Olvídate de la batalla de primavera, a las babosas las derrotas ahora si sabes dónde buscar
Al final de la temporada, la mayoría de jardineros acaba harta de las babosas. Dañan las hortalizas, mordisquean plantas ornamentales y, con tiempo húmedo, aparecen casi por todas partes. Pero precisamente el otoño ofrece una forma sencilla de reducir de manera notable su número el año siguiente. La clave es centrarse no en los adultos, sino en sus huevos, de los que eclosionan los nuevos “enemigos” en primavera.
Si se consigue localizar y retirar a tiempo parte de las puestas, los planteles de primavera estarán mucho más a salvo. No significa que las babosas desaparezcan por completo, pero la presión sobre las plantas recién plantadas puede ser sensiblemente menor.
Por qué el otoño es tan importante
Las babosas se reproducen durante la temporada y en otoño ponen una gran cantidad de huevos. Un solo individuo puede dejar cientos, así que incluso un grupo pequeño de plagas puede convertirse fácilmente en una invasión primaveral. Después, en cuanto suben las temperaturas, las babosas jóvenes buscan rápido las hojas tiernas de lechugas, planteles y vivaces favoritas.
Por eso tiene sentido intervenir antes de que los huevos pasen el invierno a salvo. Así reduces la nueva generación incluso antes de que llegue a causar daños en los bancales.
Dónde buscar los huevos y cómo reconocerlos
Los huevos de babosa no son grandes, pero con una revisión cuidadosa suelen verse bien. Son blanquecinos a color “leche”, de forma redondeada, y recuerdan a bolitas pequeñas. Las babosas los depositan en lugares protegidos, donde se mantiene la humedad y la tranquilidad.
Lo más habitual es encontrarlos en grietas del suelo, en huecos bajo piedras y tablas, bajo recipientes de agua, en el compost o en oquedades que quedan tras la cosecha de hortalizas. Precisamente esos rincones conviene repasarlos y revisarlos en otoño. Cuanto más minucioso seas, más posibilidades tendrás de dar con las puestas.
Una forma sencilla de eliminarlos sin complicaciones
En cuanto detectes los huevos, basta con levantarlos con la azada u otra herramienta y dejarlos en la superficie del terreno. Allí a menudo se secan o se convierten en alimento para las aves, que en otoño buscan con intensidad cualquier cosa comestible. Si por el jardín andan gallinas, también pueden ayudarte mucho con esta “limpieza”. Además, remueven la tierra, la airean y la enriquecen de forma natural.
La cava otoñal, el escardado y la revisión de zonas húmedas y ocultas pueden reducir de forma notable el número de babosas que, de otro modo, aparecerían en los bancales en primavera.
Si ya no llegas a tiempo con la revisión de otoño, un procedimiento similar puede hacerse también a finales de invierno o muy a principios de primavera. En cuanto la tierra se descompacta tras el frío, merece la pena escardar los bancales antes de sembrar y plantar. También entonces puedes toparte con parte de las puestas que han pasado el invierno.
Plantas que ahuyentan a las babosas
Por lo general, destruir los huevos por sí solo no basta, porque es imposible encontrarlos todos. Por eso resulta útil completar la protección con una plantación adecuada. A las babosas normalmente no les gustan las especies muy aromáticas y tampoco les atraen las plantas con hojas más ásperas o vellosas.
Suelen funcionar bien la lavanda, la milenrama, el ajenjo, el pie de león, los helechos o las euforbias. Estas especies no garantizan una protección total, pero pueden ayudar a que el bancal resulte menos atractivo para los moluscos.
Qué conviene evitar

Algunas plantas atraen a las babosas mucho más que otras. El mayor reclamo suelen ser las especies de hojas finas y jugosas. Precisamente esas son las que a menudo se convierten en las primeras víctimas cuando aparecen las babosas en primavera.
Extrema la precaución, sobre todo, con las hostas, las dalias, los claveles de moro y otras vivaces de hoja tierna. Si las cultivas en el jardín, compensa prestarles atención extra en el momento de la brotación y protegerlas a tiempo.
Si buscas una solución biológica
Quien no quiera depender de productos químicos puede recurrir en primavera a nematodos parásitos. Se aplican con el riego en el periodo en que aparecen las primeras babosas y empiezan a crecer las vivaces. Es un método biológico que aprovecha los enemigos naturales de los gasterópodos.
Su ventaja es que resulta respetuoso con las personas, los niños y la fauna habitual del jardín. Aun así, lo ideal es considerar los nematodos como parte de una estrategia más amplia. Los mejores resultados se consiguen cuando combinas la búsqueda de huevos en otoño, la revisión de los bancales en primavera y una selección de plantas sensata.
Menos problemas en primavera empiezan ya
Si quieres empezar la próxima temporada con más tranquilidad, merece la pena dedicarle un poco de tiempo al jardín precisamente ahora. La recogida otoñal de huevos de babosa es un paso discreto, pero eficaz, que puede proteger las nuevas plantaciones y los bancales de hortalizas. Cuantas menos puestas queden en el suelo, menor será la presión de la plaga en primavera. Y esa es una ayuda que cualquier jardín agradece.
Fuente: BBC Gardeners World, Prim Receptář, RHS, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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