Cómo evitar la costra del suelo para que los bancales no se endurezcan
Basta una lluvia más abundante o un riego fuerte y, en pocos días, puede aparecer en la superficie del bancal una capa dura, casi impermeable. La tierra se endurece arriba, en algunos puntos se agrieta, y las plantas empiezan a ralentizar visiblemente el crecimiento. A este fenómeno se le suele llamar costra del suelo y es una señal clara de que el suelo está perdiendo su estructura migajosa y necesita ayuda.
Lo mejor es trabajar la tierra cuando está moderadamente húmeda. Si está demasiado mojada, se embadurna y se compacta; si está demasiado seca, se desmenuza en polvo y el escardado se vuelve más exigente. Por eso, acertar con el momento de intervenir es tan importante como la técnica en sí.
Qué le hace la costra al agua y a los nutrientes
En cuanto la superficie se cierra con una costra dura, el agua infiltra mucho peor. A menudo se queda arriba, se esparce hacia los lados y se evapora rápidamente. Aunque riegue, la zona de raíces puede volver a secarse pronto, porque la humedad no llega a donde la planta la necesita.
El problema no es solo el agua. Una superficie sellada también limita la entrada de aire al suelo. Las raíces necesitan oxígeno tanto para crecer como para absorber agua y nutrientes de forma eficiente. Si deja la costra sin resolver, las plantas empezarán a decaer, a debilitarse y a resistir peor el estrés y las enfermedades.
Primeros auxilios tras la lluvia y cómo no dañar las siembras
Si acaba de sembrar y la costra se forma antes de la nascencia, conviene extremar la prudencia. En ese caso es mejor humedecer suavemente la superficie para ablandar la costra y facilitar la salida de las semillas. Escardar demasiado pronto podría dañar las plántulas que están germinando justo bajo la superficie, aunque todavía no se vean.
Cuando las plantas ya han emergido, tiene sentido hacer un escardado superficial de forma regular. Basta con trabajar aproximadamente hasta unos 2 cm de profundidad: rompe la costra y, al mismo tiempo, corta las raicillas de las malas hierbas jóvenes. Así se ahorra desherbados posteriores, y las hierbecillas arrancadas puede dejarlas sobre la superficie como un acolchado sencillo.
La azada ayuda, pero a largo plazo manda la materia orgánica
La azada es una solución rápida, pero todavía mejor es reducir la compactación en origen. Ayuda mucho aportar materia orgánica de manera regular en forma de acolchado, por ejemplo con compost, paja o césped recién segado. El material orgánico favorece la vida del suelo, se descompone poco a poco y aumenta el contenido de humus.
El humus mejora la porosidad, de modo que el aire entra con más facilidad, el agua penetra mejor en profundidad y, a la vez, se retiene durante más tiempo en el perfil. El suelo se mantiene esponjoso, se asienta menos y la costra se forma mucho más lentamente. Además, el acolchado reduce el sobrecalentamiento de la superficie y limita el secado brusco tras el riego o la lluvia.
Un riego que no selle la tierra
La forma de regar también suele contribuir a la formación de costra. Para el suelo suele ser más ventajoso regar con menos frecuencia, pero a fondo, para que el agua llegue a profundidad y no se quede solo en la superficie. En cambio, los riegos muy frecuentes y ligeros pueden favorecer el endurecimiento de la capa superior, porque solo humedecen una costra fina que luego vuelve a secarse y a endurecerse rápidamente.
También ayuda orientar el riego de modo que el agua no escurra por la superficie, sino que tenga tiempo de infiltrarse. Cuando el suelo está protegido con acolchado, este problema suele ser menor, porque el impacto del agua se amortigua y la superficie no se deshace tanto en partículas finas, que son las que acaban formando la costra.
Cómo elegir la azada según el suelo, el bancal y el trabajo
Para escardar hortalizas en general, va bien una azada clásica, capaz de romper la costra y eliminar las malas hierbas. Pero si necesita un trabajo más preciso entre líneas o en una plantación densa, compensa una azadilla más estrecha o una herramienta con dientes, que airea la tierra con suavidad en lugar de cortarla de forma agresiva.
En suelos más pesados y duros conviene una azada robusta, idealmente de acero o forjada, que no se deforme y penetre mejor. En suelos ligeros suele bastar una herramienta más liviana, con la que se trabaja más rápido y con menos esfuerzo. También influye el tamaño de los bancales: en superficies grandes se agradece un mango más largo para trabajar de pie; en bancales pequeños o elevados, en cambio, se maneja mejor una herramienta más corta.

Distintos cultivos requieren una intervención más o menos fina
En tomates suele bastar una azadilla estrecha o de anchura media para llegar entre las plantas sin dañar innecesariamente las raíces. El escardado debe ser más bien superficial, centrado en las malas hierbas y en airear ligeramente alrededor de las plantas.
La zanahoria tiene un sistema radicular más sensible y superficial, por lo que conviene una azadilla estrecha o una herramienta dentada que trabaje con delicadeza. De forma similar, a la cebolla no le gustan las intervenciones profundas: a menudo basta con romper la costra y retirar las hierbecillas. En cambio, en patata le vendrá bien una azada más ancha, porque además de escardar también es útil para aporcar. Si quiere una herramienta verdaderamente versátil, normalmente funciona mejor una azada clásica de anchura media con una hoja de acero bien afilada.
Qué recordar para que el suelo siga vivo y esponjoso
La costra no es solo un defecto estético del bancal, sino una barrera para el agua y el aire. Si actúa en el momento adecuado, escarda superficialmente y, a la vez, protege el suelo a largo plazo con acolchado orgánico, reducirá de forma notable el riesgo de compactación. El resultado son plantas que gestionan mejor la humedad, absorben nutrientes con más facilidad y crecen de manera más uniforme incluso con tiempo cambiante.
Fuente: Gardening Know How, Zahrádkár, The Spruce, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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