El eonio exótico cambia de color según la luz y se orienta hacia el sol como un girasol
Eonio arbóreo (Aeonium arboreum) es una suculenta que llama la atención a primera vista por su porte. En los extremos de los tallos forma rosetas de hojas muy marcadas y, en conjunto, parece un arbolito en maceta. Es originario de las Islas Canarias, donde crece en laderas soleadas y entre rocas, por lo que agradece la luz y un sustrato muy drenante. Aunque por lo general no alcanza tamaños enormes, en temporada resulta imposible pasarla por alto.
Por qué el eonio se colorea y cuándo se mantiene verde
Su mayor encanto está en que el color de las hojas no es fijo. Cuando la planta tiene suficiente luz, sobre todo a pleno sol, las rosetas se van tiñendo poco a poco de tonos rojizos hasta granate oscuro. En cuanto disminuye la luz, por ejemplo en semisombra o durante los meses de invierno en interior, el eonio suele volver al verde y pierde parte de su efecto dramático.
Por eso, en nuestras condiciones a menudo se cultiva de otoño a primavera como planta de interior en el lugar más luminoso posible, mientras que en verano le sienta de maravilla estar al aire libre en un balcón o una terraza.
Cuidados sencillos incluso para quienes tienen poca experiencia
Como el eonio almacena agua en hojas y tallos, tolera mejor un riego más bien seco que el exceso de agua. De hecho, el encharcamiento le perjudica más que alguna sequía puntual. Entre riegos conviene dejar que el sustrato se seque por completo y solo entonces volver a regar. En invierno se riega muy poco, especialmente si la planta está en una estancia más fresca, pero luminosa.
Su altura típica ronda los 40 a 60 cm; con buenas condiciones puede ser más alto y ramificarse más. Tolera bien la poda, así que se puede mantener compacto o reducir cuando empiece a estirarse.

La ubicación y la luz deciden la forma y el color
Donde mejor se desarrolla es en un lugar muy luminoso, incluso con sol directo. Si en primavera lo sacas al exterior, conviene acostumbrarlo al sol fuerte de forma gradual para que las hojas no se quemen. La falta de luz se nota enseguida: los tallos se alargan, las rosetas se hacen más pequeñas y la planta pierde su forma bonita y firme.
Consejo práctico: Si el eonio está alargado y ralo, acorta los tallos. Con las partes cortadas puedes obtener nuevas plantas con facilidad.
Un ritmo distinto al de otras suculentas
El eonio se comporta de manera algo diferente a muchas otras suculentas. En pleno verano, con calor, puede entrar en reposo y el crecimiento se ralentiza. En ese periodo conviene reducir el riego al mínimo para que, en combinación con el calor y el menor crecimiento, no empiecen a pudrirse las raíces. Cuando en otoño refresca y las temperaturas bajan aproximadamente de 10 °C, es momento de volver a meter la planta en interior.
Durante el año le van bien temperaturas de aproximadamente 18 a 25 °C; en invierno también soporta un régimen más fresco de unos 10 a 15 °C, siempre que tenga mucha luz y se riegue con verdadera prudencia.
Trasplante, sustrato y un abonado ocasional
Los ejemplares jóvenes suelen trasplantarse cada dos años, idealmente en primavera. La base es un sustrato muy drenante para suculentas y una maceta con buen drenaje, para que el exceso de agua nunca quede retenido en las raíces. En la etapa de crecimiento más activo, de otoño a primavera, se puede aportar aproximadamente una vez al mes una dosis suave de abono para suculentas, siempre mejor quedarse corto que pasarse.
Una curiosidad que también influye en un crecimiento recto
Las rosetas de hojas pueden orientarse hacia la luz de forma parecida a un girasol. Así la planta mejora la captación de luz, pero en casa puede traducirse en una inclinación gradual hacia un lado. Ayuda girar la maceta de vez en cuando para que el eonio crezca de manera uniforme.
Multiplicación por esquejes paso a paso
Elección y corte del brote
Para multiplicar convienen tallos sanos, más bien jóvenes. Se corta la roseta apical con un trozo de tallo de aproximadamente 10 cm. Si en la planta madre queda un pequeño tocón, a menudo de ahí brotan nuevos tallos más adelante.

Dejar cicatrizar el corte para prevenir la pudrición
El esqueje recién cortado no se planta inmediatamente. Es mejor dejarlo varios días en un lugar seco y templado para que la superficie del corte se seque y cicatrice. Así se reduce de forma notable el riesgo de que el esqueje se pudra después de plantarlo.
Plantación correcta en una mezcla drenante

Los esquejes se plantan en macetas pequeñas, de unas 8 cm de profundidad. Lo ideal es un sustrato para suculentas o, en su defecto, un sustrato universal aligerado con la misma proporción de gravilla fina. El esqueje se asienta con suavidad y se deja de modo que una buena parte del tallo quede por encima de la superficie.
Primer riego y superficie seca
Tras plantar, se riega solo ligeramente. En la superficie es práctico añadir una capa fina de gravilla triturada o perlita, que ayuda a mantener más seco el entorno del tallo y mejora el drenaje. El enraizamiento se produce mejor en un lugar luminoso, a temperatura ambiente normal, alrededor de 18 a 20 °C.

Fuente: Gardener’s World, Záhrada, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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