencilla: menos suele ser más. Entre riegos, el sustrato debe secarse bien. En invierno el intervalo puede ser muy largo y a veces basta con regar una vez cada varias semanas. Mucho más frecuente que la falta de agua es el problema del exceso de riego, que puede provocar la pudrición de raíces y tubérculos.
El abonado también conviene mantenerlo al mínimo. En la época de crecimiento activo, desde primavera hasta finales de verano o comienzos de otoño, normalmente basta con abonar una vez al mes. En invierno es mejor prescindir de la fertilización, porque la planta descansa de forma natural y un exceso de nutrientes le haría más daño que bien. Se puede usar un abono habitual para plantas verdes de interior o uno destinado a suculentas, pero siempre en una dosis moderada.
Cuándo puede ayudar un apoyo natural casero

Aunque el zamioculcas no exige un abonado fuerte, un refuerzo natural suave puede sentarle bien. Si la planta lleva tiempo sin producir brotes nuevos, crece despacio o parece apagada, un pequeño aporte de nutrientes puede ayudar. Entre las opciones caseras más recomendadas están las cáscaras de plátano, que contienen potasio y otros minerales que favorecen el crecimiento de la parte aérea y de las raíces.
Con los fertilizantes naturales, sin embargo, hay que ser prudentes. Aunque actúan de forma más suave, un uso excesivo puede empeorar el estado del sustrato. Con los posos de café, por ejemplo, existe el riesgo de acidificar demasiado el suelo. Por eso siempre es mejor usar poca cantidad y observar cómo reacciona la planta.
Cáscara de plátano como abono casero sencillo
Una de las formas más accesibles de nutrición casera es aprovechar la cáscara de plátano. Puede utilizarse de varias maneras según lo que resulte más práctico para el cultivador. Para un zamioculcas de interior conviene sobre todo un fertilizante líquido o preparado de forma muy fina, que no cargue innecesariamente el sustrato.
Macerado de cáscara de plátano
La variante más sencilla es preparar un macerado. Ponga una cáscara fresca en un recipiente de aproximadamente un litro y cúbrala con agua templada. Después déjela reposar varios días. En cuanto el agua adquiera un aspecto turbio y ligeramente más denso, conviene diluir la solución con agua limpia y usarla para el riego. Este abono preparado así sirve tanto para plantas de interior como de exterior.
En el caso del zamioculcas, es sensato aplicar este tipo de aporte con moderación, por ejemplo sustituyendo un riego normal durante el periodo de crecimiento. Usarlo con demasiada frecuencia no sería beneficioso, porque esta planta no es de las que consumen muchos nutrientes.
Cáscara seca en polvo
Otra opción es hacer un polvo. Las cáscaras de plátano se cortan en trozos pequeños y se dejan secar. Puede hacerse de forma natural al aire o más rápido en el horno con un secado suave. Una vez completamente secas, se trituran hasta obtener un polvo fino. Se puede mezclar una pequeña cantidad en agua o añadirla con mucha cautela a la capa superior del sustrato.
Esta variante es más práctica para almacenarla durante más tiempo. Aun así, en el zamioculcas sigue siendo mejor usar dosis pequeñas, porque su sistema radicular agradece más unas condiciones estables que intervenciones marcadas.
Qué se puede esperar de un abono casero

Si la planta está sana, tiene una luz adecuada, una maceta correcta y no se riega en exceso, una nutrición casera suave puede favorecer la aparición de brotes nuevos. Pero por sí sola no hará milagros. Lo que más influye en el crecimiento sigue siendo el riego correcto, un sustrato drenante y suficiente luz indirecta. El abono es solo un complemento, no un sustituto de unas condiciones apropiadas.
El zamioculcas crece mejor cuando no se riega en exceso, tiene un sustrato aireado y recibe solo una nutrición moderada y regular durante el periodo de crecimiento.
Cómo favorecer brotes nuevos con seguridad
Si quiere que el zamioculcas emita tallos nuevos, ofrézcale sobre todo un ritmo tranquilo, sin extremos. Deje que la tierra se seque entre riegos, coloque la planta en un sitio luminoso sin sol fuerte y, durante primavera y verano, abone con moderación. El abono casero de plátano puede ser un buen complemento si se usa con sensatez. El éxito al cultivar esta planta de interior, poco exigente pero elegante, está precisamente en la moderación.
Fuente: Sady Ogrody, RHS, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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