La alimentación tardía de las abejas debilita toda la colonia, los apicultores conocen la fecha que no deben dejar pasar
El éxito de la invernada de una colonia depende sobre todo de si en la colmena hay suficientes reservas de calidad. Las abejas consumen mucha energía a lo largo del año y la miel que el apicultor retira hay que sustituirla. Si se descuida, durante los meses de invierno existe el riesgo de debilitamiento de la colonia o incluso de que muera de hambre. Las abejas fuertes y bien abastecidas se desarrollan más rápido en primavera y están listas para aprovechar las primeras floraciones.
Una colonia puede consumir a lo largo de la temporada decenas de kilos de reservas. Por eso no basta con pensar solo en la extracción de miel, sino también en lo que queda dentro para las propias abejas. Precisamente, reponer el alimento con criterio es uno de los pasos básicos de una apicultura responsable.
El momento más adecuado para alimentar
La clave es el calendario. Conviene reponer reservas ya a principios de agosto, o bien en el periodo inmediatamente posterior a la última cosecha importante de miel. La razón es sencilla: en esta época empiezan a nacer las abejas de invierno, que se diferencian de la generación de verano por su mayor longevidad y su capacidad de soportar los meses duros de frío. Estas abejas no deberían agotarse procesando grandes cantidades de jarabe azucarado.
Si el apicultor alimenta tarde, traslada gran parte del trabajo precisamente a la generación de invierno. Esto puede provocar el debilitamiento de toda la colonia antes incluso de que lleguen las heladas. En cambio, una alimentación a tiempo permite que la mayor parte del procesado lo realicen las abejas de verano, que de todos modos están cerca del final de su ciclo.
Cuántas reservas necesitan las abejas
La cantidad de alimento depende de la fuerza de la colonia, del tipo de colmena y de cómo venga el invierno, pero de forma general se calcula alrededor de 30 kg de reservas por colonia. Una parte debería ser una reserva natural de miel, idealmente en torno a 15 kg de miel de flores de buena calidad. El resto puede completarse con jarabe de azúcar.
Es muy importante distinguir el tipo de miel. Para invernar es adecuada la miel de flores, mientras que la mielada puede resultar problemática. Contiene más sustancias de digestión difícil, que cargan el aparato digestivo de las abejas. En invierno, cuando las abejas no pueden salir con normalidad, esto puede causar problemas y ensuciar la colmena.
Qué azúcar y qué proporción elegir
Para la alimentación de invierno se usa con mayor frecuencia azúcar blanco disuelto en agua. Sirve tanto azúcar granulado como de grano fino; lo importante es que se disuelva bien. No suele recomendarse el azúcar moreno, porque contiene más impurezas y sustancias no digestibles que el azúcar blanco.
La proporción más recomendada para reponer reservas en otoño es 3 partes de azúcar y 2 partes de agua. Este jarabe queda lo bastante concentrado y las abejas lo aceptan bien. A veces también se indica una proporción 2 a 3 a favor del azúcar, y el resultado es prácticamente el mismo principio: un jarabe más denso destinado a crear reservas de invierno.
En cambio, en primavera, cuando el objetivo es más bien estimular la cría que crear grandes reservas, se utiliza una mezcla más ligera en proporción 1 a 1. Esta estimula a la colonia a la actividad e imita un aporte constante de néctar desde la naturaleza.
Preparación del jarabe azucarado en la práctica
Los apicultores con pocas colmenas pueden preparar el jarabe en casa en una olla o en recipientes pequeños. Con un mayor número de colmenas resulta más práctico usar un bidón, una garrafa o cualquier recipiente grande donde se pueda mezclar el azúcar de una sola vez en mayor volumen. El jarabe puede prepararse con agua templada o fría; lo importante es mezclar muy bien y disolver por completo el azúcar.
Tras prepararlo, conviene dejar que la mezcla se enfríe hasta una temperatura adecuada. Algunos apicultores añaden al jarabe una pequeña cantidad de vinagre o infusiones de hierbas, porque mejora el olor y el agua se acondiciona parcialmente desde el punto de vista higiénico. Sin embargo, la base sigue siendo un jarabe sencillo y limpio, sin aditivos innecesarios.
Para la alimentación de invierno, lo más importante es la puntualidad, la cantidad suficiente de reservas y el uso de un alimento bien digestible.
Cómo aportar el jarabe a la colmena de forma segura
Al alimentar, es imprescindible evitar el pillaje entre colonias. Si abejas ajenas accedieran al alimento, podría producirse un asalto a una colmena debilitada y pérdidas importantes. Por eso, el alimentador debe colocarse de modo que solo las abejas de esa colonia tengan acceso.
Una variante tradicional son los frascos invertidos con tapa provista de pequeños orificios. Tras llenarlos, se colocan con la boca hacia abajo y se sitúan sobre la colonia para que las abejas vayan tomando el jarabe poco a poco. Otra opción son los alimentadores de plástico o de techo instalados directamente dentro de la colmena.
Algunos apicultores también utilizan cubos con un flotador de paja u otro material adecuado. El flotador evita que las abejas se ahoguen y permite aportar una dosis mayor de una sola vez. Esto ahorra tiempo y reduce el número de visitas al colmenar. En cualquier caso, lo importante es que el suministro sea seguro, limpio y sin riesgo de acceso por parte de abejas extrañas.
Invernada con miel y con reservas de azúcar

La opción más natural es dejar a las abejas una parte de su propia miel. Esta también contiene otras sustancias que un simple jarabe azucarado no aporta. En la práctica, sin embargo, a menudo se combina la miel de flores que se deja en la colmena con un complemento de reservas de azúcar. Este enfoque suele ser económicamente razonable y, al mismo tiempo, bien aprovechable por las abejas.
Las abejas transforman el jarabe azucarado mediante enzimas y lo almacenan en las celdillas de los panales como reserva energética. Luego, durante el invierno, les sirve sobre todo para mantener el calor y la vida del racimo invernal. Si el jarabe se prepara correctamente y se aporta a tiempo, es un método habitual y probado de alimentación para el invierno.
Estimulación de primavera y diferencia frente a la alimentación otoñal
Conviene distinguir dos cosas. La alimentación de otoño sirve para crear reservas para un periodo largo sin entrada de néctar, mientras que la estimulación de primavera busca apoyar el desarrollo de la colonia. Por eso, en primavera se dan dosis más pequeñas y frecuentes, por lo general en proporción 1 a 1, o se utiliza pasta de miel y azúcar.
Los aportes regulares y pequeños de jarabe crean la sensación de que la floración continúa. La reina responde poniendo más y la colonia se desarrolla con mayor rapidez. Este procedimiento es útil especialmente en núcleos o allí donde la oferta de alimento en primavera es escasa.
En qué fijarse al alimentar
Los errores habituales son alimentar tarde, aportar una cantidad insuficiente de reservas o dejar miel inadecuada dentro de la colmena. También es arriesgado utilizar materias primas de peor calidad o recipientes sucios. Además, cada colonia debe evaluarse de forma individual, porque tanto la población como el consumo pueden variar.
Una alimentación bien realizada es uno de los factores decisivos para que las abejas superen el invierno con fuerza y se desarrollen rápidamente en primavera. Es precisamente entonces cuando se demuestra que una preparación cuidadosa en otoño tiene una importancia fundamental para toda la temporada apícola siguiente.
Fuente: National Bee Unit, Perfect Bee, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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