Los jardineros conocen el secreto para multiplicar el grosellero, la dirección del corte y un detalle lo deciden
El grosellero es uno de esos arbustos frutales que se pueden multiplicar con bastante facilidad sin necesidad de comprar nuevas plantas. Basta con aprovechar brotes sanos de la poda de otoño y convertirlos en esquejes, de los que durante la próxima temporada pueden salir nuevos arbustos jóvenes. No hace falta ninguna técnica complicada ni productos especiales. Lo más importante es elegir bien el brote adecuado, prepararlo correctamente, plantarlo en un suelo apropiado y vigilar la humedad.
El otoño es una época muy adecuada para este tipo de multiplicación. Tras la caída de las hojas se aprecia bien la estructura del arbusto y, durante la poda habitual, es fácil seleccionar brotes anuales de calidad. En lugar de acabar como residuo de jardín, pueden servir para obtener nuevas plantas de la misma variedad.
Cómo elegir el brote correcto para hacer esquejes
La base del éxito es un brote anual sano y bien lignificado. El más adecuado suele ser el que está firme, sin daños y con un grosor aproximado al de un lápiz corriente. No debe presentar señales de enfermedades, grietas, manchas ni daños mecánicos. Las ramitas débiles, demasiado blandas o deterioradas tienen menos posibilidades de enraizar bien.
De un brote largo se pueden preparar varios esquejes. Cada uno debería medir aproximadamente 15 a 20 centímetros y tener 4 a 5 yemas bien desarrolladas. Precisamente a partir de ellas la planta empezará después a activarse y a crecer.
El corte correcto es más importante de lo que parece
Al preparar el esqueje también importa la dirección de los cortes. La parte inferior se corta en bisel justo por debajo de una yema; la parte superior, en cambio, se corta recta y con una pequeña separación por encima de la yema. Esta diferencia tiene un sentido práctico, porque así se reconoce de inmediato qué lado va a la tierra. El corte en bisel va hacia abajo, el recto hacia arriba.
Conviene hacer los cortes con una herramienta limpia y bien afilada. Las tijeras de podar o el cuchillo deben estar en buen estado para no aplastar ni dañar innecesariamente los tejidos. Un corte limpio favorece el prendimiento.
Dónde y cómo plantar los esquejes

Lo mejor es preparar un lugar con un suelo suelto, drenante y a la vez con suficiente humedad. Si la tierra es pesada y poco aireada, conviene mejorarla con arena y compost bien maduro. El objetivo es un entorno en el que las raíces se formen con facilidad y no se pudran.
Los esquejes no se plantan completamente verticales. Es preferible colocarlos ligeramente inclinados, lo que favorece el enraizamiento. Hay que introducirlos en el suelo de manera que por encima de la superficie queden solo 1 a 2 yemas. La mayor parte del esqueje queda, por tanto, bajo tierra, donde irá formando poco a poco el sistema radicular. Tras la plantación, es necesario apretar ligeramente la tierra alrededor del esqueje y regar a fondo.
La condición más importante es una humedad equilibrada
Después de plantar, el suelo no debe secarse del todo. Justo en este periodo el esqueje empieza a enraizar lentamente en la tierra y necesita condiciones estables. A la vez, el exceso de agua tampoco es conveniente. Si el agua se quedara estancada alrededor del esqueje durante mucho tiempo, podría dañarlo o provocar podredumbre.
Lo ideal es mantener la tierra siempre ligeramente húmeda, no encharcada. Un control regular es especialmente importante en periodos sin lluvia o durante un otoño inusualmente cálido.
También puede ayudar una ligera capa de acolchado
Después de la plantación, se puede cubrir el entorno del esqueje con una capa fina de material orgánico. Funcionan bien el compost bien maduro, el humus o la turba. El acolchado ayuda a conservar la humedad del suelo y reduce los cambios bruscos de temperatura en la capa superior de la tierra.
Sin embargo, la capa no debe ser demasiado gruesa y, desde luego, no debe cubrir las yemas que han quedado por encima de la superficie. La idea es proteger el suelo, no tapar toda la planta.
En otoño no abonar y en primavera no correr
No es necesario abonar en otoño un esqueje recién plantado. En esta fase el objetivo no es un crecimiento rápido de la parte aérea, sino la formación de raíces y la preparación para el invierno. Un exceso de cuidados en forma de fertilizantes puede ser más innecesario que beneficioso. Mucho más importantes son la tranquilidad, un riego moderado y un suelo adecuado.
En primavera conviene observar si las yemas se despiertan y aparecen las primeras hojas. Es una señal positiva, pero todavía no significa que la planta tenga raíces lo bastante fuertes. Por eso es mejor no precipitar el trasplante. El sistema radicular joven necesita tiempo para fortalecerse y asegurar a la planta suficiente agua y nutrientes.
De un solo brote se pueden obtener varios nuevos arbustos

Una gran ventaja de este método es su sencillez y economía. A partir de un brote sano se pueden preparar varios esquejes independientes y aumentar así de forma notable la probabilidad de conseguir varias plantas nuevas. No tiene por qué agarrar cada uno, pero con una buena selección del material y unos cuidados sensatos, el porcentaje de éxito suele ser muy aceptable.
Así puedes multiplicar fácilmente tu grosellero favorito del jardín sin gastos adicionales. De ramitas que, de otro modo, se perderían tras la poda, con el tiempo pueden surgir nuevos arbustos jóvenes y ampliar tu futura cosecha.
En qué conviene fijarse más
Los mejores resultados se consiguen con brotes anuales sanos y bien maduros. Prepara los esquejes siempre con una herramienta afilada, plántalos ligeramente inclinados y deja por encima del suelo solo unas pocas yemas. Tras la plantación, el riego y el mantenimiento de una humedad uniforme son fundamentales.
Lo más importante es la paciencia. Tras plantar el esqueje, el grosellero no necesita intervenciones excesivas, sino más bien tiempo y condiciones estables. Si cuenta con un suelo adecuado, humedad y tranquilidad para enraizar, de un trocito discreto de rama puede salir un arbusto nuevo en toda regla.
Fuente: Gardenia, To je nápad, Pestrazahrada.cz
Amante de la naturaleza, los jardines y de todo lo que se mueve, florece o crece. Cultiva literalmente de todo, desde hierbas hasta especies raras, y con el mismo gusto cuida de los animales. En su trabajo combina tecnologías modernas con métodos tradicionales de la abuela ya probados, y le alegra cuando ambos caminos llevan al mismo objetivo.
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